LA SALIDA

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Con frecuencia me hundo en lágrimas que manan en dolores ajenos.
Me lastimo con la indiferencia de los egoístas.
Me salpico con la sangre inocente que corre indefensa.
Me conduelo por los que no tienen ayudante, ni salvador, ni mañana, ni cielo.
Miro lo que sucede a mi alrededor y me paso de la marca que dice: “No mirar muy profundo para no ver carroña”.
Y cuando dentro de ese pozo que bordea mi ánima, me araña una cerrazón que me hunde más abajo y me tira, DIOS me pide que alce los ojos.
Entonces te veo, me aferro fuerte a tu amor y me recobro.

Daniel Adrián Madeiro

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