sábado, mayo 10, 2008
¡ B I E N V E N I D O !
Me hace muy feliz este encuentro contigo a través de uno de mis portales.
Aquí encontrarás POEMAS, CUENTOS, ENSAYOS, etcétera.
Ojalá todo sea de tu agrado y quieras compartirlo con tus conocidos.
Si lo deseas puedes dejar tu comentario.
¡Muchas gracias por tu visita!
FORMAS DE AYUDA
Hay mucha gente en esta Tierra que hace algo por los demás.
En lo personal elegí cuatro que me gustaría que visite.
Entre todos, cada uno desde su lugar, podemos contruir una Tierra digna de nuestros niños.
Que DIOS lo bendiga.
Visitar "COTTOLENGO DON ORIONE"
Visitar "MANOS POR HERMANOS"
Visitar "CILSA ONG por la Integración"
Visitar "GREENPEACE"
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¡Muchas gracias por tu visita!
FORMAS DE AYUDA
Hay mucha gente en esta Tierra que hace algo por los demás.
En lo personal elegí cuatro que me gustaría que visite.
Entre todos, cada uno desde su lugar, podemos contruir una Tierra digna de nuestros niños.
Que DIOS lo bendiga.
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INVITACIÓN
Aquel árbol, por ejemplo, tiene doscientas ochenta y cuatro ramas.
Sabiendo que cada rama tiene como promedio trescientas cuarenta
y siete hojas, es fácil concluir que aquel árbol tiene un total de
noventa y ocho mil quinientas cuarenta y ocho hojas.
¿No cree, amigo mío?
El hombre que calculaba – Malba Tahan
-------------------------------------------------------------------
Querido Amigo:
Decidí escribirte esta carta aprovechando el hecho que estoy vivo, circunstancia ineludible a la hora de escribir o ejercer cualquier actividad de la esfera humana.
Sobre esta base, que estoy vivo, deducirás fácilmente que nací.
Reconozco que mi memoria no recuerda ese acontecimiento. Pero me atrevo a no dudar que esto acaeció, dada la confianza que me inspira el relato sobre el particular que me han brindado mis padres.
Según ellos me cuentan, habría sido el día 6 de junio del año 1957.
Si tomo como punto de partida para el cálculo de mi edad esa fecha, puedo asegurar que tengo “X” cantidad de años.
Sin embargo, me entero hace ya mucho tiempo atrás, el individuo que hoy soy “Yo” proviene de la unión de un espermatozoide de mi padre con un óvulo de mi madre. Ello generó una célula microscópica, que luego fue dos, después cuatro, y así sucesivamente, hasta que crecí a un tamaño que obligó a mi madre, en cuyo vientre se desarrolló este proceso, a expulsarme de su cuerpo de un modo bastante agresivo.
Pero, volviendo al tema de mi edad, sucede que, en definitiva, yo soy o comienzo a ser a partir del mismo momento de la gestación; cuando papá y mamá hicieron lo que ya sabemos.
En ese mismo instante se hizo la primera célula que terminaría por ser “Yo”.
Jamás otra, sino sólo esa primera célula podía ser “Yo”. Si se hubiera destruido, “Yo” no existiría.
Entonces: ¿Cuál es mi edad? Mi edad exacta es “X” más nueve meses aproximadamente.
¡Y, sí! me siento un poco más viejo que muchos de los que nacieron el mismo día, mes y año.
Se trata, sin ninguna duda, de una cuestión de conciencia. Soy consciente, por el análisis de la realidad, de mi primer momento de existencia; luego, soy nueve meses mayor que el resto.
La cuestión, amigo, es que el motivo de esta carta es invitarte a mi cumpleaños.
Comprendería perfectamente que, después de mi introducción, estés pensando que no corresponde que lo celebremos el 6 de junio.
¡Tienes toda la razón!
En tal caso, dejo a tu criterio evaluar entre esa fecha o el 6 de septiembre. Esta última sería la correspondiente a la del primer momento de mi gestación. Nueve meses antes de nacer; el día que papá y mamá...
Confío en que sabrás disculparme la dificultad que representa para mí establecer la certeza sobre ese día tan particular.
En definitiva la fecha de alumbramiento es verificada por una cantidad respetable de personas: los padres, el médico, la partera, algún pariente o vecino. No pasa igual con la de gestación. Sucede que si nuestros padres se relacionan a diario ¿Cómo establecer fehacientemente cuando se produjo el hecho que nos interesa?
Dejo en tus manos la tarea de informarme en cual de las dos fechas prefieres venir.
Avísame, por favor, no quisiera hacer los preparativos y quedarme comiendo y bebiendo sólo.
Además no eres el único invitado y tenemos que ponernos todos de acuerdo en una fecha o al menos armar dos grupos bien definidos.
Sé que entenderás mi preocupación del mismo modo que yo entiendo la tuya.
Y tanto es cierto esto último que ahora mismo caigo en la cuenta de que tú bien podrías no estar tan interesado en celebrar mi nacimiento como lo estoy yo.
Es indudable que tu propio nacimiento es importante para ti y tus padres pero ¿Por qué debiera interesarte el mío, siendo que no somos parientes?
Siendo como somos amigos, pudieras tomar como criterio que para ti yo nací el día en que tú me conociste. Que yo ya existiera desde antes es lo de menos. No existía para ti. Aparecí en tu vida el 29 de Noviembre.
¿Te parecería mejor establecer esa fecha como el día en que ambos nacimos el uno para el otro? Yo no lo vería nada mal.
Tienes razón, esa es nuestra fecha en común, la que nos importa a ambos, la que nos marcó para toda la vida.
¡Bien! Entonces te espero el 29 de noviembre. Tú me dirás a que hora.
Prefería que fuera por la tarde para no terminar la reunión muy entrada la noche. No sé que día cae y si al siguiente hay que ir a trabajar mejor no trasnochar.
Quizá exista la posibilidad de que ambos podamos tomarnos libre el siguiente.
Si así fuera me escribes para congeniar.
No estaría nada mal la idea y, de ser así, no haría falta que fuera a la tarde. Vienes a cenar directamente y luego nos vamos a tomar unas copas por allí con otros amigos que quieran celebrar con nosotros. Aunque no sé si les interesará festejar algo que no les incumbe.
Pero esto no importa. Esa es una cuestión que ellos deberán decidir.
Espero tu respuesta.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Sabiendo que cada rama tiene como promedio trescientas cuarenta
y siete hojas, es fácil concluir que aquel árbol tiene un total de
noventa y ocho mil quinientas cuarenta y ocho hojas.
¿No cree, amigo mío?
El hombre que calculaba – Malba Tahan
-------------------------------------------------------------------
Querido Amigo:
Decidí escribirte esta carta aprovechando el hecho que estoy vivo, circunstancia ineludible a la hora de escribir o ejercer cualquier actividad de la esfera humana.
Sobre esta base, que estoy vivo, deducirás fácilmente que nací.
Reconozco que mi memoria no recuerda ese acontecimiento. Pero me atrevo a no dudar que esto acaeció, dada la confianza que me inspira el relato sobre el particular que me han brindado mis padres.
Según ellos me cuentan, habría sido el día 6 de junio del año 1957.
Si tomo como punto de partida para el cálculo de mi edad esa fecha, puedo asegurar que tengo “X” cantidad de años.
Sin embargo, me entero hace ya mucho tiempo atrás, el individuo que hoy soy “Yo” proviene de la unión de un espermatozoide de mi padre con un óvulo de mi madre. Ello generó una célula microscópica, que luego fue dos, después cuatro, y así sucesivamente, hasta que crecí a un tamaño que obligó a mi madre, en cuyo vientre se desarrolló este proceso, a expulsarme de su cuerpo de un modo bastante agresivo.
Pero, volviendo al tema de mi edad, sucede que, en definitiva, yo soy o comienzo a ser a partir del mismo momento de la gestación; cuando papá y mamá hicieron lo que ya sabemos.
En ese mismo instante se hizo la primera célula que terminaría por ser “Yo”.
Jamás otra, sino sólo esa primera célula podía ser “Yo”. Si se hubiera destruido, “Yo” no existiría.
Entonces: ¿Cuál es mi edad? Mi edad exacta es “X” más nueve meses aproximadamente.
¡Y, sí! me siento un poco más viejo que muchos de los que nacieron el mismo día, mes y año.
Se trata, sin ninguna duda, de una cuestión de conciencia. Soy consciente, por el análisis de la realidad, de mi primer momento de existencia; luego, soy nueve meses mayor que el resto.
La cuestión, amigo, es que el motivo de esta carta es invitarte a mi cumpleaños.
Comprendería perfectamente que, después de mi introducción, estés pensando que no corresponde que lo celebremos el 6 de junio.
¡Tienes toda la razón!
En tal caso, dejo a tu criterio evaluar entre esa fecha o el 6 de septiembre. Esta última sería la correspondiente a la del primer momento de mi gestación. Nueve meses antes de nacer; el día que papá y mamá...
Confío en que sabrás disculparme la dificultad que representa para mí establecer la certeza sobre ese día tan particular.
En definitiva la fecha de alumbramiento es verificada por una cantidad respetable de personas: los padres, el médico, la partera, algún pariente o vecino. No pasa igual con la de gestación. Sucede que si nuestros padres se relacionan a diario ¿Cómo establecer fehacientemente cuando se produjo el hecho que nos interesa?
Dejo en tus manos la tarea de informarme en cual de las dos fechas prefieres venir.
Avísame, por favor, no quisiera hacer los preparativos y quedarme comiendo y bebiendo sólo.
Además no eres el único invitado y tenemos que ponernos todos de acuerdo en una fecha o al menos armar dos grupos bien definidos.
Sé que entenderás mi preocupación del mismo modo que yo entiendo la tuya.
Y tanto es cierto esto último que ahora mismo caigo en la cuenta de que tú bien podrías no estar tan interesado en celebrar mi nacimiento como lo estoy yo.
Es indudable que tu propio nacimiento es importante para ti y tus padres pero ¿Por qué debiera interesarte el mío, siendo que no somos parientes?
Siendo como somos amigos, pudieras tomar como criterio que para ti yo nací el día en que tú me conociste. Que yo ya existiera desde antes es lo de menos. No existía para ti. Aparecí en tu vida el 29 de Noviembre.
¿Te parecería mejor establecer esa fecha como el día en que ambos nacimos el uno para el otro? Yo no lo vería nada mal.
Tienes razón, esa es nuestra fecha en común, la que nos importa a ambos, la que nos marcó para toda la vida.
¡Bien! Entonces te espero el 29 de noviembre. Tú me dirás a que hora.
Prefería que fuera por la tarde para no terminar la reunión muy entrada la noche. No sé que día cae y si al siguiente hay que ir a trabajar mejor no trasnochar.
Quizá exista la posibilidad de que ambos podamos tomarnos libre el siguiente.
Si así fuera me escribes para congeniar.
No estaría nada mal la idea y, de ser así, no haría falta que fuera a la tarde. Vienes a cenar directamente y luego nos vamos a tomar unas copas por allí con otros amigos que quieran celebrar con nosotros. Aunque no sé si les interesará festejar algo que no les incumbe.
Pero esto no importa. Esa es una cuestión que ellos deberán decidir.
Espero tu respuesta.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
domingo, octubre 21, 2007
PARA NO PERDER LA BELLEZA DE LA VIDA
Yo puedo escribir esto.
Pero, ¿sabes algo?, podría suceder que no pudiera.
Si a poco de sentarme ante el teclado para intentar expresar mi pensamiento una daga se enterrara en mi espalda o una bala me atravesara el cráneo, yo no podría hacer nada.
Esto, no lo habría escrito jamás.
Nadie llegaría a saber de este pensamiento mío.
Sucede que esto: que yo escriba o lea, haga o deje de hacer, es una actividad posible en tanto que estoy vivo.
Es así. Por supuesto, también para ti.
Y suponiendo que otros puedan escribir exactamente lo mismo que yo, o leer lo mismo, o hacer o no hacer, esa sería, no obstante, su actividad. Nunca la mía sino la de ellos.
Si tú y yo decidiéramos (y pudiéramos) crear las mismas cosas simultáneamente y con un grado de igualdad cargado de perfección, pasaría lo mismo.
Lo tuyo, aunque igual a lo mío, sería tu obra, y lo mío, aunque igual a lo tuyo, sería mi obra.
Y esta introducción sólo pretende mostrar, de manera sencilla, que la obra de los seres humanos, aunque idéntica, siempre es personal, única, irrepetible.
Esto es así porque cada ser humano, cada persona es única e irrepetible.
No importa que puedan clonar. Nadie será como Tú y nadie podrá ser Tú.
Eres único aunque miles o millones de espejos genéticos llamados clones quieran engañarte.
También esto hace evidente que toda obra es fruto de la vida, de los vivos, jamás posible para los muertos.
Somos únicos e irrepetibles.
Nadie puede hacer lo que hacemos como lo hacemos, pensar como pensamos, sentir como sentimos, amar como amamos, vivir como vivimos.
Somos únicos, nunca podrá haber otro igual a nosotros.
Y cuando dije al principio que nadie sino sólo yo puedo escribir esto, no fue creyéndome especialmente dotado para hacerlo ni mucho menos, sino por las razones hasta aquí vistas: que toda obra es única porque cada uno de nosotros lo es también.
Y allí hice referencia a la muerte como una causa poderosa e irresoluble que me impediría escribirlo.
La muerte, sí, la muerte, me arrancaría “para siempre” la posibilidad de manifestar mi ser en el hacer o el no hacer.
Y a partir de los puntos expresados podemos resumir lo siguiente: Yo disfruto del don de la vida porque nada ni nadie me la ha quitado aún.
Con mi muerte yo y sólo yo dejaría de existir.
Porque cuando alguien muere, muere alguien que nunca más se repetirá.
Hasta donde podemos saberlo, pasamos una sola vez por esta vida.
Si porque estoy vivo es que puedo escribir esto y si me mataran, por ejemplo, no podría hacerlo, y siendo esta escritura algo que sólo puedo hacer yo como una de las formas a través de las cuales “soy”, entonces si mis padres, a poco de gestarme me hubieran matado dentro del seno materno, entonces yo y sólo yo jamás hubiera tenido la oportunidad de la vida en este mundo. Habría perdido la oportunidad de escribir esto.
El que yo soy hoy, un hombre de cincuenta años, con una familia, con sueños, agradecido a la vida, este que te escribe, primero fue un único e irrepetible embrión y un feto y un bebé.
Si me mataran ahora mismo, yo dejaría de existir.
Si me hubieran matado en el seno de mi madre, yo, no otra cosa sino yo, Daniel Adrián Madeiro, el que ahora escribe esto, habría muerto.
Si eso te hubiera pasado a Ti, no estarías leyéndome.
Ambos nos habríamos perdido, irremediablemente, la belleza de esta vida, la oportunidad de cada día.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
NOTA: Este material, como cualquier otro de mi autoría publicado en Internet, es de distribución libre y gratuita.
Pero, ¿sabes algo?, podría suceder que no pudiera.
Si a poco de sentarme ante el teclado para intentar expresar mi pensamiento una daga se enterrara en mi espalda o una bala me atravesara el cráneo, yo no podría hacer nada.
Esto, no lo habría escrito jamás.
Nadie llegaría a saber de este pensamiento mío.
Sucede que esto: que yo escriba o lea, haga o deje de hacer, es una actividad posible en tanto que estoy vivo.
Es así. Por supuesto, también para ti.
Y suponiendo que otros puedan escribir exactamente lo mismo que yo, o leer lo mismo, o hacer o no hacer, esa sería, no obstante, su actividad. Nunca la mía sino la de ellos.
Si tú y yo decidiéramos (y pudiéramos) crear las mismas cosas simultáneamente y con un grado de igualdad cargado de perfección, pasaría lo mismo.
Lo tuyo, aunque igual a lo mío, sería tu obra, y lo mío, aunque igual a lo tuyo, sería mi obra.
Y esta introducción sólo pretende mostrar, de manera sencilla, que la obra de los seres humanos, aunque idéntica, siempre es personal, única, irrepetible.
Esto es así porque cada ser humano, cada persona es única e irrepetible.
No importa que puedan clonar. Nadie será como Tú y nadie podrá ser Tú.
Eres único aunque miles o millones de espejos genéticos llamados clones quieran engañarte.
También esto hace evidente que toda obra es fruto de la vida, de los vivos, jamás posible para los muertos.
Somos únicos e irrepetibles.
Nadie puede hacer lo que hacemos como lo hacemos, pensar como pensamos, sentir como sentimos, amar como amamos, vivir como vivimos.
Somos únicos, nunca podrá haber otro igual a nosotros.
Y cuando dije al principio que nadie sino sólo yo puedo escribir esto, no fue creyéndome especialmente dotado para hacerlo ni mucho menos, sino por las razones hasta aquí vistas: que toda obra es única porque cada uno de nosotros lo es también.
Y allí hice referencia a la muerte como una causa poderosa e irresoluble que me impediría escribirlo.
La muerte, sí, la muerte, me arrancaría “para siempre” la posibilidad de manifestar mi ser en el hacer o el no hacer.
Y a partir de los puntos expresados podemos resumir lo siguiente: Yo disfruto del don de la vida porque nada ni nadie me la ha quitado aún.
Con mi muerte yo y sólo yo dejaría de existir.
Porque cuando alguien muere, muere alguien que nunca más se repetirá.
Hasta donde podemos saberlo, pasamos una sola vez por esta vida.
Si porque estoy vivo es que puedo escribir esto y si me mataran, por ejemplo, no podría hacerlo, y siendo esta escritura algo que sólo puedo hacer yo como una de las formas a través de las cuales “soy”, entonces si mis padres, a poco de gestarme me hubieran matado dentro del seno materno, entonces yo y sólo yo jamás hubiera tenido la oportunidad de la vida en este mundo. Habría perdido la oportunidad de escribir esto.
El que yo soy hoy, un hombre de cincuenta años, con una familia, con sueños, agradecido a la vida, este que te escribe, primero fue un único e irrepetible embrión y un feto y un bebé.
Si me mataran ahora mismo, yo dejaría de existir.
Si me hubieran matado en el seno de mi madre, yo, no otra cosa sino yo, Daniel Adrián Madeiro, el que ahora escribe esto, habría muerto.
Si eso te hubiera pasado a Ti, no estarías leyéndome.
Ambos nos habríamos perdido, irremediablemente, la belleza de esta vida, la oportunidad de cada día.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
NOTA: Este material, como cualquier otro de mi autoría publicado en Internet, es de distribución libre y gratuita.
domingo, septiembre 30, 2007
MANUSCRITO CLANDESTINO
Jesús les dijo... -Conocerán la
verdad, y la verdad los hará libres...
Ellos le contestaron... -¿Cómo
dices tú que seremos libres?.
San Juan 8:31-33
La inesperada muerte de nuestra eminente colega la Dra. Catalina Jewell, aconteció mientras estaba viviendo uno de los momentos más apasionantes de su carrera.
Arqueóloga, filóloga, entusiasta bibliógrafa y profesora de la cátedra de historia del Oriente Cercano en la Universidad de Francia, hasta fines del año pasado, era una agradecida al saber que la vida le daba cada día.
Tuve el honor de integrar junto a ella una parte del equipo que efectuó la revisión definitiva del contenido de las tablillas encontradas en el yacimiento de Mari.
Allí nos conocimos. Desde entonces, junto a otros colegas hemos mantenido una copiosa correspondencia, acompañada de esporádicos y felices encuentros personales con motivo de alguna conferencia o exposición en la que aprovechamos también para distendernos un poco e ir a cenar o al teatro.
Que una mente tan lúcida como la de Catalina, que esa persona llena de conocimientos, de empuje, de un espíritu siempre abierto a la investigación, haya muerto a los cincuenta y cinco años, es una cruel injusticia. ¡Tenía tanto para dar!.
Y la muerte la encontró trabajando.
Hacía unos meses atrás nos había convocado a todos sus colegas amigos, al que llamábamos el G7: Filomena Roux, Marta Spanos, Nicolás Batista, Maurice Basil, Alejo Petetta y yo, en su oficina del Museo Bíblico y Casa de Altos Estudios de Arameo de Clermont-Ferrand. Fue la última vez que nos vimos.
Desbordaba de alegría y no era para menos.
Nos acercó a su caja de seguridad en el museo y nos mostró el manuscrito.
-Esto que están viendo es un fragmento de lo que podría llamar un antecedente de los evangelios. No sólo de los conocidos, también de los apócrifos. Todavía no pude traducirlo por completo. Sin embargo, algunos elementos claros en el manuscrito como la mención del relevamiento de su cargo de Poncio Pilato y los análisis de carbono y demás, coinciden en ubicarlo como emitido alrededor del año 36 de nuestra era.
Lo relativamente poco que pude traducir hasta ahora es motivo suficiente para convocarlos y adelantarles que se trata de un documento que requerirá cautela. Quedan al descubierto en él algunas situaciones que no sé como tendré que manejar. Permítanme tomarme la licencia de no darles otro dato más que ello.
Simplemente deseaba que vieran el original. Por supuesto, también saqué fotos para cada uno de ustedes y un detalle computarizado donde se puede apreciar el texto completo. Les adjunté todos los análisis realizados y algunos fragmentos traducidos para que puedan apreciar la línea de trabajo con la que me estoy manejando.
Les pido que me ayuden realizando cada uno su aporte sobre este manuscrito. Tienen mi promesa de que trabajo día y noche para terminar la traducción y en cuanto ello suceda, les enviaré a cada uno el texto acabado. Después nos volveremos a reunir-.
No tuvimos la dicha de volver a ser convocados por ella.
Fue encontrada muerta en su dormitorio hace dos semanas. Nos han dicho que se trató de un paro cardíaco.
Reunidos con motivo de su sepelio, nosotros, sus amigos, resolvimos divulgar su última carta.
Ella terminó la traducción y, como había prometido, nos envió el texto completo con los avales técnicos de su labor.
Creemos que es nuestra obligación hacer público este documento. La honra necesaria a la memoria de nuestra amiga, la Dra. Catalina Jewell, así nos lo dicta y el carácter trascendental de lo informado en el manuscrito no debe ser ocultado.
Este antiguo texto muestra otra realidad, una narración diferente sobre hechos conocidos, que nos abre una puerta hacia un lugar que hasta ahora no habíamos sospechado.
Entendimos porqué nos habló de manejarnos con prudencia, con cautela.
Pero debe conocerse.
Cada uno de los seis que quedamos lo hará por distintos medios.
Yo utilizaré este.
Léanlo con atención y, si lo valoran con justicia, verán que la investigación científica, en este campo particular, recién empieza y no debiera ser acallada.
MANUSCRITO TRADUCIDO POR LA DRA. CATALINA JEWELL
Por la noche el traidor, Iscariote, guió a los guardias hasta la casa donde estábamos reunidos con Jesús.
Al verlo, todos quedamos atónitos.
Por detrás de la puerta Jesús pudo distinguir el rostro del delator.
-¿Qué significa esto?- le increpó.
De inmediato uno de los guardias tomó prisionero a Jesús...
(sigue una línea ilegible)
...Yo saqué mi espada pero la mirada de nuestro líder me hizo comprender que era mejor que conserváramos nuestras vidas.
Rápidamente, todos huimos.
Más tarde, desde lejos, vimos a Iscariote custodiado por unos soldados, recibiendo dinero de mano de los sacerdotes del templo.
Alguien nos dijo que en el patio del palacio del procurador Poncio Pilato se encontraba Jesús.
Nos dolía terriblemente conocer lo que le estarían haciendo y lo que le esperaba sin remedio.
¿Qué podíamos hacer?. Siendo tan pocos y sin contar con su inteligencia y su...
(sigue una porción dañada en el original)
La noche fue larga.
Pilato, orgulloso de su cacería, llamó a los principales del templo, a los sacerdotes, a los fariseos y a los ancianos. También se acercaron algunos del pueblo, muy pocos.
Se instaló frente a los presentes y les gritó: -Me han traído un caso para juzgar. Una pieza valiosa me ha sido entregada. Un hombre que pretendía reemplazarme. He oído que algunos quieren hacerlo rey de los judíos-.
Sólo yo había quedado allí, a cierta distancia, para escuchar y ver lo que pasaba. A esa hora mis compañeros, el resto de los que seguíamos a Jesús, se habían alejado.
Pilato sonreía desafiante.
Un joven me sorprendió tocándome el hombro: -Yo te conozco. ¿Tú no eres uno de los que estaba al lado de Jesús cuando él estuvo en el templo?-.
Me hubiera gustado decirle la verdad pero lo negué; lleno del mayor dolor del mundo dije que no lo conocía.
(siguen dos líneas ilegibles)
-¡Guardias!.Traigan al reo y preséntenlo ante la multitud-.
Un profundo silencio inundó el lugar donde estaban los sacerdotes, los ancianos y algunos del pueblo.
Un hombre duramente azotado, exhibiendo profundas y sangrientas heridas, sin fuerzas para sostenerse en pie y con una corona de espinas sobre su cabeza, quedó frente a todos nosotros.
-Eh aquí- dijo Pilato -a Jesús al que algunos pretendían encaramar como rey de los judíos. Ya lo he coronado yo y sin duda también lo elevaré cuanto se merece-.
El amado rostro de nuestro líder semejaba el de un espectro; su hermoso cuerpo, lleno de moretones y sangre, estaba muy lejos de ser aquel que tantas otras veces le había permitido escapar de sus perseguidores.
Yo seguía todo desde alguna distancia.
La congoja me apretaba el pecho.
¡Cómo hubiera deseado sacar mi espada y liberar a mi dignísimo guía!.
A lo lejos divisaba unos soldados en el patio del palacio que estaban echando suerte sobre la ropa de Jesús.
Se acercaba la madrugada. Poco antes de que cantaran los gallos dos mujeres se me acercaron, tal como antes lo había hecho el muchacho, para preguntarme si yo era del grupo del prisionero. –¿Estaría aquí si lo fuera?. No, no lo soy-.
Sentí repugnancia por mi cobardía y me alejé a un lugar oscuro para llorar.
Cuando era la hora...
(sigue una línea ilegible)
Poncio Pilato desafió a los presentes: -Yo ya decidí el castigo para este preso. Pero quiero que sean ustedes mismos los que dicten la pena. Quiero escuchar la condena desde sus propios labios-.
La gente del pueblo miraba la escena con frustración.
Pilato siguió: -¿Quieren que libere a este que algunos de ustedes llaman Jesús, el rey de los judíos, o lo condenan por sublevarse al poder que represento?.
A un silencio que pareció durar una eternidad, le siguió un murmullo de olor conspirativo.
Después, casi al unísono, todos gritaron: -¡Crucifícalo!, ¡Crucifícalo!-.
Tras escuchar complacido la condena Pilato tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: -¡Yo soy inocente de la sangre de éste! ¡Ustedes han decidido!-.
Enseguida lo entregó a los soldados y estos le pusieron unos trapos a modo de capa y lo reverenciaban burlándose de él: -¡Salve, rey de los judíos!-
Lo pasearon por el pueblo para que todos lo vieran y le llevaron hasta el lugar de las crucifixiones, llamado Gólgota.
Como era costumbre, antes de crucificarlo le ofrecieron beber una mezcla preparada con vino y yerbas para adormecerlo y evitarle en parte la conciencia del dolor. Fiel a su conducta, Jesús se negó a beber vino.
Buscando afrentar todo mérito posible a su labor por la libertad de Israel, lo clavaron en una cruz levantada entre medio de dos ladrones
Sobre su cabeza pusieron un cartel: -Este es Jesús Barabbas, el Rey de los Judíos-.
Muchos de los que pasaban frente a él decían: -A otros salvo y nadie tuvo el valor de salvarlo a él-.
Jesús movía sus labios. Quizá estuviera rezando.
A las cinco de la tarde el cielo estaba sumamente oscuro presagiando un diluvio.
Barabbas gritó muy fuerte y murió.
Desde entonces y hasta el día de hoy, con nuestro líder muerto y nuestra pequeña fuerza dispersa por el miedo, poco es lo que pudimos hacer contra los romanos.
Hace ya tres años que murió Jesús y uno que Pilato fue relevado de su puesto.
Esto último apaciguó, al menos momentáneamente, los ánimos revolucionarios de mi sometido pueblo judío.
Han surgido algunos grupos pacifistas que anhelan llegar a un razonable diálogo con nuestros conquistadores.
Uno de ellos, con algo más de un centenar de seguidores, sostiene que la lucha de nuestro líder Jesús Barabbas procuraba ese mismo fin, rechazando métodos violentos que sólo toleró con la esperanza de disuadirlos en el futuro. También le atribuyen muchos refranes y sermones que en realidad provienen de una secta ascética llamada esenios.
La situación general ha tomado otro color.
Recientemente, surgió un judío muy instruido, originario de la ciudad de Tarso. Fue discípulo de Gamaliel, el nieto de Hillel. Se le escucha decir que una aparición de mi líder se le presentó camino a Damasco y que le pidió que se una a ese centenar de personas que predican un Jesús en busca de paz con los romanos. Muchos se están sumando a este nuevo movimiento.
Quién sabe como terminará este nuevo rumbo que tomaron los hechos.
Quizá convenga a Israel el crecimiento de este grupo pacifista y evite un indeseable derramamiento masivo de la sangre de mi pueblo.
Mi nombre es Cefas, la piedra, y doy testimonio de la veracidad de todas estas cosas.
Sé que Jesús Barabbas quería la libertad del pueblo; pero en la cruz Pilato puso fin a sus sueños.
Puede parecer una locura pero me pregunto si yo mismo no podría contribuir a enaltecer de algún modo su nombre y su recuerdo sumándome a la propuesta del hombre de Tarso y sus seguidores pacifistas.
Si esto es obra de los hombres, tendrá fin; pero si es obra de Dios, no podrá ser destruida.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
verdad, y la verdad los hará libres...
Ellos le contestaron... -¿Cómo
dices tú que seremos libres?.
San Juan 8:31-33
La inesperada muerte de nuestra eminente colega la Dra. Catalina Jewell, aconteció mientras estaba viviendo uno de los momentos más apasionantes de su carrera.
Arqueóloga, filóloga, entusiasta bibliógrafa y profesora de la cátedra de historia del Oriente Cercano en la Universidad de Francia, hasta fines del año pasado, era una agradecida al saber que la vida le daba cada día.
Tuve el honor de integrar junto a ella una parte del equipo que efectuó la revisión definitiva del contenido de las tablillas encontradas en el yacimiento de Mari.
Allí nos conocimos. Desde entonces, junto a otros colegas hemos mantenido una copiosa correspondencia, acompañada de esporádicos y felices encuentros personales con motivo de alguna conferencia o exposición en la que aprovechamos también para distendernos un poco e ir a cenar o al teatro.
Que una mente tan lúcida como la de Catalina, que esa persona llena de conocimientos, de empuje, de un espíritu siempre abierto a la investigación, haya muerto a los cincuenta y cinco años, es una cruel injusticia. ¡Tenía tanto para dar!.
Y la muerte la encontró trabajando.
Hacía unos meses atrás nos había convocado a todos sus colegas amigos, al que llamábamos el G7: Filomena Roux, Marta Spanos, Nicolás Batista, Maurice Basil, Alejo Petetta y yo, en su oficina del Museo Bíblico y Casa de Altos Estudios de Arameo de Clermont-Ferrand. Fue la última vez que nos vimos.
Desbordaba de alegría y no era para menos.
Nos acercó a su caja de seguridad en el museo y nos mostró el manuscrito.
-Esto que están viendo es un fragmento de lo que podría llamar un antecedente de los evangelios. No sólo de los conocidos, también de los apócrifos. Todavía no pude traducirlo por completo. Sin embargo, algunos elementos claros en el manuscrito como la mención del relevamiento de su cargo de Poncio Pilato y los análisis de carbono y demás, coinciden en ubicarlo como emitido alrededor del año 36 de nuestra era.
Lo relativamente poco que pude traducir hasta ahora es motivo suficiente para convocarlos y adelantarles que se trata de un documento que requerirá cautela. Quedan al descubierto en él algunas situaciones que no sé como tendré que manejar. Permítanme tomarme la licencia de no darles otro dato más que ello.
Simplemente deseaba que vieran el original. Por supuesto, también saqué fotos para cada uno de ustedes y un detalle computarizado donde se puede apreciar el texto completo. Les adjunté todos los análisis realizados y algunos fragmentos traducidos para que puedan apreciar la línea de trabajo con la que me estoy manejando.
Les pido que me ayuden realizando cada uno su aporte sobre este manuscrito. Tienen mi promesa de que trabajo día y noche para terminar la traducción y en cuanto ello suceda, les enviaré a cada uno el texto acabado. Después nos volveremos a reunir-.
No tuvimos la dicha de volver a ser convocados por ella.
Fue encontrada muerta en su dormitorio hace dos semanas. Nos han dicho que se trató de un paro cardíaco.
Reunidos con motivo de su sepelio, nosotros, sus amigos, resolvimos divulgar su última carta.
Ella terminó la traducción y, como había prometido, nos envió el texto completo con los avales técnicos de su labor.
Creemos que es nuestra obligación hacer público este documento. La honra necesaria a la memoria de nuestra amiga, la Dra. Catalina Jewell, así nos lo dicta y el carácter trascendental de lo informado en el manuscrito no debe ser ocultado.
Este antiguo texto muestra otra realidad, una narración diferente sobre hechos conocidos, que nos abre una puerta hacia un lugar que hasta ahora no habíamos sospechado.
Entendimos porqué nos habló de manejarnos con prudencia, con cautela.
Pero debe conocerse.
Cada uno de los seis que quedamos lo hará por distintos medios.
Yo utilizaré este.
Léanlo con atención y, si lo valoran con justicia, verán que la investigación científica, en este campo particular, recién empieza y no debiera ser acallada.
MANUSCRITO TRADUCIDO POR LA DRA. CATALINA JEWELL
Por la noche el traidor, Iscariote, guió a los guardias hasta la casa donde estábamos reunidos con Jesús.
Al verlo, todos quedamos atónitos.
Por detrás de la puerta Jesús pudo distinguir el rostro del delator.
-¿Qué significa esto?- le increpó.
De inmediato uno de los guardias tomó prisionero a Jesús...
(sigue una línea ilegible)
...Yo saqué mi espada pero la mirada de nuestro líder me hizo comprender que era mejor que conserváramos nuestras vidas.
Rápidamente, todos huimos.
Más tarde, desde lejos, vimos a Iscariote custodiado por unos soldados, recibiendo dinero de mano de los sacerdotes del templo.
Alguien nos dijo que en el patio del palacio del procurador Poncio Pilato se encontraba Jesús.
Nos dolía terriblemente conocer lo que le estarían haciendo y lo que le esperaba sin remedio.
¿Qué podíamos hacer?. Siendo tan pocos y sin contar con su inteligencia y su...
(sigue una porción dañada en el original)
La noche fue larga.
Pilato, orgulloso de su cacería, llamó a los principales del templo, a los sacerdotes, a los fariseos y a los ancianos. También se acercaron algunos del pueblo, muy pocos.
Se instaló frente a los presentes y les gritó: -Me han traído un caso para juzgar. Una pieza valiosa me ha sido entregada. Un hombre que pretendía reemplazarme. He oído que algunos quieren hacerlo rey de los judíos-.
Sólo yo había quedado allí, a cierta distancia, para escuchar y ver lo que pasaba. A esa hora mis compañeros, el resto de los que seguíamos a Jesús, se habían alejado.
Pilato sonreía desafiante.
Un joven me sorprendió tocándome el hombro: -Yo te conozco. ¿Tú no eres uno de los que estaba al lado de Jesús cuando él estuvo en el templo?-.
Me hubiera gustado decirle la verdad pero lo negué; lleno del mayor dolor del mundo dije que no lo conocía.
(siguen dos líneas ilegibles)
-¡Guardias!.Traigan al reo y preséntenlo ante la multitud-.
Un profundo silencio inundó el lugar donde estaban los sacerdotes, los ancianos y algunos del pueblo.
Un hombre duramente azotado, exhibiendo profundas y sangrientas heridas, sin fuerzas para sostenerse en pie y con una corona de espinas sobre su cabeza, quedó frente a todos nosotros.
-Eh aquí- dijo Pilato -a Jesús al que algunos pretendían encaramar como rey de los judíos. Ya lo he coronado yo y sin duda también lo elevaré cuanto se merece-.
El amado rostro de nuestro líder semejaba el de un espectro; su hermoso cuerpo, lleno de moretones y sangre, estaba muy lejos de ser aquel que tantas otras veces le había permitido escapar de sus perseguidores.
Yo seguía todo desde alguna distancia.
La congoja me apretaba el pecho.
¡Cómo hubiera deseado sacar mi espada y liberar a mi dignísimo guía!.
A lo lejos divisaba unos soldados en el patio del palacio que estaban echando suerte sobre la ropa de Jesús.
Se acercaba la madrugada. Poco antes de que cantaran los gallos dos mujeres se me acercaron, tal como antes lo había hecho el muchacho, para preguntarme si yo era del grupo del prisionero. –¿Estaría aquí si lo fuera?. No, no lo soy-.
Sentí repugnancia por mi cobardía y me alejé a un lugar oscuro para llorar.
Cuando era la hora...
(sigue una línea ilegible)
Poncio Pilato desafió a los presentes: -Yo ya decidí el castigo para este preso. Pero quiero que sean ustedes mismos los que dicten la pena. Quiero escuchar la condena desde sus propios labios-.
La gente del pueblo miraba la escena con frustración.
Pilato siguió: -¿Quieren que libere a este que algunos de ustedes llaman Jesús, el rey de los judíos, o lo condenan por sublevarse al poder que represento?.
A un silencio que pareció durar una eternidad, le siguió un murmullo de olor conspirativo.
Después, casi al unísono, todos gritaron: -¡Crucifícalo!, ¡Crucifícalo!-.
Tras escuchar complacido la condena Pilato tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: -¡Yo soy inocente de la sangre de éste! ¡Ustedes han decidido!-.
Enseguida lo entregó a los soldados y estos le pusieron unos trapos a modo de capa y lo reverenciaban burlándose de él: -¡Salve, rey de los judíos!-
Lo pasearon por el pueblo para que todos lo vieran y le llevaron hasta el lugar de las crucifixiones, llamado Gólgota.
Como era costumbre, antes de crucificarlo le ofrecieron beber una mezcla preparada con vino y yerbas para adormecerlo y evitarle en parte la conciencia del dolor. Fiel a su conducta, Jesús se negó a beber vino.
Buscando afrentar todo mérito posible a su labor por la libertad de Israel, lo clavaron en una cruz levantada entre medio de dos ladrones
Sobre su cabeza pusieron un cartel: -Este es Jesús Barabbas, el Rey de los Judíos-.
Muchos de los que pasaban frente a él decían: -A otros salvo y nadie tuvo el valor de salvarlo a él-.
Jesús movía sus labios. Quizá estuviera rezando.
A las cinco de la tarde el cielo estaba sumamente oscuro presagiando un diluvio.
Barabbas gritó muy fuerte y murió.
Desde entonces y hasta el día de hoy, con nuestro líder muerto y nuestra pequeña fuerza dispersa por el miedo, poco es lo que pudimos hacer contra los romanos.
Hace ya tres años que murió Jesús y uno que Pilato fue relevado de su puesto.
Esto último apaciguó, al menos momentáneamente, los ánimos revolucionarios de mi sometido pueblo judío.
Han surgido algunos grupos pacifistas que anhelan llegar a un razonable diálogo con nuestros conquistadores.
Uno de ellos, con algo más de un centenar de seguidores, sostiene que la lucha de nuestro líder Jesús Barabbas procuraba ese mismo fin, rechazando métodos violentos que sólo toleró con la esperanza de disuadirlos en el futuro. También le atribuyen muchos refranes y sermones que en realidad provienen de una secta ascética llamada esenios.
La situación general ha tomado otro color.
Recientemente, surgió un judío muy instruido, originario de la ciudad de Tarso. Fue discípulo de Gamaliel, el nieto de Hillel. Se le escucha decir que una aparición de mi líder se le presentó camino a Damasco y que le pidió que se una a ese centenar de personas que predican un Jesús en busca de paz con los romanos. Muchos se están sumando a este nuevo movimiento.
Quién sabe como terminará este nuevo rumbo que tomaron los hechos.
Quizá convenga a Israel el crecimiento de este grupo pacifista y evite un indeseable derramamiento masivo de la sangre de mi pueblo.
Mi nombre es Cefas, la piedra, y doy testimonio de la veracidad de todas estas cosas.
Sé que Jesús Barabbas quería la libertad del pueblo; pero en la cruz Pilato puso fin a sus sueños.
Puede parecer una locura pero me pregunto si yo mismo no podría contribuir a enaltecer de algún modo su nombre y su recuerdo sumándome a la propuesta del hombre de Tarso y sus seguidores pacifistas.
Si esto es obra de los hombres, tendrá fin; pero si es obra de Dios, no podrá ser destruida.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
domingo, junio 10, 2007
EXPUESTOS Y ESPERANDO

Esa niña tendrá
alrededor de once años.
Su rostro todavía es puro,
su cuerpo se ve delgado.
La miro desde el autobús,
su pelo es castaño y lacio;
viste campera de nylon
y un jean azul despintado.
Vaga errante por la acera
y a aquel que pasa a su lado
le pide alguna moneda.
La niña está mendigando.
Si, esa niña tendrá
alrededor de once años.
Su rostro todavía es puro,
su cuerpo parece intacto.
¿Cuánto le queda al pimpollo
de su rosa, aun cerrado,
para que a humillarlo vengan
perversas y sucias manos?;
¿Cuánto tiempo pasará
pobre y sin perder su encanto?;
¿Cuánto tardará en venderle
a un chacal su cuerpo santo?.
¿Perderá el mundo a una niña
inocente de once años
porque hay pobreza, señores,
y nadie se está ocupando?.
Veo muchas niñas y niños
por las calles suplicando
por míseras moneditas
o por un magro bocado.
Sucede esto en mi país
y en el tuyo, en muchos lados.
Esto que pasa en la Tierra
no debiera estar pasando.
Si me estás oyendo, piensa:
es momento de hacer algo,
que hay niñas y niños pobres
sedientos de nuestros brazos.

Daniel Adrián Madeiro
Todos los derechos reservados
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
sábado, agosto 12, 2006
DIEZ HOJAS DEL ÁRBOL YO
A mi buen hermano del corazón, el Sr. Monrabal Trigo
NO MÁS DE VEINTE LÍNEAS (acróstico)
No dudo que veinte líneas han de ser suficientes,
obra bien quien aprende a respetar su espacio.
Mágico juego es éste de sujetarse a veinte,
abreviar el discurso sin que quede truncado;
saber desde el principio el fin que se persigue,
despejar los temores, alejar los fantasmas,
enarbolar la pluma de nuestro Word insigne,
venerar con el verso a Bill Gates desde el alma.
Entonces, veinte líneas suena a número áureo,
imposible es sentir cercado el infinito;
nace el verso y le da sentido al diccionario
tratando a la palabra como una madre al hijo.
Escribo cada verso pensando que hasta veinte
líneas puede tener el poema elegido.
Imploro inspiración y las musas al verme
navegan laboriosas cada verso que escribo.
Está cerca el final, se avista el horizonte,
anclo aquí y con mi espada he de grabar mi sello;
suman veinte los signos que conforman mi nombre,
con acento incluido: Daniel Adrián Madeiro.
MIENTRAS LA CALLE SE UFANA...
Mientras la calle se ufana
de ser la imagen del progreso,
con sus autos, sus camiones,
sus luces, sus negocios,
sus transeúntes urgidos al trabajo,
a la compra y a la venta,
a esta cara nueva de la lucha antigua,
a este escenario selvático hormigonado
donde persiste la supervivencia del más apto;
mientras los corazones palpitan,
el cerebro no piensa,
y sólo el instinto camina con los hombres
junto a una ilusoria sensación de grandeza,
de bienestar, de triunfo;
mientras todo se desarrolla como antaño,
como desde las cavernas viene siendo;
mientras las mayorías están en eso,
unos ganando, otros perdiendo,
unos en paz, otros en guerra,
felices o perdidos,
saciados o hambrientos:
ya sin garrotes,
ni lanzas,
ni fechas,
con fuerza y tecnología,
abrazados a su amada malicia,
unos pocos, que se muestran enfrentados,
acuerdan en secreto
cómo será el futuro.
FATALIDAD
La semana pasada conversamos
de la familia,
del trabajo,
del futuro;
nos abrazamos al partir
y cada uno
se fue a vivir
alegre con la vida.
No volví a verlo hasta hoy
y hay una herida
que desangra en mis ojos azorados,
al verlo hundido
en un sueño sin salida,
ajeno a todos
los sueños que nos contamos.
EL TECHO DE CHAPAS...
El techo de chapas me relata:
comenzó a llover torrencialmente,
si sales, no te bastará un paraguas;
bajo aquel toldo parapétase la gente.
Se inundó la cuadra. Como siempre,
no dan abasto los desagües de la esquina;
el agua arrastra hojas, ramas y papeles.
juegan en la ventana los hijos de tu vecina.
Las gotas al caer sobre el asfalto
hacen burbujas que son, según las viejas,
señal segura que lloverá todo el día,
y será así, lo sé por experiencia.
DIGO DIOS
Cuando yo digo DIOS
estoy diciendo Todo
y a la vez estoy diciendo Nada;
digo Universo Infinito y Big Bang,
y Agujero Negro tragando una galaxia;
digo Luz y Sombra,
Vida y Muerte;
el Resplandor más fuerte,
la Oscuridad más cerrada;
digo el Desierto más grande que imagines
y a un mismo tiempo
la mayor fuente de Agua.
Digo todo lo que Existe y lo que No,
y por si no fuera clara mi palabra
digo CREADOR, pero no digo nunca
deificación de una cosa creada.
CON MONÓTONA TRISTEZA...
Con monótona tristeza, siempre siento
en las horas que paso en mi trabajo
(lío de oficinas, anuarios financieros,
planillas, ordenadores, biblioratos),
que no hay nada mío en este sitio.
En sus balances sólo se ven datos
de fríos números ante los que añoro
las cálidas palomas de tus manos.
No están allí los besos de mis hijos,
ni los ladridos de mi perro Pancho,
ni mi cotorra australiana Lechuguin.
Y, pensándolo bien, hasta yo falto,
pues no soy yo ese en el escritorio,
ese, mas bien, es un espantapájaros
porque no vuelan los poemas por el cielo
fluorescente del lugar donde trabajo.
VEINTICUATRO HORAS
Pongamos por caso que es la hora cero,
la señal que marca que ya es otro día,
cuando una mujer en el hemisferio
austral o boreal, da a luz una vida.
Inflexibles siguen las dos manecillas
del reloj su viaje hasta la hora una,
y atrás se quedaron biberón, papilla,
y una cama adulta reemplaza a la cuna.
Ya sobre sus piernas se mueve ligero
e independiente el ser; parlotea
y hace preguntas, y elige su juego,
y en una hora más entrará en la escuela.
Seguirá el reloj su avance severo;
el ser sentirá que el tiempo lo asedia;
será adolescente: Intelecto y fuego;
dirán las saetillas que son cuatro y media.
Se vendrá de golpe, sin pedir permiso,
el deseo ardiente de amar otra piel;
lo envolverán una y otra vez hechizos
de amor y de angustia, de dulzura y hiel.
Bastan pocas horas para muchos años
a esta alegoría que pinta la vida;
minutos de triunfos y de desengaños;
segundos de gloria y de cobardía.
Pero no detiene el tictac su rueda,
y envejece al ser a cada momento;
ya con más de veinte se afana y no juega;
son más de las siete; queda menos tiempo.
Trabaja en aquello que le dio su sino,
puede que en su sueño o en lo que encontró;
que no todos logran andar el camino
propicio que guía a la consagración.
De un momento a otro, en pocos minutos,
estará casado, pleno de alegría;
correrá su tiempo y un ser diminuto
cerca de las nueve entrará en su vida.
Andará por treinta un ser más completo,
con trabajo, amor, hijos y esperanzas,
y, junto con esto, un presentimiento:
mucho hay por hacer y es la vida escasa.
El reloj sentencia que han dado las doce,
el ser ha vivido muchas cosas nuevas,
comprendió que sólo con amor hay goce
y que, con los hijos, la vida es más plena.
Enfrentará lleno de amor a los suyos
todo desafío que se le presente;
quizá halla advertido que cada segundo
que no se vivió se va para siempre.
Crecerán sus hijos y se casarán,
poblarán arrugas la otrora tez lisa;
el tiempo sin pausa firme avanzará
y un día sus ojos verán la sonrisa
de hijos de sus hijos, su carné de abuelo,
los nietos que obligan a tejer mantillas,
a patear balones, a andar de paseo,
en tanto que avanzan las dos manecillas.
Y serán las quince y las dieciséis,
y las diecisiete y una hora más tarde
ya el trabajo fuerte será algo de ayer,
la jubilación vendrá a visitarle.
Le quedarán pocas horas al reproche,
se hará una fiesta el día por vivir,
y cuando el reloj marque medianoche
todo habrá acabado, no habrá que decir.
QUE NO PASE
Sonreían.
Los pequeños jugaban
felices en la plaza.
Se casaban los novios
y hacían una fiesta.
Agradecían.
Los creyentes cantaban
elevando sus almas
y en las mentes ateas
danzaba una utopía.
Planificaban.
Construían sus casas,
iban a las escuelas,
cumplían con sus trabajos,
pensaban el futuro.
Descansaban.
Por las noches dormían
un sueño muy tranquilo.
Gozaban del reposo
los fines de semana.
Y un día cambió todo.
Los lastimó la guerra.
CÁNTAME...
Cántame.
Lanza el fuego.
Que la agitación selle
mi corazón al tuyo.
Atardece en mi cuerpo,
amanece en mis manos,
llueve sobre mi pecho,
graniza en mis cabellos
y lléname de lunas
y soles y horizontes,
esta humana fortuna
de tu amor en mi vida.
CAMINO A LA UNIÓN
En mi juventud soñaba
con una única bandera
ondeando sobre todo el orbe,
igual en toda la Tierra.
Han pasado varios años
y aun sostengo esa idea.
Pero ya no veo prudente
que solo una sea la enseña,
pues ello no reflejaría
la diversidad de ideas,
lo que cada pueblo es,
aquello que su bandera
resguarda bajo el diseño
con colores y viñetas:
su historia, su folclor,
a su gente y su sapiencia.
Por ello, propongo entonces
que una foto del planeta
se incorpore a cada una
de todas nuestras banderas;
en un ángulo, en el centro,
en donde mejor se vea,
y sea así un recordatorio
de esta única casa nuestra,
que es propiedad de todos
pero nadie es dueño de ella;
que como decían los indios
que habitaron en América:
"no es herencia de los padres,
nuestros hijos nos la prestan",
y diciendo así enseñaron
el deber de protegerla.
Será tu labor, si quieres,
ayudar a esta propuesta;
impulsar el surgimiento
de una nueva conciencia
que cuando piense en países
ya no tema a las fronteras,
que por encima de todas
las humanas diferencias
ame a la Tierra, su casa,
y a los hijos que ella alberga.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor
NO MÁS DE VEINTE LÍNEAS (acróstico)
No dudo que veinte líneas han de ser suficientes,
obra bien quien aprende a respetar su espacio.
Mágico juego es éste de sujetarse a veinte,
abreviar el discurso sin que quede truncado;
saber desde el principio el fin que se persigue,
despejar los temores, alejar los fantasmas,
enarbolar la pluma de nuestro Word insigne,
venerar con el verso a Bill Gates desde el alma.
Entonces, veinte líneas suena a número áureo,
imposible es sentir cercado el infinito;
nace el verso y le da sentido al diccionario
tratando a la palabra como una madre al hijo.
Escribo cada verso pensando que hasta veinte
líneas puede tener el poema elegido.
Imploro inspiración y las musas al verme
navegan laboriosas cada verso que escribo.
Está cerca el final, se avista el horizonte,
anclo aquí y con mi espada he de grabar mi sello;
suman veinte los signos que conforman mi nombre,
con acento incluido: Daniel Adrián Madeiro.
MIENTRAS LA CALLE SE UFANA...
Mientras la calle se ufana
de ser la imagen del progreso,
con sus autos, sus camiones,
sus luces, sus negocios,
sus transeúntes urgidos al trabajo,
a la compra y a la venta,
a esta cara nueva de la lucha antigua,
a este escenario selvático hormigonado
donde persiste la supervivencia del más apto;
mientras los corazones palpitan,
el cerebro no piensa,
y sólo el instinto camina con los hombres
junto a una ilusoria sensación de grandeza,
de bienestar, de triunfo;
mientras todo se desarrolla como antaño,
como desde las cavernas viene siendo;
mientras las mayorías están en eso,
unos ganando, otros perdiendo,
unos en paz, otros en guerra,
felices o perdidos,
saciados o hambrientos:
ya sin garrotes,
ni lanzas,
ni fechas,
con fuerza y tecnología,
abrazados a su amada malicia,
unos pocos, que se muestran enfrentados,
acuerdan en secreto
cómo será el futuro.
FATALIDAD
La semana pasada conversamos
de la familia,
del trabajo,
del futuro;
nos abrazamos al partir
y cada uno
se fue a vivir
alegre con la vida.
No volví a verlo hasta hoy
y hay una herida
que desangra en mis ojos azorados,
al verlo hundido
en un sueño sin salida,
ajeno a todos
los sueños que nos contamos.
EL TECHO DE CHAPAS...
El techo de chapas me relata:
comenzó a llover torrencialmente,
si sales, no te bastará un paraguas;
bajo aquel toldo parapétase la gente.
Se inundó la cuadra. Como siempre,
no dan abasto los desagües de la esquina;
el agua arrastra hojas, ramas y papeles.
juegan en la ventana los hijos de tu vecina.
Las gotas al caer sobre el asfalto
hacen burbujas que son, según las viejas,
señal segura que lloverá todo el día,
y será así, lo sé por experiencia.
DIGO DIOS
Cuando yo digo DIOS
estoy diciendo Todo
y a la vez estoy diciendo Nada;
digo Universo Infinito y Big Bang,
y Agujero Negro tragando una galaxia;
digo Luz y Sombra,
Vida y Muerte;
el Resplandor más fuerte,
la Oscuridad más cerrada;
digo el Desierto más grande que imagines
y a un mismo tiempo
la mayor fuente de Agua.
Digo todo lo que Existe y lo que No,
y por si no fuera clara mi palabra
digo CREADOR, pero no digo nunca
deificación de una cosa creada.
CON MONÓTONA TRISTEZA...
Con monótona tristeza, siempre siento
en las horas que paso en mi trabajo
(lío de oficinas, anuarios financieros,
planillas, ordenadores, biblioratos),
que no hay nada mío en este sitio.
En sus balances sólo se ven datos
de fríos números ante los que añoro
las cálidas palomas de tus manos.
No están allí los besos de mis hijos,
ni los ladridos de mi perro Pancho,
ni mi cotorra australiana Lechuguin.
Y, pensándolo bien, hasta yo falto,
pues no soy yo ese en el escritorio,
ese, mas bien, es un espantapájaros
porque no vuelan los poemas por el cielo
fluorescente del lugar donde trabajo.
VEINTICUATRO HORAS
Pongamos por caso que es la hora cero,
la señal que marca que ya es otro día,
cuando una mujer en el hemisferio
austral o boreal, da a luz una vida.
Inflexibles siguen las dos manecillas
del reloj su viaje hasta la hora una,
y atrás se quedaron biberón, papilla,
y una cama adulta reemplaza a la cuna.
Ya sobre sus piernas se mueve ligero
e independiente el ser; parlotea
y hace preguntas, y elige su juego,
y en una hora más entrará en la escuela.
Seguirá el reloj su avance severo;
el ser sentirá que el tiempo lo asedia;
será adolescente: Intelecto y fuego;
dirán las saetillas que son cuatro y media.
Se vendrá de golpe, sin pedir permiso,
el deseo ardiente de amar otra piel;
lo envolverán una y otra vez hechizos
de amor y de angustia, de dulzura y hiel.
Bastan pocas horas para muchos años
a esta alegoría que pinta la vida;
minutos de triunfos y de desengaños;
segundos de gloria y de cobardía.
Pero no detiene el tictac su rueda,
y envejece al ser a cada momento;
ya con más de veinte se afana y no juega;
son más de las siete; queda menos tiempo.
Trabaja en aquello que le dio su sino,
puede que en su sueño o en lo que encontró;
que no todos logran andar el camino
propicio que guía a la consagración.
De un momento a otro, en pocos minutos,
estará casado, pleno de alegría;
correrá su tiempo y un ser diminuto
cerca de las nueve entrará en su vida.
Andará por treinta un ser más completo,
con trabajo, amor, hijos y esperanzas,
y, junto con esto, un presentimiento:
mucho hay por hacer y es la vida escasa.
El reloj sentencia que han dado las doce,
el ser ha vivido muchas cosas nuevas,
comprendió que sólo con amor hay goce
y que, con los hijos, la vida es más plena.
Enfrentará lleno de amor a los suyos
todo desafío que se le presente;
quizá halla advertido que cada segundo
que no se vivió se va para siempre.
Crecerán sus hijos y se casarán,
poblarán arrugas la otrora tez lisa;
el tiempo sin pausa firme avanzará
y un día sus ojos verán la sonrisa
de hijos de sus hijos, su carné de abuelo,
los nietos que obligan a tejer mantillas,
a patear balones, a andar de paseo,
en tanto que avanzan las dos manecillas.
Y serán las quince y las dieciséis,
y las diecisiete y una hora más tarde
ya el trabajo fuerte será algo de ayer,
la jubilación vendrá a visitarle.
Le quedarán pocas horas al reproche,
se hará una fiesta el día por vivir,
y cuando el reloj marque medianoche
todo habrá acabado, no habrá que decir.
QUE NO PASE
Sonreían.
Los pequeños jugaban
felices en la plaza.
Se casaban los novios
y hacían una fiesta.
Agradecían.
Los creyentes cantaban
elevando sus almas
y en las mentes ateas
danzaba una utopía.
Planificaban.
Construían sus casas,
iban a las escuelas,
cumplían con sus trabajos,
pensaban el futuro.
Descansaban.
Por las noches dormían
un sueño muy tranquilo.
Gozaban del reposo
los fines de semana.
Y un día cambió todo.
Los lastimó la guerra.
CÁNTAME...
Cántame.
Lanza el fuego.
Que la agitación selle
mi corazón al tuyo.
Atardece en mi cuerpo,
amanece en mis manos,
llueve sobre mi pecho,
graniza en mis cabellos
y lléname de lunas
y soles y horizontes,
esta humana fortuna
de tu amor en mi vida.
CAMINO A LA UNIÓN
En mi juventud soñaba
con una única bandera
ondeando sobre todo el orbe,
igual en toda la Tierra.
Han pasado varios años
y aun sostengo esa idea.
Pero ya no veo prudente
que solo una sea la enseña,
pues ello no reflejaría
la diversidad de ideas,
lo que cada pueblo es,
aquello que su bandera
resguarda bajo el diseño
con colores y viñetas:
su historia, su folclor,
a su gente y su sapiencia.
Por ello, propongo entonces
que una foto del planeta
se incorpore a cada una
de todas nuestras banderas;
en un ángulo, en el centro,
en donde mejor se vea,
y sea así un recordatorio
de esta única casa nuestra,
que es propiedad de todos
pero nadie es dueño de ella;
que como decían los indios
que habitaron en América:
"no es herencia de los padres,
nuestros hijos nos la prestan",
y diciendo así enseñaron
el deber de protegerla.
Será tu labor, si quieres,
ayudar a esta propuesta;
impulsar el surgimiento
de una nueva conciencia
que cuando piense en países
ya no tema a las fronteras,
que por encima de todas
las humanas diferencias
ame a la Tierra, su casa,
y a los hijos que ella alberga.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor
domingo, julio 23, 2006
DE TODO A CAMBIO DE NADA
El sol extiende sus brazos
y se queda contemplando,
lo saluda un ruiseñor
que anda por ahí cantando.
Un viejo arroyo le da
de beber a las violetas,
galante suspira el viento
entre las ramas inquietas.
Un trébol de cuatro hojas
muy tranquilo se ha sentado
a la espera de que el sino
designe al afortunado.
Una bandada de patos
por el cielo anda paseando;
desde el arroyo los juncos
saludan alborotados.
Una yegua y su potrillo
comen tierna hierba fresca;
la lagartija apurada
se apresta para la siesta.
El gallo a la bataraza
la persigue enamorado;
los árboles cuchichean,
la tarde se va apagando.
Una lechuza mirona
a un ratón anda buscando;
en el potrero se escucha
cómo rezongan los chanchos.
En la laguna las ranas
preparan la guitarreada,
los bichitos de la luz
iluminan la velada.
Piensa la luna en el río,
mientras se mira la cara:
qué buena que es esta vida,
de todo a cambio de nada.
Daniel Adrián Madeiro
y se queda contemplando,
lo saluda un ruiseñor
que anda por ahí cantando.
Un viejo arroyo le da
de beber a las violetas,
galante suspira el viento
entre las ramas inquietas.
Un trébol de cuatro hojas
muy tranquilo se ha sentado
a la espera de que el sino
designe al afortunado.
Una bandada de patos
por el cielo anda paseando;
desde el arroyo los juncos
saludan alborotados.
Una yegua y su potrillo
comen tierna hierba fresca;
la lagartija apurada
se apresta para la siesta.
El gallo a la bataraza
la persigue enamorado;
los árboles cuchichean,
la tarde se va apagando.
Una lechuza mirona
a un ratón anda buscando;
en el potrero se escucha
cómo rezongan los chanchos.
En la laguna las ranas
preparan la guitarreada,
los bichitos de la luz
iluminan la velada.
Piensa la luna en el río,
mientras se mira la cara:
qué buena que es esta vida,
de todo a cambio de nada.
Daniel Adrián Madeiro
jueves, junio 22, 2006
OTRO ANÁLISIS SOBRE “EDIPO REY” DE SÓFOCLES
Hoy me gustaría hablar
de la historia de Edipo...
La verdad y las formas jurídicas – Michel Foucault
La segunda de las cinco conferencias ofrecidas por el filósofo francés Michel Foucault, en la Universidad de Río de Janeiro, Brasil, en 1973, que conocemos bajo el nombre “La verdad y las formas jurídicas”, usa la tragedia de Sófocles como punto de partida.
Cuando el particular análisis expuesto por Foucault llegó a mis manos, yo acababa de leer la obra “Edipo rey”. Me hizo sentir que debía releerla.
Dos circunstancias motivaron ese deseo: la primera, la alegría de encontrar a alguien que exponía un punto de vista coincidente con el que yo había tenido al concluir la lectura: “Edipo no sería pues una verdad de naturaleza sino un instrumento de limitación y de coacción que los psicoanalistas, a partir de Freud, utilizan para contar el deseo y hacerlo entrar en una estructura familiar que nuestra sociedad definió en un determinado momento. En otras palabras, Edipo, según Deleuze y Guattari, no es el contenido secreto de nuestro inconsciente, sino la forma de coacción que el psicoanálisis intenta imponer en la cura a nuestro deseo y a nuestro inconsciente”. Me sirvió también para conocer la existencia de un libro que espero poder leer alguna vez, “Anti-Edipo”, de Deleuze y Guattari. La segunda razón era verificar algunas afirmaciones de Foucault, vinculadas al tema del “poder” como: “lo que está en cuestión, desde el comienzo de la obra, es el poder” o “En Edipo rey, Edipo no defiende en modo alguno su inocencia, su problema es el poder y cómo hacer para conservarlo; esta es la cuestión de fondo desde el comienzo hasta el final de la obra”.
No me pareció que esto último fuera efectivamente así, al menos no de manera tan categórica.
Era necesario que releyera “Edipo rey”. Y me resultó doblemente beneficioso: Pude desarrollar mis propias conclusiones sobre las afirmaciones de Foucault y, a la vez, apreciar y valorar con mayor detalle la enorme capacidad creativa de Sófocles. También disfruté de la lectura adicional de “Edipo en Colono” y de “Antígona”.
Este escrito es el fruto ulterior de estas lecturas. No conlleva, en modo alguno, un afán de oposición a los dichos expuestos en la segunda conferencia aludida. No es ese el motor que lo mueve.
Sólo es el resultado de un volver a ver el contenido de “Edipo rey” y exponer mis humildes conclusiones sobre esta magnífica tragedia.
Inevitablemente, si se verá que no comparto la opinión expuesta por Foucault en cuanto a que “lo que está en cuestión, desde el comienzo de la obra, es el poder”. Me parece que este no es el asunto central.
Considero que en “Edipo rey” el poder es lo secundario de la trama; el eje central es la “Verdad”, sus consecuencias y la sujeción a los valores éticos imperantes en una época. Las lecturas adicionales de “Edipo en Colono” y de “Antígona” ayudan a esta conclusión.
Es oportuno tener presente que el mismo Foucault habla de esto a poco de iniciar su exposición cuando dice: “La tragedia de Edipo es... la historia de una indagación de la verdad; un procedimiento de investigación de la verdad que obedece exactamente a las prácticas judiciales griegas de esa época”.
Como un documento comprobatorio de la validez de sus propias primeras palabras, cuando dice: “Es probable que estas conferencias contengan una cantidad de cosas inexactas, falsas, erróneas”, lo vemos luego centrar su insistencia en el tema del poder, colocándolo en el centro de la escena. Esto nos obliga a recordar también su prudente consejo, muestra de gran sensatez: “Prefiero exponerlas pues, a título de hipótesis para un trabajo futuro” -Primera conferencia-.
Procuraré mostrar que la defensa que Edipo realiza no revela interés por el “poder”. Su comportamiento es la respuesta previsible de cualquier persona honesta que ve amenazada su forma de vida, que teme la alteración de su entorno habitual. En tal sentido, esto lo torna un factor secundario en la trama de la obra, en tanto que se trata de algo inherente a cualquier individuo más allá de su rango jerárquico.
No pasa lo mismo con la “Verdad” que es el elemento que, durante todo “Edipo rey”, ocupa el interés de dioses, reyes, ciudadanos y esclavos.
En la tragedia de Sófocles, el deseo de alcanzar el conocimiento exacto de una “verdad” no es aquel que afecta al filósofo o pensador interesado en profundizar su saber respecto de la esencia de las cosas.
Se trata de una “verdad” sobre meros hechos terrenales cuyo develamiento supone un inmediato efecto reparador de las dolencias de la sociedad.
El autor nos muestra a los pobladores de Tebas angustiados por la proliferación de una epidemia mortífera que castiga al campo, a los rebaños y a los niños.
Para ellos estas desgracias son una clara manifestación de la furia de la divinidad.
En tales circunstancias, entendiendo agotadas las gestiones efectuadas hasta por los propios sacerdotes que encabezan la manifestación, visitan a Edipo en actitud suplicante.
Uno puede leer en los primeros diálogos, exclamaciones tales como: “Yo, al que ustedes llaman el eminente Edipo...” o “Poderoso Edipo que reinas en el país...”. Sin embargo, esto no está incluido a efectos de resaltar expresamente el poder del personaje central. Son meras fórmulas de tratamiento al rey de iguales características que las usadas hoy ante altos cargos, por Ej.: excelentísimo señor presidente de tal, o su majestad el rey de cual. Sófocles refleja las fórmulas en uso de su época, tal como otros autores.
Es importante darse cuenta, además, que el pedido popular ante Edipo no está motivado por su condición de rey o su poder soberano.
La razón que lleva al sacerdote a acudir a Edipo es que se le considera el “salvador de la ciudad” por su anterior intervención que los libró de la maldición de la esfinge. Es por este antecedente, y confiados en que repetirá la acción salvadora, que se le pide que “busque remedio” para estos nuevos males que asolan la ciudad de Cadmo.
Sófocles muestra al rey preocupado por el sufrimiento de su pueblo y ocupado, no en su prestigio, sino en encontrar una respuesta que acabe con el mal. Por eso escucha lo que le dice el anciano y por eso ya había dispuesto el envío de su cuñado Creonte al templo de Delfos para conocer qué votos o sacrificios se debían realizar a fin de salvar a la ciudad.
Sófocles no da indicios que permitan sospechar un afán de gloria en Edipo. Muestra, más bien, a un gobernante interesado en el bienestar de su pueblo, que hace público su ruego al dios Apolo solicitándole que la corona de laureles que porta su cuñado, al que ve regresar, sea señal de los buenos augurios que tanto espera.
La llegada de Creonte es el elemento que el autor utiliza para revelar la razón que, de acuerdo a la creencia popular de su época, sería el origen de todos los males del presente.
El oráculo de Delfos le informó que el asesino de Layo, el anterior rey, se encuentra conviviendo entre el pueblo y que debe ser localizado. Sólo su destierro o su muerte apagará la peste.
Así queda claro que es la no expiación de un crimen cometido en el pasado la causa del mal. Se muestra la dura mano de los dioses castigando la inacción de los hombres que no han hecho justicia.
Esta escena deja ver a un Edipo que no tiene nada que ocultar y, sin temores, invita a Creonte a hablar frente a todos.
Desconoce los pormenores del asesinato de Layo y se manifiesta preocupado y diligente en conocer los antecedentes y aún en encontrar algún testigo que pueda aportar datos.
Incluso, consciente de la infausta suerte de su antecesor, teme que el asesino también lo mate a él. No por temor a la perdida del poder sino de su propia vida ante un oculto asesino que quizá lo mate por su sola condición de rey. Un temor similar al que vive un chofer de taxi cuando se entera del asesinato de otro chofer de su misma compañía.
Termina la escena con un Edipo que se compromete públicamente a efectuar una investigación que esclarezca el caso y haga justicia.
Esta será la “verdad” que dioses, realeza, sacerdotes, adivinos, ciudadanos y esclavos querrán conocer para que se restablezca la calma y el bienestar en la ciudad.
Prosigue el desarrollo de la obra con una tristísima súplica a cargo del Coro que acentúa la terrible desolación que devasta a la ciudad, amenazándola con la desaparición. Se clama a todos los dioses pidiendo su intervención favorable.
Edipo, atento a este ruego y a su condición de rey ordena se le informe sobre el asesino, si es que se sabe de él, sea nativo o extranjero.
Da su palabra de que, sea quien sea, hará justicia.
A todas luces, desconoce cuán trágicamente implicado está él en este asunto.
En una muestra más de su hombría de bien resalta que no debió ser necesario que un dios pidiera justicia. Les reprocha que ellos mismo debieron haberla efectuado sin demora para no dejar impune el crimen del más eminente de sus hombres y, además, su rey.
Finalmente profiere maldiciones contra el asesino y a cualquiera que le oculte.
En respuesta a estos dichos, en nombre del Coro, habla Corifeo informando que si no han noticiado nada es porque nada saben y sugiere se procure la intervención de un famoso adivino ciego, Tiresias.
Poco antes de cerrar la escena, Sófocles utiliza dos breves párrafos para resaltar el carácter honroso de Edipo. Tomar nota de ello me parece vital para conocer el punto de referencia que el autor parece desear que tengamos sobre el personaje central.
Luego de señalarle Corifeo al rey que el asesino, si estaba en el pueblo, seguramente se habrá marchado tras escuchar las imprecaciones del monarca, éste le responde que “a quien no lo asusta el crimen, tampoco lo intimidan las palabras”.
El significado de esto es claro: Se ve a Edipo consciente de la falta de valores que caracteriza a las almas dispuestas al mal y, por este medio, se lo perfila como opuesto a esta condición. Él es y será siempre respetuoso de los valores. Este análisis quedará totalmente confirmado cuando se observe como el monarca cumple y ordena cumplir sobre su propia persona la pena que él mismo había establecido para el culpable.
Sófocles nos pinta un hombre de palabra (quizá proponiendo un modelo) que pondrá la suya propia como garantía de su acción, más allá que, luego de descubrirse culpable, bien pudiera haberse escudado en frases como la pronunciada por él mismo en “Edipo en Colono”, cosa que no hizo: “Si mi padre fue prevenido por los oráculos sobre que moriría asesinado por su hijo: ¿Con qué justicia se me puede imputar eso a mí que ni había sido engendrado por mi padre ni concebido por mi madre, cuando aun no había nacido?”. En esta misma obra y casi inmediatamente después de lo expresado, Corifeo le dice al rey Teseo, en alusión a Edipo: “Vuestro huésped, Majestad, es honorable y merece ser defendido dado sus terribles desgracias”.
El nuevo personaje que incorpora Sófocles es una pieza fundamental para el crecimiento de la trama y del clima de sospecha. Por intermedio de Tiresias, el adivino ciego, una mezcla de luz y tinieblas inundará la escena, obligando a todos los personajes a apurar el desenlace.
Cuando Edipo, que lo había enviado a buscar, advierte su llegada se alegra y, cargándolo de elogios, le suplica que ayude a la ciudad.
Termina su discurso con una frase con la que, nuevamente, el autor dibuja el carácter moral del monarca: “Servir a sus semejantes es la mejor forma que tiene un hombre de utilizar su sabiduría y su riqueza”.
Tiresias se muestra desanimado y pide retirarse. Sostiene que será mejor para ambos su partida.
Edipo reitera su insistente pedido, ahora por los mismos dioses, para que diga lo que sabe.
El adivino vuelve a negarse aludiendo que no desea darle a conocer al rey su infortunio. Esta extraña actitud alimenta la incertidumbre que crecerá aún más cuando, ante un nuevo pedido (a esta altura una orden), termina por imputarle: “Tú eres el ser impuro que ensucia a esta tierra”.
Naturalmente, ante esta acusación Edipo sospecha que no se trata de un acto de adivinación sino de una conjura.
Todo comienza a precipitarse.
Resuelto a hablar, Tiresias inculpa a Edipo de ser el asesino de Layo y se lamenta por la grave situación de inmoralidad en la que este está viviendo sin saberlo.
Aumenta la ira de Edipo quien, sin dudarlo, le acusa de utilizar falsas imputaciones, que imagina obra de Creonte, a quien el adivino estaría queriendo beneficiar para erigirlo como nuevo rey y luego ser su consejero.
El auditorio queda frente a dos posiciones encontradas: Tiresias imputando el crimen de Layo a Edipo y éste defendiéndose de la acusación mostrando que se trata de una conspiración para destronarlo.
Es excelente el modo en que Sófocles genera la atmósfera de suspenso. Si prescindimos del conocimiento previo que solemos tener de la historia de Edipo, es indudable que, hasta este punto, no podemos siquiera imaginar como terminará la historia; cuanto hay de verdad y cuanto de mentira.
Interviene brevemente Corifeo para pedir a ambas partes que se serenen, entendiendo que lo dicho es mero palabrerío nacido de la cólera.
Poco después, se retira el adivino y Edipo entra en el palacio.
No podemos dejar pasar por alto la inmediata intervención del Coro por medio del cual Sófocles hace saber al público como deben verse las cosas.
Las ultimas palabras del Coro, que ha escuchado el intercambio de acusaciones precedente, indican que jamás se pondrán contra Edipo a menos que los hechos confirmen las acusaciones. Esto es debido a que, habiendo sido el salvador de la ciudad, hasta el momento no encontraron nada malo en él.
De este modo el autor nos dice que las acusaciones de Tiresias son serías pero no parecen ajustarse a la verdad que todos conocen. No hay quien pueda hablar mal de Edipo; sí elementos para pensar bien sobre él.
Seguimos frente a un hombre que se muestra a sí mismo sin culpas y del mismo modo es juzgado por los demás.
En la nueva escena entrará Creonte para defenderse de la acusación de conspiración.
Se dirigirá a los ciudadanos quienes serán representados por Corifeo exponiendo ante ellos su inocencia. Se mostrará perplejo por la actitud de Edipo.
Acto seguido este último entrará y habrá un mutuo intercambio de acusaciones y defensas, frente a los ciudadanos.
Resulta evidente que Edipo siempre es presentado como quien no tiene nada que ocultar.
Y esto es así ya que no conoce su trágico sino. Nosotros lo sabemos y eso nos hace presumir que se defiende premeditadamente. Pero solo se trata de un acto de mera supervivencia ante lo que considera ajeno a sí.
En la mutua indagación de esta escena se presenta una buena cuestión a cargo de Edipo: ¿Por qué el adivino Tiresias revela ahora quien es el asesino de Layo y no lo hizo en su momento?
Con este argumento Edipo justifica su sospecha sobre Creonte.
Este se defiende diciendo que, siendo su cuñado, no tiene necesidad de ser rey pues logra mayor aprecio y adulación del pueblo que si tuviera que ejercer el poder y realizar acciones contrarias al favor popular.
Ambas exposiciones son convincentes.
Las diferencias seguirán sin resolución hasta que aparezca un nuevo personaje en escena: Yocasta, esposa de Edipo, que más tarde se descubrirá que también es su madre.
Yocasta iniciará su discurso atribuyendo la disputa a celos particulares de cada uno de ellos; textualmente “a motivos futiles”.
De esta manera tanto la acusación sobre Edipo por parte de Tiresias como la sospecha sobre Creonte quedan descartadas para ella. Todo sería fruto de la tensa situación que se está padeciendo.
Delante de Yocasta y de los ciudadanos Creonte jura solemnemente que es inocente.
El Coro le pide a Edipo que, ante esto, lo libere de toda sospecha.
El monarca accederá pero con preocupación porque ya se instaló en él el temor de una acción en su contra aprovechando la situación de Tebas.
Creonte saldrá de escena y el diálogo que sigue estará encabezado por Yocasta y Edipo.
Enterada Yocasta de la acusación de asesinato de Layo que Tiresias pronunció sobre Edipo, esta efectúa unas revelaciones a fin de apaciguar el espíritu del rey.
Le informa que él es inocente ya que la muerte de Layo se produjo a manos de unos bandidos en un cruce de tres caminos; de modo que no fue uno sino varios los asesinos. Además, respecto del hijo de Layo, sobre el que pesaba la profecía de que mataría a su padre, a tres días de nacido fue entregado a un desconocido para que lo arrojara a un bosque. Muerto el niño la profecía no se habría cumplido resultando que, además, según manifiesta, la muerte de Layo terminó siendo fruto de un atraco de bandoleros.
El relato de Yocasta lejos de tranquilizar a Edipo lo conmueve profundamente pues le recuerda una situación vivida por él.
Cuenta que hace tiempo, en un banquete, un borracho le dijo que su padre Pólibo, el corintio y su madre Mérope, la doria, no eran en realidad sus progenitores. Desesperado Edipo les consultó sobre esto y ellos lo desmintieron. Sin embargo, acuciado por la duda, concurrió al oráculo de Delfos. Éste lo rechazó no sin antes informarle que sería el asesino de su padre y que se casaría con su madre. Por este motivo Edipo no volvió a Corinto, para evitar el cumplimiento profético. Pero andando el camino, en un cruce se le presentó un personaje de las características de Layo a quien mató en defensa propia.
Se advierte aquí lo siguiente: Edipo conoce una profecía que reúne características similares a la acusación de Tiresias pero que él aplica expresamente a aquellos que considera sus padres: Pólibo y Mérope, y que no vincula de ningún modo con los argumentos dados por el adivino.
No puede ser de otra manera. Estamos hablando de un adulto al que nadie le reveló la falsedad de su vinculo familiar.
Nuevamente su actitud es la de evitar el mal y someterse a un auto destierro para evitar el cumplimiento del nefasto vaticinio.
Luego, cuando Tiresias le habla de algo similar, pero para Edipo ajeno ya que no supone a Layo su padre, es natural que no pretenda mayor indagación y que rechace la imputación.
En este rechazo el autor nos exhibe un rasgo de la conducta humana del que más tarde nos hablará Friedrich Nietzsche en “El ocaso de los dioses”. Leemos en el punto 5 de “Los cuatro grandes errores”: “Lo desconocido involucra peligro, inquietud, zozobra; el instinto acostumbra ocuparse de eliminar estos estados penosos. Primer principio: Cualquier explicación es preferible a ninguna... cualquier representación mental que permita tornar conocido lo desconocido resulta reconfortante y se la cree cierta. Es la prueba del placer como criterio de verdad”.
Edipo se encuentra en esta situación.
Sabemos ahora que su vida es desdichada porque un oráculo le dijo que asesinaría a quien él considera su padre, Pólibo, y que se casaría con su supuesta madre, Mérope. Sabemos de su esfuerzo, separándose, alejándose de ellos, para impedir esta calamidad. Luego alguien le imputa un mal similar al que él está procurando evitar pero relacionándolo con otros personajes. Su mente se confunde, se atormenta y lucha por eliminar ese “estado penoso” y por hallar placer en la “verdad” que le es conocida, sin procurar mayor explicación que la que tiene.
Toda vez que lo veamos contrariar alguna situación se tratará de: el rechazo natural a una verdad distinta a la conocida por él o, retomando a Nietzsche, una conducta de base instintiva (cualquier explicación es preferible a ninguna).
No obstante, un recuerdo puntual –revivido tras el relato de Yocasta-, lo acontecido en un cruce de tres caminos, lo hace temblar. Y su espíritu no será tan mezquino como para impedir el avance de la verdad.
Como se ha de ver, será más bien Yocasta quien le refute una y otra vez que no hay pruebas en su contra.
Edipo no resolverá su conflicto con mentiras sino empecinándose en la verdad. Para ello hará buscar al único sobreviviente del ataque a Layo, un siervo que se recluyó en el campo. Se esperará que éste confirme si en el hecho participaron varios delincuentes como oportunamente se dijo o sólo uno.
Acto seguido queda sólo el Coro por intermedio del cual Sófocles hace saber el sentir popular: Todos están perplejos y nadie entiende como puede ser que los oráculos sobre Layo no se hayan cumplido. También le sirve para anunciar, indirectamente, la pronta resolución del conflicto: El Coro suplica la intervención de los dioses para que esto se aclare.
Los ruegos no tardarán en ser oídos pues, inmediatamente, un mensajero procedente de Corinto traerá noticias inesperadas. Anunciará que Pólibo ha muerto.
La primera en enterarse será Yocasta quien, plena de alegría, hará llamar a Edipo para noticiarlo.
Enterado el rey se mostrará consolado por no haber sido él responsable de la muerte. Sentirá que su alejamiento de Corinto tuvo sentido, más allá de que hubiera preferido –así lo manifiesta- que aquello no sucediera para disfrutar de sus padres.
Tanto él como Yocasta ven con alegría que el oráculo que había recibido en Delfos comience a carecer de sentido pues no mató a su padre, Pólibo.
En este punto, Foucault señala que Edipo no muestra tristeza por la muerte de Pólibo. Interpreta la situación como una muestra más de su marcado interés y preocupación por retener el poder, pues con esto se ve libre de sospechas y asegura su perpetuidad.
Como fuera expresado más arriba, la situación de Edipo es a todas luces dramática, al punto de verse obligado a irse para siempre de Corinto para evitar la muerte de Pólibo en sus manos.
La noticia del mensajero no le trae alegría sino un esperado sosiego pues le hace sentir que su propio sufrimiento, alejado de sus padres por la fuerza de la circunstancia, ha servido para evitar el cumplimiento de, al menos, una parte de la horrible profecía.
Es de notar que ambos, Edipo y Yocasta, durante los diálogos junto al mensajero hacen repetidas referencias a Pólibo como el “padre” de Edipo: “tu padre Pólibo”, “¿...debía yo matar a mi padre?”, “gran descanso es la muerte de tu padre”, etc.
No pasa lo mismo con el mensajero. Él nunca se refiere a Pólibo como “padre” de Edipo.
Esto muestra un cuidado del autor. ¿Por qué?. Porque será el mensajero el encargado de notificar a Edipo que Pólibo no es su padre.
Este hecho sucederá rápido.
Edipo se mostrará parcialmente tranquilo por el deceso de quien considera su progenitor ya que aun le resta evitar casarse con quien sería su madre, Mérope.
Cuando hace saber esto al mensajero, éste le informa que nada debe temer.
Otra vez, se desatará una nueva tormenta de angustias para el personaje central de la obra.
El mensajero le notifica que Pólibo no era su padre ni Mérope su madre.
Relata que él mismo lo entregó al rey de Corinto tras haberlo rescatado en el bosque Citerón, donde lo recibió a su vez de otro pastor que habría sido servidor de Layo.
La situación es aprovechada para explicar el origen del nombre del monarca. Cuando se lo recogió del bosque le desataron los tobillos que tenía perforados. Por eso el rey de Corinto lo llamó Edipo: “el de los pies hinchados” o “tobillos taladrados”.
Saliéndome un poco del relato, recuerdo aquí una apreciación de Foucault respecto del título de la obra, dice: “Es digno de tener en cuenta que... no sea: Edipo, el incestuoso o Edipo, asesino de su padre, sino Edipo, rey. ¿Qué significa la realeza de Edipo?”. A partir de allí renueva su posición sobre que el tema central es el poder, resaltado por la propia titulación.
Me parece que evaluando los análisis efectuados hasta aquí que nos permiten descartar el tema del poder como eje de la trama, podemos conjeturar una respuesta diferente al porqué del nombre de la obra.
Si pensamos al título “Edipo, rey” como una señal dada por el autor para que comprendamos que hablará de “Edipo y el poder”, tenemos que preguntarnos por qué la obra que sería su continuación se llama “Edipo en Colono”. No interpretamos este segundo título como una señal sobre que el tema será “Edipo y esa ciudad”. De hecho no se trata de eso. En cambio sabemos que sí se trata del relato que describe los últimos días de Edipo en el destierro, ciego, querido y ayudado por sus hijas y respetado hasta por el propio Teseo quien tiene palabras elogiosas para él. De aquí deducimos que “Edipo en Colono” es el equivalente a decir “La historia de los últimos días de Edipo en Colono”. Del mismo modo podemos inferir que “Edipo, rey” bien pudiera ser el equivalente a decir “La historia de los días de Edipo cuando era rey”.
La verdad última sobre si esto es así o no la guarda Sófocles y es imposible, hasta donde sabemos, pedirle respuesta. Una cosa si es segura, en “Edipo en Colono”, su última obra, quiso que su tierra natal quedara inmortalizada.
Regresemos a la escena.
Dijimos que el mensajero le notificó a Edipo que Pólibo no es su padre ni Mérope su madre. Él lo entregó al cuidado de ellos, habiéndolo recibido a su vez de manos de un servidor de Layo.
Es evidente que aquel “alivio” que implicó enterarse de la muerte de Pólibo queda totalmente destruido cuando se advierte que si éste no es su padre ni aquella su madre, aun es potencialmente capaz de cumplir el fatal presagio, si es que aun no lo cumplió
Ahora sabe que otro fue su padre y que pudiera tratarse del mismo Layo.
Conforme el relato de Yocasta y lo que sabe sobre sí mismo, hay varias coincidencias en cuanto al tema del abandono en un bosque y sobre el oráculo.
Quedará conocer si el testigo sobreviviente del atraco puede confirmar si los atacantes fueron varios o uno solo, y también si puede localizarse al pastor que entregó un recién nacido en el bosque al mensajero.
Edipo, desesperado por conocer la verdad, aunque sin duda esperando sea muy otra de la que se presenta ahora ante sus ojos, pide el auxilio de los ciudadanos (representados por el Coro) para ubicar al pastor.
Será Corifeo quien le informe que el individuo que se busca es el mismo que sobrevivió al ataque. Yocasta tendría información sobre su paradero pues le habría solicitado a ella retirarse de la ciudad al campo cuando Edipo fue hecho rey.
Tenemos aquí un enigmático personaje que guarda un enorme conocimiento. Sabe que Edipo no fue muerto cuando niño sino entregado a otra familia, y vio el cumplimiento de la profecía cuando Layo fue asesinado por éste, luego nombrado rey de Tebas y finalmente desposado con su propia madre.
Él es responsable de esta situación; es la herramienta sin la cual la profecía no se hubiera cumplido; al desoir el mandato de Layo, dejando con vida al niño, hizo posible esta sucesión de infortunios.
En el diálogo que sigue entre Edipo y Yocasta, ella se niega a darle la información requerida pero él insiste, pretende llegar hasta las últimas consecuencias.
Es entonces cuando el autor nos muestra que Yocasta ya entendió en su corazón la nefasta verdad, diciéndole: “¡Desdichado!, ¡Ojalá nunca sepas quien eres!”. Muy alterada entrará en el palacio.
Corifeo manifiesta miedo por el silencio y el precipitado alejamiento de Yocasta, preparando al auditorio para lo que vendrá: “Temo... que estallen desgracias”.
Edipo insiste en conocer su origen. Dice que no le importaría que de esta investigación resulte que fuera hijo de esclavos.
Este comentario es un recurso del autor mediante el cual muestra al atormentado Edipo refugiándose en una verdad que, aunque vergonzosa para un rey, sería para él mejor que su cruel destino. Recordemos a Nietzsche: “El instinto acostumbra ocuparse de eliminar estos estados penosos”.
Ya estamos prontos a arribar al desenlace de esta historia.
Acompañado por dos esclavos entra el tan esperado pastor, ya anciano, un fiel servidor de Layo.
Edipo coteja con el mensajero si el pastor de quien hablaba es el mismo que tiene delante y éste se lo confirma.
Un rico intercambio de preguntas y respuestas entre los tres terminará por destruir la poca esperanza que el monarca guardaba en su corazón.
Se le confirma que es hijo de Layo; que Yocasta lo entregó al pastor para que muriera en el bosque; que por compasión éste desobedeció y el recién nacido Edipo terminó siendo adoptado por Pólibo y su esposa; que fue el asesino de su padre en el cruce de los tres caminos; que Yocasta, con la que se casó, es su madre.
Preso de la más intensa angustia, entrará en el palacio, desapareciendo de escena.
Queda el Coro lamentándose por el torbellino de tribulaciones que sufre Edipo y se pregunta ¿Qué valor puede tener la felicidad de un hombre que de pronto es arrojado a tantas desgracias? El dolor agobia a toda la ciudad.
Un mensajero procedente del interior del palacio informará que Yocasta se ha suicidado y que Edipo se hirió la cuenca de sus ojos con dos broches del vestido de ella, quedando ciego.
Estas circunstancia son descriptas con una solemnidad y un dramatismo que logran conmover profundamente al auditorio.
Todo es desdicha. La vida de un hombre que parecía afortunado, elegido por los dioses, a sido trocada por el peor de los abismos.
Esta es la historia de Edipo, de un hombre que fue hecho rey por salvar a la ciudad de sus males.
No es la ambición ni el despotismo lo que lo erige como monarca. Es el servicio a favor de los otros.
Y llegará a inmolarse a sí mismo para volver a salvar a Tebas.
Sus propias palabras a Tiresias: “Servir a sus semejantes es la mejor forma que tiene un hombre de utilizar su sabiduría y su riqueza”, nos permiten percibir su altruismo.
Entregarse en manos de Creonte, su cuñado, para que se cumpla sobre sí con el castigo del destierro que él había establecido, lo dibuja entero, fiel, de palabra.
En “Antígona”, Sófocles pondrá en boca de Creonte palabras de respeto aludiendo al recuerdo de Edipo: “Ancianos, el timón de la ciudad que los dioses bajo tremenda tempestad habían conmovido, hoy de nuevo enderezan... yo... conozco bien vuestro continuo respeto al gobierno de Layo, y también, igualmente, mientras regía Edipo la ciudad; porque sé que, cuando él murió, vuestro sentimiento de lealtad os hizo permanecer al lado de sus hijos”.
“Edipo, rey” es la historia de un hombre luchando contra su destino; de uno que llegó a ser muy feliz y, sin embargo, bastó un sólo día para que lo perdiera todo.
Hablando sobre eso terminará la obra. Será Corifeo quien nos hará saber que enseñanza hay tras la tragedia de Edipo: No se puede considerar feliz a nadie hasta que no veamos llegar su ultimo día también en felicidad.
Un fragmento de la tragedia “Fenicias” de Eurípides, habla del momento en que Edipo y Antígona parten al destierro. Sintetiza perfectamente lo dicho. Allí Antígona se lamenta: “¡Dónde queda el Edipo de los grandes enigmas!”. Edipo responde: “Ya no existo, hija mía. Sólo un día en la cumbre, otro día en la nada”.
Para aquellos que aun no leyeron “Edipo, rey”, espero que este análisis haya despertado su interés en esta obra digna de lectura por su rica trama, su intriga, su valor moral, su calidad literaria.
Para los que ya lo hicieron, ojalá haya conseguido estimular su deseo de relectura.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
de la historia de Edipo...
La verdad y las formas jurídicas – Michel Foucault
La segunda de las cinco conferencias ofrecidas por el filósofo francés Michel Foucault, en la Universidad de Río de Janeiro, Brasil, en 1973, que conocemos bajo el nombre “La verdad y las formas jurídicas”, usa la tragedia de Sófocles como punto de partida.
Cuando el particular análisis expuesto por Foucault llegó a mis manos, yo acababa de leer la obra “Edipo rey”. Me hizo sentir que debía releerla.
Dos circunstancias motivaron ese deseo: la primera, la alegría de encontrar a alguien que exponía un punto de vista coincidente con el que yo había tenido al concluir la lectura: “Edipo no sería pues una verdad de naturaleza sino un instrumento de limitación y de coacción que los psicoanalistas, a partir de Freud, utilizan para contar el deseo y hacerlo entrar en una estructura familiar que nuestra sociedad definió en un determinado momento. En otras palabras, Edipo, según Deleuze y Guattari, no es el contenido secreto de nuestro inconsciente, sino la forma de coacción que el psicoanálisis intenta imponer en la cura a nuestro deseo y a nuestro inconsciente”. Me sirvió también para conocer la existencia de un libro que espero poder leer alguna vez, “Anti-Edipo”, de Deleuze y Guattari. La segunda razón era verificar algunas afirmaciones de Foucault, vinculadas al tema del “poder” como: “lo que está en cuestión, desde el comienzo de la obra, es el poder” o “En Edipo rey, Edipo no defiende en modo alguno su inocencia, su problema es el poder y cómo hacer para conservarlo; esta es la cuestión de fondo desde el comienzo hasta el final de la obra”.
No me pareció que esto último fuera efectivamente así, al menos no de manera tan categórica.
Era necesario que releyera “Edipo rey”. Y me resultó doblemente beneficioso: Pude desarrollar mis propias conclusiones sobre las afirmaciones de Foucault y, a la vez, apreciar y valorar con mayor detalle la enorme capacidad creativa de Sófocles. También disfruté de la lectura adicional de “Edipo en Colono” y de “Antígona”.
Este escrito es el fruto ulterior de estas lecturas. No conlleva, en modo alguno, un afán de oposición a los dichos expuestos en la segunda conferencia aludida. No es ese el motor que lo mueve.
Sólo es el resultado de un volver a ver el contenido de “Edipo rey” y exponer mis humildes conclusiones sobre esta magnífica tragedia.
Inevitablemente, si se verá que no comparto la opinión expuesta por Foucault en cuanto a que “lo que está en cuestión, desde el comienzo de la obra, es el poder”. Me parece que este no es el asunto central.
Considero que en “Edipo rey” el poder es lo secundario de la trama; el eje central es la “Verdad”, sus consecuencias y la sujeción a los valores éticos imperantes en una época. Las lecturas adicionales de “Edipo en Colono” y de “Antígona” ayudan a esta conclusión.
Es oportuno tener presente que el mismo Foucault habla de esto a poco de iniciar su exposición cuando dice: “La tragedia de Edipo es... la historia de una indagación de la verdad; un procedimiento de investigación de la verdad que obedece exactamente a las prácticas judiciales griegas de esa época”.
Como un documento comprobatorio de la validez de sus propias primeras palabras, cuando dice: “Es probable que estas conferencias contengan una cantidad de cosas inexactas, falsas, erróneas”, lo vemos luego centrar su insistencia en el tema del poder, colocándolo en el centro de la escena. Esto nos obliga a recordar también su prudente consejo, muestra de gran sensatez: “Prefiero exponerlas pues, a título de hipótesis para un trabajo futuro” -Primera conferencia-.
Procuraré mostrar que la defensa que Edipo realiza no revela interés por el “poder”. Su comportamiento es la respuesta previsible de cualquier persona honesta que ve amenazada su forma de vida, que teme la alteración de su entorno habitual. En tal sentido, esto lo torna un factor secundario en la trama de la obra, en tanto que se trata de algo inherente a cualquier individuo más allá de su rango jerárquico.
No pasa lo mismo con la “Verdad” que es el elemento que, durante todo “Edipo rey”, ocupa el interés de dioses, reyes, ciudadanos y esclavos.
En la tragedia de Sófocles, el deseo de alcanzar el conocimiento exacto de una “verdad” no es aquel que afecta al filósofo o pensador interesado en profundizar su saber respecto de la esencia de las cosas.
Se trata de una “verdad” sobre meros hechos terrenales cuyo develamiento supone un inmediato efecto reparador de las dolencias de la sociedad.
El autor nos muestra a los pobladores de Tebas angustiados por la proliferación de una epidemia mortífera que castiga al campo, a los rebaños y a los niños.
Para ellos estas desgracias son una clara manifestación de la furia de la divinidad.
En tales circunstancias, entendiendo agotadas las gestiones efectuadas hasta por los propios sacerdotes que encabezan la manifestación, visitan a Edipo en actitud suplicante.
Uno puede leer en los primeros diálogos, exclamaciones tales como: “Yo, al que ustedes llaman el eminente Edipo...” o “Poderoso Edipo que reinas en el país...”. Sin embargo, esto no está incluido a efectos de resaltar expresamente el poder del personaje central. Son meras fórmulas de tratamiento al rey de iguales características que las usadas hoy ante altos cargos, por Ej.: excelentísimo señor presidente de tal, o su majestad el rey de cual. Sófocles refleja las fórmulas en uso de su época, tal como otros autores.
Es importante darse cuenta, además, que el pedido popular ante Edipo no está motivado por su condición de rey o su poder soberano.
La razón que lleva al sacerdote a acudir a Edipo es que se le considera el “salvador de la ciudad” por su anterior intervención que los libró de la maldición de la esfinge. Es por este antecedente, y confiados en que repetirá la acción salvadora, que se le pide que “busque remedio” para estos nuevos males que asolan la ciudad de Cadmo.
Sófocles muestra al rey preocupado por el sufrimiento de su pueblo y ocupado, no en su prestigio, sino en encontrar una respuesta que acabe con el mal. Por eso escucha lo que le dice el anciano y por eso ya había dispuesto el envío de su cuñado Creonte al templo de Delfos para conocer qué votos o sacrificios se debían realizar a fin de salvar a la ciudad.
Sófocles no da indicios que permitan sospechar un afán de gloria en Edipo. Muestra, más bien, a un gobernante interesado en el bienestar de su pueblo, que hace público su ruego al dios Apolo solicitándole que la corona de laureles que porta su cuñado, al que ve regresar, sea señal de los buenos augurios que tanto espera.
La llegada de Creonte es el elemento que el autor utiliza para revelar la razón que, de acuerdo a la creencia popular de su época, sería el origen de todos los males del presente.
El oráculo de Delfos le informó que el asesino de Layo, el anterior rey, se encuentra conviviendo entre el pueblo y que debe ser localizado. Sólo su destierro o su muerte apagará la peste.
Así queda claro que es la no expiación de un crimen cometido en el pasado la causa del mal. Se muestra la dura mano de los dioses castigando la inacción de los hombres que no han hecho justicia.
Esta escena deja ver a un Edipo que no tiene nada que ocultar y, sin temores, invita a Creonte a hablar frente a todos.
Desconoce los pormenores del asesinato de Layo y se manifiesta preocupado y diligente en conocer los antecedentes y aún en encontrar algún testigo que pueda aportar datos.
Incluso, consciente de la infausta suerte de su antecesor, teme que el asesino también lo mate a él. No por temor a la perdida del poder sino de su propia vida ante un oculto asesino que quizá lo mate por su sola condición de rey. Un temor similar al que vive un chofer de taxi cuando se entera del asesinato de otro chofer de su misma compañía.
Termina la escena con un Edipo que se compromete públicamente a efectuar una investigación que esclarezca el caso y haga justicia.
Esta será la “verdad” que dioses, realeza, sacerdotes, adivinos, ciudadanos y esclavos querrán conocer para que se restablezca la calma y el bienestar en la ciudad.
Prosigue el desarrollo de la obra con una tristísima súplica a cargo del Coro que acentúa la terrible desolación que devasta a la ciudad, amenazándola con la desaparición. Se clama a todos los dioses pidiendo su intervención favorable.
Edipo, atento a este ruego y a su condición de rey ordena se le informe sobre el asesino, si es que se sabe de él, sea nativo o extranjero.
Da su palabra de que, sea quien sea, hará justicia.
A todas luces, desconoce cuán trágicamente implicado está él en este asunto.
En una muestra más de su hombría de bien resalta que no debió ser necesario que un dios pidiera justicia. Les reprocha que ellos mismo debieron haberla efectuado sin demora para no dejar impune el crimen del más eminente de sus hombres y, además, su rey.
Finalmente profiere maldiciones contra el asesino y a cualquiera que le oculte.
En respuesta a estos dichos, en nombre del Coro, habla Corifeo informando que si no han noticiado nada es porque nada saben y sugiere se procure la intervención de un famoso adivino ciego, Tiresias.
Poco antes de cerrar la escena, Sófocles utiliza dos breves párrafos para resaltar el carácter honroso de Edipo. Tomar nota de ello me parece vital para conocer el punto de referencia que el autor parece desear que tengamos sobre el personaje central.
Luego de señalarle Corifeo al rey que el asesino, si estaba en el pueblo, seguramente se habrá marchado tras escuchar las imprecaciones del monarca, éste le responde que “a quien no lo asusta el crimen, tampoco lo intimidan las palabras”.
El significado de esto es claro: Se ve a Edipo consciente de la falta de valores que caracteriza a las almas dispuestas al mal y, por este medio, se lo perfila como opuesto a esta condición. Él es y será siempre respetuoso de los valores. Este análisis quedará totalmente confirmado cuando se observe como el monarca cumple y ordena cumplir sobre su propia persona la pena que él mismo había establecido para el culpable.
Sófocles nos pinta un hombre de palabra (quizá proponiendo un modelo) que pondrá la suya propia como garantía de su acción, más allá que, luego de descubrirse culpable, bien pudiera haberse escudado en frases como la pronunciada por él mismo en “Edipo en Colono”, cosa que no hizo: “Si mi padre fue prevenido por los oráculos sobre que moriría asesinado por su hijo: ¿Con qué justicia se me puede imputar eso a mí que ni había sido engendrado por mi padre ni concebido por mi madre, cuando aun no había nacido?”. En esta misma obra y casi inmediatamente después de lo expresado, Corifeo le dice al rey Teseo, en alusión a Edipo: “Vuestro huésped, Majestad, es honorable y merece ser defendido dado sus terribles desgracias”.
El nuevo personaje que incorpora Sófocles es una pieza fundamental para el crecimiento de la trama y del clima de sospecha. Por intermedio de Tiresias, el adivino ciego, una mezcla de luz y tinieblas inundará la escena, obligando a todos los personajes a apurar el desenlace.
Cuando Edipo, que lo había enviado a buscar, advierte su llegada se alegra y, cargándolo de elogios, le suplica que ayude a la ciudad.
Termina su discurso con una frase con la que, nuevamente, el autor dibuja el carácter moral del monarca: “Servir a sus semejantes es la mejor forma que tiene un hombre de utilizar su sabiduría y su riqueza”.
Tiresias se muestra desanimado y pide retirarse. Sostiene que será mejor para ambos su partida.
Edipo reitera su insistente pedido, ahora por los mismos dioses, para que diga lo que sabe.
El adivino vuelve a negarse aludiendo que no desea darle a conocer al rey su infortunio. Esta extraña actitud alimenta la incertidumbre que crecerá aún más cuando, ante un nuevo pedido (a esta altura una orden), termina por imputarle: “Tú eres el ser impuro que ensucia a esta tierra”.
Naturalmente, ante esta acusación Edipo sospecha que no se trata de un acto de adivinación sino de una conjura.
Todo comienza a precipitarse.
Resuelto a hablar, Tiresias inculpa a Edipo de ser el asesino de Layo y se lamenta por la grave situación de inmoralidad en la que este está viviendo sin saberlo.
Aumenta la ira de Edipo quien, sin dudarlo, le acusa de utilizar falsas imputaciones, que imagina obra de Creonte, a quien el adivino estaría queriendo beneficiar para erigirlo como nuevo rey y luego ser su consejero.
El auditorio queda frente a dos posiciones encontradas: Tiresias imputando el crimen de Layo a Edipo y éste defendiéndose de la acusación mostrando que se trata de una conspiración para destronarlo.
Es excelente el modo en que Sófocles genera la atmósfera de suspenso. Si prescindimos del conocimiento previo que solemos tener de la historia de Edipo, es indudable que, hasta este punto, no podemos siquiera imaginar como terminará la historia; cuanto hay de verdad y cuanto de mentira.
Interviene brevemente Corifeo para pedir a ambas partes que se serenen, entendiendo que lo dicho es mero palabrerío nacido de la cólera.
Poco después, se retira el adivino y Edipo entra en el palacio.
No podemos dejar pasar por alto la inmediata intervención del Coro por medio del cual Sófocles hace saber al público como deben verse las cosas.
Las ultimas palabras del Coro, que ha escuchado el intercambio de acusaciones precedente, indican que jamás se pondrán contra Edipo a menos que los hechos confirmen las acusaciones. Esto es debido a que, habiendo sido el salvador de la ciudad, hasta el momento no encontraron nada malo en él.
De este modo el autor nos dice que las acusaciones de Tiresias son serías pero no parecen ajustarse a la verdad que todos conocen. No hay quien pueda hablar mal de Edipo; sí elementos para pensar bien sobre él.
Seguimos frente a un hombre que se muestra a sí mismo sin culpas y del mismo modo es juzgado por los demás.
En la nueva escena entrará Creonte para defenderse de la acusación de conspiración.
Se dirigirá a los ciudadanos quienes serán representados por Corifeo exponiendo ante ellos su inocencia. Se mostrará perplejo por la actitud de Edipo.
Acto seguido este último entrará y habrá un mutuo intercambio de acusaciones y defensas, frente a los ciudadanos.
Resulta evidente que Edipo siempre es presentado como quien no tiene nada que ocultar.
Y esto es así ya que no conoce su trágico sino. Nosotros lo sabemos y eso nos hace presumir que se defiende premeditadamente. Pero solo se trata de un acto de mera supervivencia ante lo que considera ajeno a sí.
En la mutua indagación de esta escena se presenta una buena cuestión a cargo de Edipo: ¿Por qué el adivino Tiresias revela ahora quien es el asesino de Layo y no lo hizo en su momento?
Con este argumento Edipo justifica su sospecha sobre Creonte.
Este se defiende diciendo que, siendo su cuñado, no tiene necesidad de ser rey pues logra mayor aprecio y adulación del pueblo que si tuviera que ejercer el poder y realizar acciones contrarias al favor popular.
Ambas exposiciones son convincentes.
Las diferencias seguirán sin resolución hasta que aparezca un nuevo personaje en escena: Yocasta, esposa de Edipo, que más tarde se descubrirá que también es su madre.
Yocasta iniciará su discurso atribuyendo la disputa a celos particulares de cada uno de ellos; textualmente “a motivos futiles”.
De esta manera tanto la acusación sobre Edipo por parte de Tiresias como la sospecha sobre Creonte quedan descartadas para ella. Todo sería fruto de la tensa situación que se está padeciendo.
Delante de Yocasta y de los ciudadanos Creonte jura solemnemente que es inocente.
El Coro le pide a Edipo que, ante esto, lo libere de toda sospecha.
El monarca accederá pero con preocupación porque ya se instaló en él el temor de una acción en su contra aprovechando la situación de Tebas.
Creonte saldrá de escena y el diálogo que sigue estará encabezado por Yocasta y Edipo.
Enterada Yocasta de la acusación de asesinato de Layo que Tiresias pronunció sobre Edipo, esta efectúa unas revelaciones a fin de apaciguar el espíritu del rey.
Le informa que él es inocente ya que la muerte de Layo se produjo a manos de unos bandidos en un cruce de tres caminos; de modo que no fue uno sino varios los asesinos. Además, respecto del hijo de Layo, sobre el que pesaba la profecía de que mataría a su padre, a tres días de nacido fue entregado a un desconocido para que lo arrojara a un bosque. Muerto el niño la profecía no se habría cumplido resultando que, además, según manifiesta, la muerte de Layo terminó siendo fruto de un atraco de bandoleros.
El relato de Yocasta lejos de tranquilizar a Edipo lo conmueve profundamente pues le recuerda una situación vivida por él.
Cuenta que hace tiempo, en un banquete, un borracho le dijo que su padre Pólibo, el corintio y su madre Mérope, la doria, no eran en realidad sus progenitores. Desesperado Edipo les consultó sobre esto y ellos lo desmintieron. Sin embargo, acuciado por la duda, concurrió al oráculo de Delfos. Éste lo rechazó no sin antes informarle que sería el asesino de su padre y que se casaría con su madre. Por este motivo Edipo no volvió a Corinto, para evitar el cumplimiento profético. Pero andando el camino, en un cruce se le presentó un personaje de las características de Layo a quien mató en defensa propia.
Se advierte aquí lo siguiente: Edipo conoce una profecía que reúne características similares a la acusación de Tiresias pero que él aplica expresamente a aquellos que considera sus padres: Pólibo y Mérope, y que no vincula de ningún modo con los argumentos dados por el adivino.
No puede ser de otra manera. Estamos hablando de un adulto al que nadie le reveló la falsedad de su vinculo familiar.
Nuevamente su actitud es la de evitar el mal y someterse a un auto destierro para evitar el cumplimiento del nefasto vaticinio.
Luego, cuando Tiresias le habla de algo similar, pero para Edipo ajeno ya que no supone a Layo su padre, es natural que no pretenda mayor indagación y que rechace la imputación.
En este rechazo el autor nos exhibe un rasgo de la conducta humana del que más tarde nos hablará Friedrich Nietzsche en “El ocaso de los dioses”. Leemos en el punto 5 de “Los cuatro grandes errores”: “Lo desconocido involucra peligro, inquietud, zozobra; el instinto acostumbra ocuparse de eliminar estos estados penosos. Primer principio: Cualquier explicación es preferible a ninguna... cualquier representación mental que permita tornar conocido lo desconocido resulta reconfortante y se la cree cierta. Es la prueba del placer como criterio de verdad”.
Edipo se encuentra en esta situación.
Sabemos ahora que su vida es desdichada porque un oráculo le dijo que asesinaría a quien él considera su padre, Pólibo, y que se casaría con su supuesta madre, Mérope. Sabemos de su esfuerzo, separándose, alejándose de ellos, para impedir esta calamidad. Luego alguien le imputa un mal similar al que él está procurando evitar pero relacionándolo con otros personajes. Su mente se confunde, se atormenta y lucha por eliminar ese “estado penoso” y por hallar placer en la “verdad” que le es conocida, sin procurar mayor explicación que la que tiene.
Toda vez que lo veamos contrariar alguna situación se tratará de: el rechazo natural a una verdad distinta a la conocida por él o, retomando a Nietzsche, una conducta de base instintiva (cualquier explicación es preferible a ninguna).
No obstante, un recuerdo puntual –revivido tras el relato de Yocasta-, lo acontecido en un cruce de tres caminos, lo hace temblar. Y su espíritu no será tan mezquino como para impedir el avance de la verdad.
Como se ha de ver, será más bien Yocasta quien le refute una y otra vez que no hay pruebas en su contra.
Edipo no resolverá su conflicto con mentiras sino empecinándose en la verdad. Para ello hará buscar al único sobreviviente del ataque a Layo, un siervo que se recluyó en el campo. Se esperará que éste confirme si en el hecho participaron varios delincuentes como oportunamente se dijo o sólo uno.
Acto seguido queda sólo el Coro por intermedio del cual Sófocles hace saber el sentir popular: Todos están perplejos y nadie entiende como puede ser que los oráculos sobre Layo no se hayan cumplido. También le sirve para anunciar, indirectamente, la pronta resolución del conflicto: El Coro suplica la intervención de los dioses para que esto se aclare.
Los ruegos no tardarán en ser oídos pues, inmediatamente, un mensajero procedente de Corinto traerá noticias inesperadas. Anunciará que Pólibo ha muerto.
La primera en enterarse será Yocasta quien, plena de alegría, hará llamar a Edipo para noticiarlo.
Enterado el rey se mostrará consolado por no haber sido él responsable de la muerte. Sentirá que su alejamiento de Corinto tuvo sentido, más allá de que hubiera preferido –así lo manifiesta- que aquello no sucediera para disfrutar de sus padres.
Tanto él como Yocasta ven con alegría que el oráculo que había recibido en Delfos comience a carecer de sentido pues no mató a su padre, Pólibo.
En este punto, Foucault señala que Edipo no muestra tristeza por la muerte de Pólibo. Interpreta la situación como una muestra más de su marcado interés y preocupación por retener el poder, pues con esto se ve libre de sospechas y asegura su perpetuidad.
Como fuera expresado más arriba, la situación de Edipo es a todas luces dramática, al punto de verse obligado a irse para siempre de Corinto para evitar la muerte de Pólibo en sus manos.
La noticia del mensajero no le trae alegría sino un esperado sosiego pues le hace sentir que su propio sufrimiento, alejado de sus padres por la fuerza de la circunstancia, ha servido para evitar el cumplimiento de, al menos, una parte de la horrible profecía.
Es de notar que ambos, Edipo y Yocasta, durante los diálogos junto al mensajero hacen repetidas referencias a Pólibo como el “padre” de Edipo: “tu padre Pólibo”, “¿...debía yo matar a mi padre?”, “gran descanso es la muerte de tu padre”, etc.
No pasa lo mismo con el mensajero. Él nunca se refiere a Pólibo como “padre” de Edipo.
Esto muestra un cuidado del autor. ¿Por qué?. Porque será el mensajero el encargado de notificar a Edipo que Pólibo no es su padre.
Este hecho sucederá rápido.
Edipo se mostrará parcialmente tranquilo por el deceso de quien considera su progenitor ya que aun le resta evitar casarse con quien sería su madre, Mérope.
Cuando hace saber esto al mensajero, éste le informa que nada debe temer.
Otra vez, se desatará una nueva tormenta de angustias para el personaje central de la obra.
El mensajero le notifica que Pólibo no era su padre ni Mérope su madre.
Relata que él mismo lo entregó al rey de Corinto tras haberlo rescatado en el bosque Citerón, donde lo recibió a su vez de otro pastor que habría sido servidor de Layo.
La situación es aprovechada para explicar el origen del nombre del monarca. Cuando se lo recogió del bosque le desataron los tobillos que tenía perforados. Por eso el rey de Corinto lo llamó Edipo: “el de los pies hinchados” o “tobillos taladrados”.
Saliéndome un poco del relato, recuerdo aquí una apreciación de Foucault respecto del título de la obra, dice: “Es digno de tener en cuenta que... no sea: Edipo, el incestuoso o Edipo, asesino de su padre, sino Edipo, rey. ¿Qué significa la realeza de Edipo?”. A partir de allí renueva su posición sobre que el tema central es el poder, resaltado por la propia titulación.
Me parece que evaluando los análisis efectuados hasta aquí que nos permiten descartar el tema del poder como eje de la trama, podemos conjeturar una respuesta diferente al porqué del nombre de la obra.
Si pensamos al título “Edipo, rey” como una señal dada por el autor para que comprendamos que hablará de “Edipo y el poder”, tenemos que preguntarnos por qué la obra que sería su continuación se llama “Edipo en Colono”. No interpretamos este segundo título como una señal sobre que el tema será “Edipo y esa ciudad”. De hecho no se trata de eso. En cambio sabemos que sí se trata del relato que describe los últimos días de Edipo en el destierro, ciego, querido y ayudado por sus hijas y respetado hasta por el propio Teseo quien tiene palabras elogiosas para él. De aquí deducimos que “Edipo en Colono” es el equivalente a decir “La historia de los últimos días de Edipo en Colono”. Del mismo modo podemos inferir que “Edipo, rey” bien pudiera ser el equivalente a decir “La historia de los días de Edipo cuando era rey”.
La verdad última sobre si esto es así o no la guarda Sófocles y es imposible, hasta donde sabemos, pedirle respuesta. Una cosa si es segura, en “Edipo en Colono”, su última obra, quiso que su tierra natal quedara inmortalizada.
Regresemos a la escena.
Dijimos que el mensajero le notificó a Edipo que Pólibo no es su padre ni Mérope su madre. Él lo entregó al cuidado de ellos, habiéndolo recibido a su vez de manos de un servidor de Layo.
Es evidente que aquel “alivio” que implicó enterarse de la muerte de Pólibo queda totalmente destruido cuando se advierte que si éste no es su padre ni aquella su madre, aun es potencialmente capaz de cumplir el fatal presagio, si es que aun no lo cumplió
Ahora sabe que otro fue su padre y que pudiera tratarse del mismo Layo.
Conforme el relato de Yocasta y lo que sabe sobre sí mismo, hay varias coincidencias en cuanto al tema del abandono en un bosque y sobre el oráculo.
Quedará conocer si el testigo sobreviviente del atraco puede confirmar si los atacantes fueron varios o uno solo, y también si puede localizarse al pastor que entregó un recién nacido en el bosque al mensajero.
Edipo, desesperado por conocer la verdad, aunque sin duda esperando sea muy otra de la que se presenta ahora ante sus ojos, pide el auxilio de los ciudadanos (representados por el Coro) para ubicar al pastor.
Será Corifeo quien le informe que el individuo que se busca es el mismo que sobrevivió al ataque. Yocasta tendría información sobre su paradero pues le habría solicitado a ella retirarse de la ciudad al campo cuando Edipo fue hecho rey.
Tenemos aquí un enigmático personaje que guarda un enorme conocimiento. Sabe que Edipo no fue muerto cuando niño sino entregado a otra familia, y vio el cumplimiento de la profecía cuando Layo fue asesinado por éste, luego nombrado rey de Tebas y finalmente desposado con su propia madre.
Él es responsable de esta situación; es la herramienta sin la cual la profecía no se hubiera cumplido; al desoir el mandato de Layo, dejando con vida al niño, hizo posible esta sucesión de infortunios.
En el diálogo que sigue entre Edipo y Yocasta, ella se niega a darle la información requerida pero él insiste, pretende llegar hasta las últimas consecuencias.
Es entonces cuando el autor nos muestra que Yocasta ya entendió en su corazón la nefasta verdad, diciéndole: “¡Desdichado!, ¡Ojalá nunca sepas quien eres!”. Muy alterada entrará en el palacio.
Corifeo manifiesta miedo por el silencio y el precipitado alejamiento de Yocasta, preparando al auditorio para lo que vendrá: “Temo... que estallen desgracias”.
Edipo insiste en conocer su origen. Dice que no le importaría que de esta investigación resulte que fuera hijo de esclavos.
Este comentario es un recurso del autor mediante el cual muestra al atormentado Edipo refugiándose en una verdad que, aunque vergonzosa para un rey, sería para él mejor que su cruel destino. Recordemos a Nietzsche: “El instinto acostumbra ocuparse de eliminar estos estados penosos”.
Ya estamos prontos a arribar al desenlace de esta historia.
Acompañado por dos esclavos entra el tan esperado pastor, ya anciano, un fiel servidor de Layo.
Edipo coteja con el mensajero si el pastor de quien hablaba es el mismo que tiene delante y éste se lo confirma.
Un rico intercambio de preguntas y respuestas entre los tres terminará por destruir la poca esperanza que el monarca guardaba en su corazón.
Se le confirma que es hijo de Layo; que Yocasta lo entregó al pastor para que muriera en el bosque; que por compasión éste desobedeció y el recién nacido Edipo terminó siendo adoptado por Pólibo y su esposa; que fue el asesino de su padre en el cruce de los tres caminos; que Yocasta, con la que se casó, es su madre.
Preso de la más intensa angustia, entrará en el palacio, desapareciendo de escena.
Queda el Coro lamentándose por el torbellino de tribulaciones que sufre Edipo y se pregunta ¿Qué valor puede tener la felicidad de un hombre que de pronto es arrojado a tantas desgracias? El dolor agobia a toda la ciudad.
Un mensajero procedente del interior del palacio informará que Yocasta se ha suicidado y que Edipo se hirió la cuenca de sus ojos con dos broches del vestido de ella, quedando ciego.
Estas circunstancia son descriptas con una solemnidad y un dramatismo que logran conmover profundamente al auditorio.
Todo es desdicha. La vida de un hombre que parecía afortunado, elegido por los dioses, a sido trocada por el peor de los abismos.
Esta es la historia de Edipo, de un hombre que fue hecho rey por salvar a la ciudad de sus males.
No es la ambición ni el despotismo lo que lo erige como monarca. Es el servicio a favor de los otros.
Y llegará a inmolarse a sí mismo para volver a salvar a Tebas.
Sus propias palabras a Tiresias: “Servir a sus semejantes es la mejor forma que tiene un hombre de utilizar su sabiduría y su riqueza”, nos permiten percibir su altruismo.
Entregarse en manos de Creonte, su cuñado, para que se cumpla sobre sí con el castigo del destierro que él había establecido, lo dibuja entero, fiel, de palabra.
En “Antígona”, Sófocles pondrá en boca de Creonte palabras de respeto aludiendo al recuerdo de Edipo: “Ancianos, el timón de la ciudad que los dioses bajo tremenda tempestad habían conmovido, hoy de nuevo enderezan... yo... conozco bien vuestro continuo respeto al gobierno de Layo, y también, igualmente, mientras regía Edipo la ciudad; porque sé que, cuando él murió, vuestro sentimiento de lealtad os hizo permanecer al lado de sus hijos”.
“Edipo, rey” es la historia de un hombre luchando contra su destino; de uno que llegó a ser muy feliz y, sin embargo, bastó un sólo día para que lo perdiera todo.
Hablando sobre eso terminará la obra. Será Corifeo quien nos hará saber que enseñanza hay tras la tragedia de Edipo: No se puede considerar feliz a nadie hasta que no veamos llegar su ultimo día también en felicidad.
Un fragmento de la tragedia “Fenicias” de Eurípides, habla del momento en que Edipo y Antígona parten al destierro. Sintetiza perfectamente lo dicho. Allí Antígona se lamenta: “¡Dónde queda el Edipo de los grandes enigmas!”. Edipo responde: “Ya no existo, hija mía. Sólo un día en la cumbre, otro día en la nada”.
Para aquellos que aun no leyeron “Edipo, rey”, espero que este análisis haya despertado su interés en esta obra digna de lectura por su rica trama, su intriga, su valor moral, su calidad literaria.
Para los que ya lo hicieron, ojalá haya conseguido estimular su deseo de relectura.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
¡AY, ESE MAR!
En esos profundos parajes aparecen las oscuras sirenas nocturnas...
Van señalando el camino de las últimas literas, las más seguras,
a todos los marineros
que han descendido de los tifones.
En mares profundos – Harry Martinson
¡Ay, ese mar!
Cómo arrastran las olas
tanta arena indefensa,
tanto insignificante
retazo de la fortaleza.
¡Ay, ese mar!
La marea está siempre
ansiosa por las vidas,
anhelando la sal
de los que lloran.
¡Ay, ese mar!
Bestia insaciable,
sombra voraz
que todo lo quiere,
que todo lo engulle,
hasta al mismísimo
Harry Martinson.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Van señalando el camino de las últimas literas, las más seguras,
a todos los marineros
que han descendido de los tifones.
En mares profundos – Harry Martinson
¡Ay, ese mar!
Cómo arrastran las olas
tanta arena indefensa,
tanto insignificante
retazo de la fortaleza.
¡Ay, ese mar!
La marea está siempre
ansiosa por las vidas,
anhelando la sal
de los que lloran.
¡Ay, ese mar!
Bestia insaciable,
sombra voraz
que todo lo quiere,
que todo lo engulle,
hasta al mismísimo
Harry Martinson.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
ADELA
Por mil novecientos doce,
en noviembre, aun primavera,
nacía en Rancul, La Pampa
Doña Estanislada Adela.
No hubo fortuna en su infancia,
que siempre así es la pobreza,
y oyó a payadores gauchos
que aun solían usar espuelas,
y a su alma de niña dieron
pulpería en vez de escuela.
Y escribía como sonaba,
con desmadejada letra,
tanto que entender sus notas
era dura peripecia.
Recuerdo muy bien su rostro
redondo como ciruela,
y rojizo cuando un vino
se agotaba en la botella;
su optimismo ante el dolor,
su admirable fortaleza,
su fe, distinta a la mía,
pero genuina, sincera,
de esa que no trata a DIOS
como si DIOS no nos viera.
Quiso el destino, ya vieja,
compensarle sus carencias
económicas y hacer
que Europa la conociera.
Alemania, Holanda, Francia,
y la Península Ibérica
vieron sus ojos redondos
inundados de inocencia..
Se fue en medio del invierno,
muy entrados sus ochenta,
se fue aunque no lo quería,
que hay que irse aunque no se quiera.
Nombre en su fe de bautismo:
Amado Estanislada Adela.
Su nombre en mi corazón,
tan sólo uno: Abuela.
Daniel Adrián Madeiro
en noviembre, aun primavera,
nacía en Rancul, La Pampa
Doña Estanislada Adela.
No hubo fortuna en su infancia,
que siempre así es la pobreza,
y oyó a payadores gauchos
que aun solían usar espuelas,
y a su alma de niña dieron
pulpería en vez de escuela.
Y escribía como sonaba,
con desmadejada letra,
tanto que entender sus notas
era dura peripecia.
Recuerdo muy bien su rostro
redondo como ciruela,
y rojizo cuando un vino
se agotaba en la botella;
su optimismo ante el dolor,
su admirable fortaleza,
su fe, distinta a la mía,
pero genuina, sincera,
de esa que no trata a DIOS
como si DIOS no nos viera.
Quiso el destino, ya vieja,
compensarle sus carencias
económicas y hacer
que Europa la conociera.
Alemania, Holanda, Francia,
y la Península Ibérica
vieron sus ojos redondos
inundados de inocencia..
Se fue en medio del invierno,
muy entrados sus ochenta,
se fue aunque no lo quería,
que hay que irse aunque no se quiera.
Nombre en su fe de bautismo:
Amado Estanislada Adela.
Su nombre en mi corazón,
tan sólo uno: Abuela.
Daniel Adrián Madeiro
lunes, junio 12, 2006
SI ME PIENSO SIN TI...
Si me pienso sin ti
en este aquí,
en ese allí,
en cualquier espacio recorrido
o a recorrer,
me percato que vivir
es la suma de los momentos vividos
con tu imagen,
con tu corporalidad,
con tu estar materialmente al lado mío,
y que sin ti
lo de aquí
o lo de allí,
lo cognoscible
que reste en el camino,
no puede nunca
tener igual sentido,
es sin valor,
pues tu existencia es una forma
de mí latiendo en ti,
de mi yo
dentro de otro individuo,
mi alter ego eres tú,
y sin ti, yo
soy un sin mí,
un recipiente vacío,
como también serías tú,
yo lo presumo,
sin mí,
porque sucede
a todo aquel que para sí,
entre muchos,
sólo a un ser ha preferido,
que ese ser es lo todo
para uno
y que no hay nadie
ni nada ante nosotros
cuando ese ser
se ha ido.
en este aquí,
en ese allí,
en cualquier espacio recorrido
o a recorrer,
me percato que vivir
es la suma de los momentos vividos
con tu imagen,
con tu corporalidad,
con tu estar materialmente al lado mío,
y que sin ti
lo de aquí
o lo de allí,
lo cognoscible
que reste en el camino,
no puede nunca
tener igual sentido,
es sin valor,
pues tu existencia es una forma
de mí latiendo en ti,
de mi yo
dentro de otro individuo,
mi alter ego eres tú,
y sin ti, yo
soy un sin mí,
un recipiente vacío,
como también serías tú,
yo lo presumo,
sin mí,
porque sucede
a todo aquel que para sí,
entre muchos,
sólo a un ser ha preferido,
que ese ser es lo todo
para uno
y que no hay nadie
ni nada ante nosotros
cuando ese ser
se ha ido.
domingo, junio 11, 2006
CAMILA
En tu sonrisa inmensa,
inocente,
fresca,
mi hastío reposa
de tanta rutina.
Tus minúsculos brazos
me atan a tu alma
y me ayudan a ver
otro mundo posible.
Tus besos son
gorriones de amor
que hicieron nido
sobre mi corazón
para llevarte siempre.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
inocente,
fresca,
mi hastío reposa
de tanta rutina.
Tus minúsculos brazos
me atan a tu alma
y me ayudan a ver
otro mundo posible.
Tus besos son
gorriones de amor
que hicieron nido
sobre mi corazón
para llevarte siempre.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
martes, mayo 30, 2006
EL LIBRO DE LOS LIBROS
Muchas personas, organismos, instituciones, nos invitan a leer.
Es un excelente consejo cuya concreción resulta en una experiencia enriquecedora.
Algunos libros son más recomendados que otros.
Si observamos a las distintas religiones, filosofías o ideologías, veremos que cada una de ellas tiene su libro de cabecera que le es propio y le otorga cierta identidad peculiar.
Por otro lado, encontramos autores de gran talento que escribieron textos considerados obras fundamentales de la literatura o de las ciencias.
Hay infinidad de volúmenes.
Basta entrar a una biblioteca pública o a una gran librería para darse cuenta de la enorme cantidad que pueblan sus anaqueles. Miles y miles.
Es inimaginable un espacio físico en este mundo que pueda contener a todos los libros impresos desde los comienzos de la humanidad hasta nuestros días.
Tú puedes acceder a la lectura de muchos buenos libros; por ejemplo, a todos los clásicos existentes.
Aún más. Existen quienes tienen la capacidad y el tiempo suficientes para leer más que cualquier otro ser humano en este mundo y se transforman en los más cultos o instruidos de su época.
La lectura es fundamental, no hay dudas. Quien no aprende a leer no aprende a pensar.
No obstante, quiero decirte que entre todos los libros que puedas leer, hay uno que debes conocer de memoria. Uno que debes obligarte a releer todos los días sin desmayo.
Es el único libro que te prepara plenamente para vivir.
La cantidad de otros que hayas leído, aunque fuera abrumadora, no cambia el resultado final si no dedicas tu vida a leer este libro.
Es fundamental, único, irrepetible.
Está escrito expresamente para ti.
Cuanto más lo leas más lo conocerás y más te sorprenderás con todo lo que él tiene para enseñarte.
Y, ¿Sabes cuál es ese libro?
Ese libro eres Tú.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Es un excelente consejo cuya concreción resulta en una experiencia enriquecedora.
Algunos libros son más recomendados que otros.
Si observamos a las distintas religiones, filosofías o ideologías, veremos que cada una de ellas tiene su libro de cabecera que le es propio y le otorga cierta identidad peculiar.
Por otro lado, encontramos autores de gran talento que escribieron textos considerados obras fundamentales de la literatura o de las ciencias.
Hay infinidad de volúmenes.
Basta entrar a una biblioteca pública o a una gran librería para darse cuenta de la enorme cantidad que pueblan sus anaqueles. Miles y miles.
Es inimaginable un espacio físico en este mundo que pueda contener a todos los libros impresos desde los comienzos de la humanidad hasta nuestros días.
Tú puedes acceder a la lectura de muchos buenos libros; por ejemplo, a todos los clásicos existentes.
Aún más. Existen quienes tienen la capacidad y el tiempo suficientes para leer más que cualquier otro ser humano en este mundo y se transforman en los más cultos o instruidos de su época.
La lectura es fundamental, no hay dudas. Quien no aprende a leer no aprende a pensar.
No obstante, quiero decirte que entre todos los libros que puedas leer, hay uno que debes conocer de memoria. Uno que debes obligarte a releer todos los días sin desmayo.
Es el único libro que te prepara plenamente para vivir.
La cantidad de otros que hayas leído, aunque fuera abrumadora, no cambia el resultado final si no dedicas tu vida a leer este libro.
Es fundamental, único, irrepetible.
Está escrito expresamente para ti.
Cuanto más lo leas más lo conocerás y más te sorprenderás con todo lo que él tiene para enseñarte.
Y, ¿Sabes cuál es ese libro?
Ese libro eres Tú.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
LA CARICATURA
La caricatura
se hizo...
violencia y fuego,
metida dentro de la masa.
La mecha prende,
la razón oscurese.
Se habla de libertad
y se hace callar el grito.
Colores rojos,
sangres azules,
prisiones panópticas
y anuncios poderosos
se aproximan a la noche,
la que viene,
la que buscamos
sin hacer,
sin gritar,
sin llorar,
desarmados
como vaca al matadero.
Unos contra otros.
Complejos sistemas
al servicio de las tinieblas.
El poder,
el perdedor,
los amos,
los obedientes.
Caza de brujas
sobre el fango,
canciones fúnebres
al sol.
Mientras en la escarcha,
en la tormenta,
en la arena,
llueven los últimos escorpiones.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
se hizo...
violencia y fuego,
metida dentro de la masa.
La mecha prende,
la razón oscurese.
Se habla de libertad
y se hace callar el grito.
Colores rojos,
sangres azules,
prisiones panópticas
y anuncios poderosos
se aproximan a la noche,
la que viene,
la que buscamos
sin hacer,
sin gritar,
sin llorar,
desarmados
como vaca al matadero.
Unos contra otros.
Complejos sistemas
al servicio de las tinieblas.
El poder,
el perdedor,
los amos,
los obedientes.
Caza de brujas
sobre el fango,
canciones fúnebres
al sol.
Mientras en la escarcha,
en la tormenta,
en la arena,
llueven los últimos escorpiones.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
VISIÓN III
Oraba a mi DIOS como todos los días, cuando un temblor invadió mis piernas y me desvanecí.
Abrí los ojos y me encontré rodeado de una masa viscosa y blancuzca a mi alrededor. Yo mismo era parte de la masa.
No lograba tomar conciencia de mi cuerpo ni de mi persona. Era diferente a cuando estoy despierto.
No me veía. Sentía que era yo pero infinitamente más pequeño y en constante estado de alerta.
De repente, se produjo una fuerte conmoción en donde me encontraba y empecé a dar muchas vueltas como si fuera agua sacudiéndose dentro de una vasija.
La presión y el temblor fue cada vez más fuerte hasta que toda la masa de la que formaba parte fue arrastrada muy velozmente por un canal angosto y flexible. Mucho calor rodeaba el canal y temblaba sin detenerse.
Luego salí del canal y me encontré en un espacio como un mar oscuro y tibio.
Sin poder decidirlo sentí como dejaba de ser parte de la masa y muchos miles más como yo estaban cerca mío.
Éramos como víboras marinas y nadábamos sin detenernos hacia el fondo del mar oscuro.
Mientras el tiempo transcurría, veía menguar más y más la cantidad de los seres como yo que me acompañaban.
Cercano al fondo de ese océano quedé solo y entré a un canal de sangre.
Después estuve quieto mucho tiempo y sentía paz y alegría, como quien vence en una guerra y descansa sobre su triunfo.
En un momento observé que mi forma era como circular y notaba que me partía en mitades y me unía para luego volverme a partir.
Y todos los círculos que yo era se duplicaban constantemente hasta que con ellos se formó una imagen de un muñeco deforme dentro de una esfera como de vidrio.
Él era transparente y parecía tener huesos y sangre, y estaba rodeado de agua.
De a poco el muñeco se hizo como un niño muy pequeño.
Sentía mucho miedo por la imagen del muñeco pero también sentía mucha emoción al verlo.
Después todo cambió y apareció frente a mí un ángel.
Yo le pedí que me explicara aquella visión y me dijo que todo lo que había visto era yo antes de que naciera.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Abrí los ojos y me encontré rodeado de una masa viscosa y blancuzca a mi alrededor. Yo mismo era parte de la masa.
No lograba tomar conciencia de mi cuerpo ni de mi persona. Era diferente a cuando estoy despierto.
No me veía. Sentía que era yo pero infinitamente más pequeño y en constante estado de alerta.
De repente, se produjo una fuerte conmoción en donde me encontraba y empecé a dar muchas vueltas como si fuera agua sacudiéndose dentro de una vasija.
La presión y el temblor fue cada vez más fuerte hasta que toda la masa de la que formaba parte fue arrastrada muy velozmente por un canal angosto y flexible. Mucho calor rodeaba el canal y temblaba sin detenerse.
Luego salí del canal y me encontré en un espacio como un mar oscuro y tibio.
Sin poder decidirlo sentí como dejaba de ser parte de la masa y muchos miles más como yo estaban cerca mío.
Éramos como víboras marinas y nadábamos sin detenernos hacia el fondo del mar oscuro.
Mientras el tiempo transcurría, veía menguar más y más la cantidad de los seres como yo que me acompañaban.
Cercano al fondo de ese océano quedé solo y entré a un canal de sangre.
Después estuve quieto mucho tiempo y sentía paz y alegría, como quien vence en una guerra y descansa sobre su triunfo.
En un momento observé que mi forma era como circular y notaba que me partía en mitades y me unía para luego volverme a partir.
Y todos los círculos que yo era se duplicaban constantemente hasta que con ellos se formó una imagen de un muñeco deforme dentro de una esfera como de vidrio.
Él era transparente y parecía tener huesos y sangre, y estaba rodeado de agua.
De a poco el muñeco se hizo como un niño muy pequeño.
Sentía mucho miedo por la imagen del muñeco pero también sentía mucha emoción al verlo.
Después todo cambió y apareció frente a mí un ángel.
Yo le pedí que me explicara aquella visión y me dijo que todo lo que había visto era yo antes de que naciera.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
lunes, mayo 29, 2006
MI HIJA...
Mi hija,
su novio,
ambos,
se miran y se cuentan
con sus ojos,
sus besos,
todo el amor que tienen,
que sueñan,
que precisan,
que alborota su vida
y los libra de todo.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
su novio,
ambos,
se miran y se cuentan
con sus ojos,
sus besos,
todo el amor que tienen,
que sueñan,
que precisan,
que alborota su vida
y los libra de todo.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
FÚTBOL
En una cancha inmensa, de pastos siempre verdes,
veintidós se preparan para la competencia
y tiñen de colores al monótono césped
con sus vivas casacas. La pelota está quieta.
Un juez serio, de negro, en el centro del campo,
mira a los jugadores y a sus dos asistentes,
sincroniza relojes, pita fuerte el silbato.
En las tribunas cantan. La pelota se mueve.
Del medio campo parte un pase al área chica,
recibe el delantero que queda frente al arco,
sus nervios lo traicionan; el arco se le achica;
patea y la pelota va sobre el travesaño.
Las hinchadas disputan la primacía en cantos.
En la cancha se suda, se corre y gambetea;
los rivales se esfuerzan por conquistar un tanto;
un cuatro traba a un nueve. La pelota va afuera.
Mas tras la tensa espera la algarabía explota,
el balón cayó exacto sobre el virtuoso pie
que hace gritar el gol, porque ya la pelota
evadió los tres palos y se estrelló en la red.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
veintidós se preparan para la competencia
y tiñen de colores al monótono césped
con sus vivas casacas. La pelota está quieta.
Un juez serio, de negro, en el centro del campo,
mira a los jugadores y a sus dos asistentes,
sincroniza relojes, pita fuerte el silbato.
En las tribunas cantan. La pelota se mueve.
Del medio campo parte un pase al área chica,
recibe el delantero que queda frente al arco,
sus nervios lo traicionan; el arco se le achica;
patea y la pelota va sobre el travesaño.
Las hinchadas disputan la primacía en cantos.
En la cancha se suda, se corre y gambetea;
los rivales se esfuerzan por conquistar un tanto;
un cuatro traba a un nueve. La pelota va afuera.
Mas tras la tensa espera la algarabía explota,
el balón cayó exacto sobre el virtuoso pie
que hace gritar el gol, porque ya la pelota
evadió los tres palos y se estrelló en la red.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
viernes, mayo 26, 2006
LA SALIDA
Con frecuencia me hundo en lágrimas que manan en dolores ajenos.
Me lastimo con la indiferencia de los egoístas.
Me salpico con la sangre inocente que corre indefensa.
Me conduelo por los que no tienen ayudante, ni salvador, ni mañana, ni cielo.
Miro lo que sucede a mi alrededor y me paso de la marca que dice: “No mirar muy profundo para no ver carroña”.
Y cuando dentro de ese pozo que bordea mi ánima, me araña una cerrazón que me hunde más abajo y me tira, DIOS me pide que alce los ojos.
Entonces te veo, me aferro fuerte a tu amor y me recobro.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Me lastimo con la indiferencia de los egoístas.
Me salpico con la sangre inocente que corre indefensa.
Me conduelo por los que no tienen ayudante, ni salvador, ni mañana, ni cielo.
Miro lo que sucede a mi alrededor y me paso de la marca que dice: “No mirar muy profundo para no ver carroña”.
Y cuando dentro de ese pozo que bordea mi ánima, me araña una cerrazón que me hunde más abajo y me tira, DIOS me pide que alce los ojos.
Entonces te veo, me aferro fuerte a tu amor y me recobro.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
REFLEXIÓN SOBRE EL CARTEL
...vemos que hay países en los que se les quita “para siempre”
la licencia a conductores peligrosos, en resguardo de la vida de terceros.
¿Por qué no se asegura a la sociedad que “para siempre”
un violador no tenga más oportunidad de reincidir en su delito,
recluyéndolo de manera perpetua?
...¿Serán acaso más peligrosos para la sociedad cierto tipo
de conductores que los violadores o los asesinos?
Expuestos y esperando
Mientras espero la llegada del tren, parado sobre el andén de la estación del subte, leo un cartel que dice: “Sin clientes, no hay prostitución infantil”.
Pide que llamemos a un número telefónico gratuito para denunciar el delito.
Recuerdo una noticia sobre abuso de menores en Bélgica (Marc Dutroux) que comenté en otro escrito (Expuestos y esperando).
En aquel caso se sospechó la existencia de una red de abuso sexual de menores dentro de las más altas esferas sociales.
Pensando en esto revivo las imágenes terribles del film “8 Milímetros”, con Nicolas Cage.
También allí se alude a las clases altas como principales consumidores de ese mercado macabro.
No es extraño sospechar que ante una situación tan delicada y popularmente condenada como es la utilización de menores para fines pornográficos o comercio sexual, las cosas se facilitan si uno posee el dinero suficiente que le asegure un silencio cómplice a ultranza.
Indudablemente, el llamado “cliente de la prostitución infantil”, en tanto ésta sea en él una actividad frecuente, tiene que ser una persona de clase adinerada de tal manera que su identidad quede preservada del desprecio social gracias al anonimato que le brinda su aporte monetario.
Esto no es factible, salvo eventualmente, en las clases bajas dado que no pueden pagar el precio que les asegure las reservas del caso.
Así, tenemos entonces que el abuso sexual de menores mediante la contratación de sus servicios podría ser privativo de las clases altas; en tanto que, efectuado por las clases bajas, sería más frecuente en su modalidad de violación.
Como fuera, parece que las niñas y los niños de este mundo son víctimas que no tienen quién pueda defenderlos efectivamente de los pervertidos gustos de algunos de sus mayores.
Sin duda, será cierto también que, y me duele pensar la terrible impunidad que implica y lo irresoluble del problema, verán con mayor frecuencia encarcelado a un pobre abusador que a un rico que paga a una organización cuya misión fundamental es, siempre, protegerlo con el anonimato.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
la licencia a conductores peligrosos, en resguardo de la vida de terceros.
¿Por qué no se asegura a la sociedad que “para siempre”
un violador no tenga más oportunidad de reincidir en su delito,
recluyéndolo de manera perpetua?
...¿Serán acaso más peligrosos para la sociedad cierto tipo
de conductores que los violadores o los asesinos?
Expuestos y esperando
Mientras espero la llegada del tren, parado sobre el andén de la estación del subte, leo un cartel que dice: “Sin clientes, no hay prostitución infantil”.
Pide que llamemos a un número telefónico gratuito para denunciar el delito.
Recuerdo una noticia sobre abuso de menores en Bélgica (Marc Dutroux) que comenté en otro escrito (Expuestos y esperando).
En aquel caso se sospechó la existencia de una red de abuso sexual de menores dentro de las más altas esferas sociales.
Pensando en esto revivo las imágenes terribles del film “8 Milímetros”, con Nicolas Cage.
También allí se alude a las clases altas como principales consumidores de ese mercado macabro.
No es extraño sospechar que ante una situación tan delicada y popularmente condenada como es la utilización de menores para fines pornográficos o comercio sexual, las cosas se facilitan si uno posee el dinero suficiente que le asegure un silencio cómplice a ultranza.
Indudablemente, el llamado “cliente de la prostitución infantil”, en tanto ésta sea en él una actividad frecuente, tiene que ser una persona de clase adinerada de tal manera que su identidad quede preservada del desprecio social gracias al anonimato que le brinda su aporte monetario.
Esto no es factible, salvo eventualmente, en las clases bajas dado que no pueden pagar el precio que les asegure las reservas del caso.
Así, tenemos entonces que el abuso sexual de menores mediante la contratación de sus servicios podría ser privativo de las clases altas; en tanto que, efectuado por las clases bajas, sería más frecuente en su modalidad de violación.
Como fuera, parece que las niñas y los niños de este mundo son víctimas que no tienen quién pueda defenderlos efectivamente de los pervertidos gustos de algunos de sus mayores.
Sin duda, será cierto también que, y me duele pensar la terrible impunidad que implica y lo irresoluble del problema, verán con mayor frecuencia encarcelado a un pobre abusador que a un rico que paga a una organización cuya misión fundamental es, siempre, protegerlo con el anonimato.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
jueves, mayo 25, 2006
NOBLE PADRE
Poema hecho en los primeros años de mi adolescencia
Tú sembraste la semilla
en el vientre de mi madre,
ayudaste a que existiera
éste, el que hoy quiere cantarte.
Imagino tu alegría
secreta dentro del alma,
porque mi madre abrigaba
un ser entre sus entrañas.
Quién sabe que habrás sentido,
en el momento en que entraste
a verme por primera vez, a mí,
el que hoy quiere cantarte.
Noble Padre, yo te canto
esta pobre poesía,
te canto un enorme ¡Gracias!
¡Muchas Gracias por la Vida!.
Muchas gracias por las horas
que dedicas día a día
a trabajar para darnos:
ternura, abrigo y comida.
Gracias, Padre, por existir,
por ser la luz encendida,
por no querer ser la sombra,
por querer ser la alegría.
Tú tuviste tus errores,
tú tuviste tus defectos,
mas... cuantas veces caíste
te levantaste de nuevo.
Seguiste siendo la fuerza,
seguiste siendo el camino.
Te pareces a José,
el carpintero judío,
pues también eres carpintero,
trabajador y sencillo;
y si tus manos son ásperas
a causa del sacrificio,
saben dar suaves caricias,
como las manos de un Cristo.
Noble Padre, ¿Qué otra cosa
puede decirte tu hijo?.
Que eres bueno, que eres justo,
que guardas algo de niño;
que yo y todos los tuyos
te agradecemos tu olvido
de no pedirnos las gracias
por todo tu sacrificio.
Noble Padre, ¿Qué decirte,
que ya antes no te haya dicho?.
Noble Padre, mi mayor orgullo
es el saberme tu hijo.
Daniel Adrián Madeiro
Tú sembraste la semilla
en el vientre de mi madre,
ayudaste a que existiera
éste, el que hoy quiere cantarte.
Imagino tu alegría
secreta dentro del alma,
porque mi madre abrigaba
un ser entre sus entrañas.
Quién sabe que habrás sentido,
en el momento en que entraste
a verme por primera vez, a mí,
el que hoy quiere cantarte.
Noble Padre, yo te canto
esta pobre poesía,
te canto un enorme ¡Gracias!
¡Muchas Gracias por la Vida!.
Muchas gracias por las horas
que dedicas día a día
a trabajar para darnos:
ternura, abrigo y comida.
Gracias, Padre, por existir,
por ser la luz encendida,
por no querer ser la sombra,
por querer ser la alegría.
Tú tuviste tus errores,
tú tuviste tus defectos,
mas... cuantas veces caíste
te levantaste de nuevo.
Seguiste siendo la fuerza,
seguiste siendo el camino.
Te pareces a José,
el carpintero judío,
pues también eres carpintero,
trabajador y sencillo;
y si tus manos son ásperas
a causa del sacrificio,
saben dar suaves caricias,
como las manos de un Cristo.
Noble Padre, ¿Qué otra cosa
puede decirte tu hijo?.
Que eres bueno, que eres justo,
que guardas algo de niño;
que yo y todos los tuyos
te agradecemos tu olvido
de no pedirnos las gracias
por todo tu sacrificio.
Noble Padre, ¿Qué decirte,
que ya antes no te haya dicho?.
Noble Padre, mi mayor orgullo
es el saberme tu hijo.
Daniel Adrián Madeiro
viernes, mayo 19, 2006
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Escribir da grandes satisfacciones.
Sofía, una estudiante de quinto año del Colegio Godspell de Buenos Aires, por alguna razón encontró en Internet un escrito de mi autoría.
Poco después me envió un correo electrónico consultándome la posibilidad de realizarme algunas preguntas referidas a la locura y la genialidad, para un trabajo práctico que debía presentar en su Institución.
Alegre y sorprendido por su propuesta, le respondí que con todo gusto accedería.
Sé que le ha ido bien y, autorizado por ella, quiero presentar el material que resultó de este inesperado intercambio.
¿Qué es para usted la genialidad?
La genialidad es definida como esa capacidad intelectual extraordinaria que presentan algunos individuos por la que sobresalen en su actividad muy por encima del resto.
Efectivamente, esas personas existen.
Pero me pregunto: ¿Es la genialidad un hecho excepcional tal como lo definimos o se trata de una realidad común a un alto porcentaje de la humanidad pero no alcanzada por todos debido a factores externos (económicos, culturales, religiosos, etc.)?
Expuesto de otro modo: ¿Qué pasaría si la mayoría de las personas en lugar de estar inclinadas a la comodidad lo estuvieran al esfuerzo intelectual?
La capacidad intelectual de los niños mal alimentados es profundamente inferior a la de aquellos que reciben la dieta adecuada junto a los cuidados médicos propicios para cada edad.
Es más, los niños subalimentados pueden sufrir daño neuronal irremediable. Jamás podrán pensar como tú o yo. Nunca podrá saberse si hubieran sido genios.
Por eso, la genialidad no me parece en sí, un suceso excepcional, un prodigio. Lo es porque no todo el mundo es entrenado en ello.
Cada día queda más demostrado, incluso hay escuelas especializadas al respecto, que se trata de un proceso de desarrollo intelectual que acontecería con frecuencia en cualquier ser humano si recibiera la alimentación, preparación académica y sustentación económica adecuadas.
En mi ensayo "Cuestiones relativas a la altura del ser", abordo este tema.
¿Quién o qué determina si una persona es genio o no?
Considero que se trata de una cuestión en la que se mezclan la suerte, la posición económica y la mercadotecnia (marketing).
Quizá también lo político.
Sobre este último punto puede ser de interés tener presente la entrega de los conocidos premios Nobel a los cuales se les atribuye en muchos casos (en particular el de la Paz y el de Literatura) ser fruto de una determinación de carácter político.
Por lo demás, podemos apreciar como la publicidad ayuda a la formación de "estrellas"; como el dinero permite acceder a estudios y materiales imprescindibles a la hora de desarrollar el propio talento; o como un golpe de suerte (esto es encontrarse en el lugar indicado en el momento preciso) puede transformar la vida de una persona elevándola a una posición insospechada.
Creo que viene a cuento citar un párrafo de mi trabajo "El escritor en el Nuevo Milenio –I-" donde hablando sobre la Internet propongo: "Imaginemos a Gustavo Adolfo Bécquer y Rubén Darío, vivos hoy, publicando sus obras en portales literarios como muchos de nosotros. Olvidemos que se trata de ellos. Súmale tus poemas y los de aquel o este desconocido. ¿Qué dirían los lectores?. ¿Pudiera verse afectado su posible celebridad sobre la base de la aceptación o no de los ciber-lectores?".
Y en "El escritor en el Nuevo Milenio –II-" en respuesta a ello digo: "Esta cuestión no encierra un desconocimiento sobre la calidad de sus trabajos literarios. Refleja simplemente el hecho que, en la realidad actual, bajo igualdad de condiciones, dos personas universalmente reconocidas como celebridades literarias, actuando de forma anónima, podrían no trascender. En realidad, en lo personal, estoy seguro que sería así.
... descubrir Internet, cosa que yo evitaba, por ignorancia, por prejuicio, me hizo saber que existen miles o al menos cientos de excelentes escritores en este planeta; también miles o cientos de maravillosos pensadores que expresan sus ideas con sencillez y precisión".
Indudablemente, pienso que hay muchas circunstancias que determinan la etiqueta de "genio". Pero son arbitrarias.
¿Cree usted que la genialidad va siempre de la mano con la locura o por lo menos en algunos casos? ¿Por qué?
Como queda dicho la genialidad no me parece en sí, un suceso excepcional, un prodigio. Lo es porque no todo el mundo es entrenado en ello... acontecería con frecuencia en cualquier ser humano si recibiera la alimentación, preparación académica y sustentación económica adecuadas.
Por lo tanto, por tratarse de algo que no implica ninguna constitución particular de nuestro cerebro, tampoco me parece necesario asociarlo a la demencia.
Pensemos en la locura de Vincent van Gogh o de Friedrich Nietzsche, ¿Por qué vincularlas con su capacidad creativa? ¿No estarán más asociadas a su carácter para el primero y a la sífilis para el segundo?
De todos modos esto nos plantea otro tema ¿Qué es la locura?
Propongo la lectura de tres breves escritos: Surrealismo y Psiquiatría (André Bretón), Sexualidad y soledad (Michel Foucault) y Carta a los médicos directores de manicomios (Antonin Artaud).
Para concluir sobre el vínculo genialidad y locura, considero que se trata más de un mito que de una realidad. Quizá una justificación útil para aquellos que no tienen ganas de darle duro a la exploración y explotación de sus propias habilidades.
¿Cree que en la actualidad existen más genios que antes? Si cree que no, ¿A qué se debe? Y si cree que sí, ¿se debe a la mala concepción del término?
Definitivamente, sí.
Todos los días vemos desfilar en los noticieros genios anónimos en los campos científicos y artísticos por ejemplo.
En particular las ciencias, que tuvieron un avance tan significativo, son una muestra de que el intelecto humano, sin censura, provisto de información fidedigna y con un esfuerzo consecuente, logra lo insospechado.
Genio siempre fue tomado como algo prodigioso: nunca debió ser así.
¿Se puede adquirir la genialidad siendo un hombre "ordinario"? ¿O se nace con ella?
No existen hombres "ordinarios", existen "hombres y mujeres" que si gozaran de igualdad de condiciones y oportunidades "serían como dioses" como dijo Chejov.
No se nace. Se hace.
¿Cree que la genialidad es una característica positiva en todos los sentidos? ¿O podría llegar a ser una "carga"?
Siempre es algo positivo. Es la persona desarrollando su capacidad creativa en el campo que eligió.
Sólo si se forzara una actividad no deseada sería carga.
Imaginemos a niños separados desde pequeños de sus familias para ser "capacitados" en funciones determinadas por el estado.
Sería una catástrofe para el individuo.
Pero el desarrollo intelectual al máximo, en un marco de libertad y respeto, no es carga para nadie.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Sofía, una estudiante de quinto año del Colegio Godspell de Buenos Aires, por alguna razón encontró en Internet un escrito de mi autoría.
Poco después me envió un correo electrónico consultándome la posibilidad de realizarme algunas preguntas referidas a la locura y la genialidad, para un trabajo práctico que debía presentar en su Institución.
Alegre y sorprendido por su propuesta, le respondí que con todo gusto accedería.
Sé que le ha ido bien y, autorizado por ella, quiero presentar el material que resultó de este inesperado intercambio.
¿Qué es para usted la genialidad?
La genialidad es definida como esa capacidad intelectual extraordinaria que presentan algunos individuos por la que sobresalen en su actividad muy por encima del resto.
Efectivamente, esas personas existen.
Pero me pregunto: ¿Es la genialidad un hecho excepcional tal como lo definimos o se trata de una realidad común a un alto porcentaje de la humanidad pero no alcanzada por todos debido a factores externos (económicos, culturales, religiosos, etc.)?
Expuesto de otro modo: ¿Qué pasaría si la mayoría de las personas en lugar de estar inclinadas a la comodidad lo estuvieran al esfuerzo intelectual?
La capacidad intelectual de los niños mal alimentados es profundamente inferior a la de aquellos que reciben la dieta adecuada junto a los cuidados médicos propicios para cada edad.
Es más, los niños subalimentados pueden sufrir daño neuronal irremediable. Jamás podrán pensar como tú o yo. Nunca podrá saberse si hubieran sido genios.
Por eso, la genialidad no me parece en sí, un suceso excepcional, un prodigio. Lo es porque no todo el mundo es entrenado en ello.
Cada día queda más demostrado, incluso hay escuelas especializadas al respecto, que se trata de un proceso de desarrollo intelectual que acontecería con frecuencia en cualquier ser humano si recibiera la alimentación, preparación académica y sustentación económica adecuadas.
En mi ensayo "Cuestiones relativas a la altura del ser", abordo este tema.
¿Quién o qué determina si una persona es genio o no?
Considero que se trata de una cuestión en la que se mezclan la suerte, la posición económica y la mercadotecnia (marketing).
Quizá también lo político.
Sobre este último punto puede ser de interés tener presente la entrega de los conocidos premios Nobel a los cuales se les atribuye en muchos casos (en particular el de la Paz y el de Literatura) ser fruto de una determinación de carácter político.
Por lo demás, podemos apreciar como la publicidad ayuda a la formación de "estrellas"; como el dinero permite acceder a estudios y materiales imprescindibles a la hora de desarrollar el propio talento; o como un golpe de suerte (esto es encontrarse en el lugar indicado en el momento preciso) puede transformar la vida de una persona elevándola a una posición insospechada.
Creo que viene a cuento citar un párrafo de mi trabajo "El escritor en el Nuevo Milenio –I-" donde hablando sobre la Internet propongo: "Imaginemos a Gustavo Adolfo Bécquer y Rubén Darío, vivos hoy, publicando sus obras en portales literarios como muchos de nosotros. Olvidemos que se trata de ellos. Súmale tus poemas y los de aquel o este desconocido. ¿Qué dirían los lectores?. ¿Pudiera verse afectado su posible celebridad sobre la base de la aceptación o no de los ciber-lectores?".
Y en "El escritor en el Nuevo Milenio –II-" en respuesta a ello digo: "Esta cuestión no encierra un desconocimiento sobre la calidad de sus trabajos literarios. Refleja simplemente el hecho que, en la realidad actual, bajo igualdad de condiciones, dos personas universalmente reconocidas como celebridades literarias, actuando de forma anónima, podrían no trascender. En realidad, en lo personal, estoy seguro que sería así.
... descubrir Internet, cosa que yo evitaba, por ignorancia, por prejuicio, me hizo saber que existen miles o al menos cientos de excelentes escritores en este planeta; también miles o cientos de maravillosos pensadores que expresan sus ideas con sencillez y precisión".
Indudablemente, pienso que hay muchas circunstancias que determinan la etiqueta de "genio". Pero son arbitrarias.
¿Cree usted que la genialidad va siempre de la mano con la locura o por lo menos en algunos casos? ¿Por qué?
Como queda dicho la genialidad no me parece en sí, un suceso excepcional, un prodigio. Lo es porque no todo el mundo es entrenado en ello... acontecería con frecuencia en cualquier ser humano si recibiera la alimentación, preparación académica y sustentación económica adecuadas.
Por lo tanto, por tratarse de algo que no implica ninguna constitución particular de nuestro cerebro, tampoco me parece necesario asociarlo a la demencia.
Pensemos en la locura de Vincent van Gogh o de Friedrich Nietzsche, ¿Por qué vincularlas con su capacidad creativa? ¿No estarán más asociadas a su carácter para el primero y a la sífilis para el segundo?
De todos modos esto nos plantea otro tema ¿Qué es la locura?
Propongo la lectura de tres breves escritos: Surrealismo y Psiquiatría (André Bretón), Sexualidad y soledad (Michel Foucault) y Carta a los médicos directores de manicomios (Antonin Artaud).
Para concluir sobre el vínculo genialidad y locura, considero que se trata más de un mito que de una realidad. Quizá una justificación útil para aquellos que no tienen ganas de darle duro a la exploración y explotación de sus propias habilidades.
¿Cree que en la actualidad existen más genios que antes? Si cree que no, ¿A qué se debe? Y si cree que sí, ¿se debe a la mala concepción del término?
Definitivamente, sí.
Todos los días vemos desfilar en los noticieros genios anónimos en los campos científicos y artísticos por ejemplo.
En particular las ciencias, que tuvieron un avance tan significativo, son una muestra de que el intelecto humano, sin censura, provisto de información fidedigna y con un esfuerzo consecuente, logra lo insospechado.
Genio siempre fue tomado como algo prodigioso: nunca debió ser así.
¿Se puede adquirir la genialidad siendo un hombre "ordinario"? ¿O se nace con ella?
No existen hombres "ordinarios", existen "hombres y mujeres" que si gozaran de igualdad de condiciones y oportunidades "serían como dioses" como dijo Chejov.
No se nace. Se hace.
¿Cree que la genialidad es una característica positiva en todos los sentidos? ¿O podría llegar a ser una "carga"?
Siempre es algo positivo. Es la persona desarrollando su capacidad creativa en el campo que eligió.
Sólo si se forzara una actividad no deseada sería carga.
Imaginemos a niños separados desde pequeños de sus familias para ser "capacitados" en funciones determinadas por el estado.
Sería una catástrofe para el individuo.
Pero el desarrollo intelectual al máximo, en un marco de libertad y respeto, no es carga para nadie.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
lunes, mayo 15, 2006
REFLEXION SOBRE UNA FOTO
Yo no soy el de la foto,
soy el que él tiene dentro.
Allí sólo ves la cáscara,
mi envase, lo externo,
lo que usa mi Yo,
lo que llamas cuerpo.
Yo no soy la carne
pegada a los huesos;
Yo, tú, todos somos
mucho más que eso.
Así que en la foto,
esa que estás viendo,
no me ves a mí,
vez a mi instrumento;
la máquina humana,
la sangre y los nervios,
con la que te escribe
mi Yo a Ti los versos.
Daniel Adrián Madeiro
soy el que él tiene dentro.
Allí sólo ves la cáscara,
mi envase, lo externo,
lo que usa mi Yo,
lo que llamas cuerpo.
Yo no soy la carne
pegada a los huesos;
Yo, tú, todos somos
mucho más que eso.
Así que en la foto,
esa que estás viendo,
no me ves a mí,
vez a mi instrumento;
la máquina humana,
la sangre y los nervios,
con la que te escribe
mi Yo a Ti los versos.
Daniel Adrián Madeiro
DATOS DE HOY SOBRE EL MAÑANA
Reflexiones sobre la situación de la niñez
Nuestra misión en el siglo XXI es colocar a los seres humanos
en el centro de todo lo que hacemos; es preciso comenzar con
los niños y las niñas, quienes tomarán el relevo más adelante...
Sólo así podremos lograr un mundo en paz y más equilibrado
Kofi A. Annan, Secretario General de las Naciones Unidas
Cita del Informe Anual 2002 del UNICEF
Las Tablas Estadísticas provistas por el UNICEF (1), tituladas "Estado Mundial de la Infancia 2005", son el resumen más reciente y completo al que podemos acceder para saber cómo están las niñas y los niños de la Tierra, cómo las mujeres, cómo las poblaciones en general.
La atenta lectura de esas diez tablas, colmadas de datos, volcadas sobre cuarenta páginas tamaño carta, resulta una actividad reveladora.
Comprender la relación de esos números que tenemos frente a nosotros con respecto a nuestras vidas y al futuro común, es fundamental para ayudar a la construcción del mañana.
Para mi uso personal elaboré una síntesis de esas tablas. Había pensado en incorporarla al final de este escrito pero advierto que no sería lo mejor.
Por un lado, son datos parciales (en especial referidos a la República Argentina) por lo que no están incluidos los restantes países que componen la región de América Latina y el Caribe.
Por el otro, me gustaría que leyeran la información completa, los valores mundiales. Eso les permitirá tener un panorama general muy necesario, a la vez que acceder a la información correspondiente a su propio país.
Las Tablas Estadísticas "Estado Mundial de la Infancia 2005" (2), pueden bajarse en formato PDF del sitio del UNICEF.
También hay más material informativo digno de ser leído.
Como metodología, para comprender el estado de situación de la niñez en la región de América Latina y el Caribe o de cualquier otro lugar de nuestra única casa, la Tierra, me parece provechoso exponerlo recurriendo a ejemplos con mi propia familia y vincularlos a algunos de los porcentajes presentados en la Tabla.
Comenzaré por decir que hace un par de días atrás le leí a Camila, mi hija menor, un cuento de la escritora venezolana Celeida Bermúdez, titulado "Los perros verdes".
A Camila le encantó el relato. Escuchó atentamente la lectura de sus cinco páginas y pudo comprenderlo sin dificultades.
Ella tiene 9 años y está actualmente en 4to. grado.
Nosotros estamos en la República Argentina donde un 93 % de los niños completan el 5to. grado.
Para la región de América Latina sólo un 82 % alcanza ese objetivo.
Ella es una afortunada. No está formando parte del 18 % regional que no goza de la posibilidad de completar ese ciclo escolar elemental.
Ellos carecerán de una educación que les brinde mayores posibilidades de desenvolverse con éxito durante su vida.
Mi hijo Damián, de 13 años, tiene una contextura robusta, mide aproximadamente 1,67 metros y pesa cerca de 66 kilos. Su desarrollo físico está dentro de lo esperado.
Si se observa su libreta sanitaria, en la que están anotados los registros periódicos de su peso y talla desde su nacimiento, se verá que su crecimiento se mantuvo dentro de los parámetros deseables. También es afortunado.
En América Latina un 10 % de los niños nacidos entre 1998 y 2003 ha tenido un peso menor a los 2.500 gramos. Y para el mismo período un 16 % de los niños menores a 5 años padecieron cortedad de talla moderada y grave.
Mi hija mayor, Natalia, de 18 años, sabe desde hace tiempo lo necesario sobre prevención contra el SIDA y la importancia del uso de preservativos.
Hasta el presente ninguno de los integrantes de nuestra familia padece SIDA.
Pero esta enfermedad es motivo generalizado de preocupación por lo cual la Organización Mundial de la Salud junto al Banco Mundial y los gobiernos de cada país realizaron una campaña mundial de divulgación.
Dos millones de personas entre 0 y 49 años, padecen SIDA en América Latina y el Caribe.
Según datos del Banco Mundial el contagio de madre a hijo es la causa de más del 90% de todas las infecciones de VIH en niños menores de 15 años (3).
También señala respecto de los más de 400 millones de personas en el mundo que viven con algún tipo de limitación física, sensorial, intelectual o mental, que en particular el nivel de abuso hacia las mujeres discapacitadas es bastante alto y es común que tengan varias parejas sexuales y se contagien de SIDA (4).
Evidentemente, también Natalia es afortunada.
En toda la Tierra hay distintas formas de padecimiento. La pobreza y sus aliados: la enfermedad, el analfabetismo, el hambre, la falta de libertad, etc. asolan el planeta.
Pero sigamos con los ejemplos. Pongamos por caso a mi esposa, Claudia. Ella tiene 36 años y goza de buena salud. No nos resulta extraño. Pero, tal como me dijo ella misma cuando le comentaba algunos datos extraídos de las Tablas del UNICEF, ha superado en dos años la esperanza de vida que tienen en la República de Sierra Leona, ubicada en el oeste del continente africano (34).
En cuanto a mí en particular puedo decir que, gracias a DIOS, disfruto de tener trabajo como empleado en tareas administrativas. Esto me permite cubrir las necesidades básicas de mi grupo familiar y llegar al fin de cada mes sin demasiados sobresaltos.
Pero soy consciente de que en el mundo la pobreza afecta la vida de más de mil millones de personas que viven con menos de 1 dólar por día (¿Será justo llamar a eso "vivir"?).
Yo no estoy entre ellos. Sin embargo, también debo ser realista y asumir que si me quedara sin trabajo y teniendo en cuenta mi edad (47) rápidamente ingresaría a ese grupo o a otros más o menos similares como el de aquellos niños, mujeres y hombres, que todas las noches veo recorrer los centros urbanos recogiendo papeles, botellas y alimentos que extraen de la basura.
Finalmente, es muy probable que hayas accedido a la lectura de este escrito a través de un portal en Internet o por un correo electrónico. También eres afortunado.
En la región de América Latina y el Caribe sólo 8 personas de cada 100 tienen acceso a Internet.
Como se puede ver, quizá nuestro grupo familiar (tanto el mío como el tuyo) esté disfrutando, al menos momentáneamente, de salud, educación, estabilidad económica, etc. pero estas condiciones que nos resultan tan habituales en nuestra vida no son la moneda corriente para muchas personas de América Latina y el Caribe. Las cifras son aún más alarmantes vinculadas a África y Asia.
Muchas tareas se vienen realizando desde hace varias décadas para ayudar a tanto mal.
Y si tomamos uno de los parámetros más relevantes de las Tablas Estadísticas del UNICEF, el vinculado a la Tasa de Mortalidad de Menores de 5 años en todo el mundo, observaremos un avance alentador.
En 1960 morían 198 niños cada mil nacidos vivos; para el 2003 esa tasa descendió a 80.
Queda mucho por hacer pero se ha hecho mucho también.
Diversos organismos actúan junto al UNICEF contribuyendo al objetivo de colocar a la infancia en el centro de todo lo bueno por hacer.
Un ejemplo de ello puede leerse en un cuadernillo de poco más de cincuenta páginas titulado "Trabajando por la Infancia -Algunas historias sobre nuestra labor conjunta en América Latina"(5).
Se trata de cinco historias que refieren el trabajo conjunto del UNICEF y el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en República Dominicana, Guatemala, Colombia, Honduras y Brasil.
Nos enteraremos que en América Latina, anualmente, cerca de 1 millón 200 mil niños no son registrados (niños fantasmas, sin derecho a la educación por ejemplo). Esto es algo sobre lo que se está trabajando en República Dominicana.
También que unos 82 millones de niñas y niños menores de 12 años viven por debajo de la línea de pobreza.
Que en Guatemala se realizan trabajos a favor de una cultura para la paz en socorro de los niños que sufrieron las consecuencias directas o indirectas de ataques armados, o fueron testigos de amenazas y torturas a familiares o conocidos.
Sabremos cómo se gestó el proyecto de la Escuela Amiga de los Niños y las Niñas en el norte de Colombia.
Cómo se lucha contra el SIDA en Honduras.
Al final nos encontraremos con la tarea de la Pastoral de la Crianza en Brasil, donde el trabajo realizado por 150 mil voluntarios, a favor de los niños y la población en general, requeriría 70 millones de dólares anuales si tuvieran que asumirse los costos económicos.
En mayor o menor grado, así sucede en toda la Tierra.
Sin duda, hay mucho aun por hacer y no estaría errado quien pensara que todo sería más rápido si, por ejemplo, se gastaran menos recursos económicos y humanos para el desarrollo armamentista y se los destinara para los niños.
¿Nos quedamos esperando hasta que eso pase?
Que esa situación se revierta es tarea de todos. ¿La asumiremos todos? ¡Quién sabe!
Mientras tanto, lo importante es tomar conciencia de que el mundo, respecto de nuestro tema, se podría dividir en dos: los que necesitan ayuda y los que pueden ofrecer alguna.
Entre los necesitados sería injusto pedirles que por sí mismos solucionaran sus problemas. Es evidente que lo habrían hecho de haber podido.
Por supuesto, hay entre ellos quienes están capacitados para efectuar algún aporte positivo.
El que se interesen en tomar conciencia de sus propios problemas y comprendan la importancia de unirse en acciones conjuntas, es una contribución primordial a favor del propio bienestar.
Pero la mayor responsabilidad está en aquellos que disfrutamos de una vida sin mayores problemas, de una cotidianidad sin sobresaltos abrumadores.
Cada cual brinda lo que puede. No considero justo juzgar a las personas por la cantidad de sus obras. Muchas razones pueden inclinar a alguien a hacer o dejar de hacer, a dar todo o poco. ¿Quién está capacitado para medir con justicia?
Desde luego, esto no incluye a los que por su condición de dirigentes, funcionarios o autoridades de diversos tipos de organismos vinculados al bienestar de las sociedades deben cumplir activa y eficientemente con su rol.
Pero en esto de hacer algo a favor de los que lo necesitan, cada uno de los que podemos, debemos hacer nuestro aporte conforme nuestra capacidad.
Yo, humildemente, considero que lo mejor que puedo hacer a favor de las niñas y los niños del planeta es escribir sobre ellos para inspirar y alentar el trabajo de todos aquellos que deseen sumarse a las diferentes áreas de ayuda.
DIOS quiera que este aporte sea de utilidad.
Hay quienes, en cambio, realizan otro tipo de tareas. Los nombré antes: son aquellas personas que, anónimamente o no, se ocupan de dar comida, asistencia médica, educación, asesoramiento, esperanza, alegría y amor a los niños, a las mujeres, a los discapacitados.
En Argentina son centenares las instituciones que día a día trabajan por un mundo mejor. En el mundo, miles.
Tuve la dicha de intercambiar correos electrónicos con algunas de ellas aquí y no quiero dejar de expresar mi alegría y reconocimiento por su obra y mencionarlas. Son: MANOS POR HERMANOS –Comedores Infantiles- (http://www.manosporhermanos.org/); HOGAR DE NENES Fundación Maria Virgen Madre (hogardenenes@fibertel.com.ar); FUNDACIÓN CIMIENTOS (http://www.cimientos.org/); REVISTA INFANCIA Y JUVENTUD (http://www.infanciayjuventud.com/); Asociación Matilde Vara (http://www.elarmadero.org.ar/) ; REDI Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (redi@ddnet.com.ar); y http://www.redconfluir.org.ar/ (diarios@redconfluir.org.ar).
Visitar estos portales y tantos otros que trabajan por los niños y los adultos necesitados, en todo el mundo, es otra forma de saber lo que está pasando, más allá de lo que dice el noticiero televisivo.
Merecen nuestro respeto y necesitan nuestro apoyo.
DIOS quiera (y todos nosotros hagamos lo necesario) para que "Construyamos una Tierra digna de nuestros niños".
No se trata sólo de una obligación.
Debiera verse como una ineludible cuestión de sentido común.
¿Hay alguno entre nosotros que puede ser feliz rodeado de infelicidad?
¿Acaso no es gratificante y hasta contagioso ver a otros gozando de la vida?
¿No es saludable a la vista y al corazón ver a los niños jugar despreocupados?
¿Hay quien prefiera verlos mendigando o comiendo las sobras que otros tiran?
¿Alguien desea para sí mismo pobreza, enfermedad o analfabetismo?
¿Acaso eso es algo aceptable para otros, incluidos los niños?
¿Queremos que los seres que amamos tengan un mundo mejor?
Entonces no podemos dejar afuera a nadie, conocido o no, en la tarea de hacer un mundo mejor "para todos".
Las casas se construyen ladrillo a ladrillo.
Edifiquemos el más hermoso refugio de solidaridad y amor para la niñez dentro de esta única casa en la que vivimos más de "seis mil millones de potenciales constructores".
No lo dudes.
No te quedes quieto.
Construyamos una Tierra digna de nuestros niños.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Notas:
1 UNICEF: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Sitio en español:
http://www.unicef.org/spanish/
2 Tablas Estadísticas "Estado Mundial de la Infancia 2005". En formato PDF:
http://www.unicef.org/spanish/sowc05/SOWC05_Tables_sp.pdf
Ver también: http://www.unicef.org/spanish/sowc05/statistics.html
3 http://www.bancomundial.org/temas/sida2004/contagio.htm
4 http://www.bancomundial.org/temas/sida2004/discapacidad.htm
5 Trabajando por la Infancia -Labor junto al Consejo Episcopal Latinoamericano: www.unicef.org/spanish/media/files/Unicef5Historias.pdf
NOTA DEL AUTOR: Usted puede disponer libremente, de manera parcial o total, del contenido de este escrito titulado "DATOS DE HOY SOBRE EL MAÑANA - Reflexiones sobre la situación de la niñez". Queda prohibido su uso con fines comerciales.
Nuestra misión en el siglo XXI es colocar a los seres humanos
en el centro de todo lo que hacemos; es preciso comenzar con
los niños y las niñas, quienes tomarán el relevo más adelante...
Sólo así podremos lograr un mundo en paz y más equilibrado
Kofi A. Annan, Secretario General de las Naciones Unidas
Cita del Informe Anual 2002 del UNICEF
Las Tablas Estadísticas provistas por el UNICEF (1), tituladas "Estado Mundial de la Infancia 2005", son el resumen más reciente y completo al que podemos acceder para saber cómo están las niñas y los niños de la Tierra, cómo las mujeres, cómo las poblaciones en general.
La atenta lectura de esas diez tablas, colmadas de datos, volcadas sobre cuarenta páginas tamaño carta, resulta una actividad reveladora.
Comprender la relación de esos números que tenemos frente a nosotros con respecto a nuestras vidas y al futuro común, es fundamental para ayudar a la construcción del mañana.
Para mi uso personal elaboré una síntesis de esas tablas. Había pensado en incorporarla al final de este escrito pero advierto que no sería lo mejor.
Por un lado, son datos parciales (en especial referidos a la República Argentina) por lo que no están incluidos los restantes países que componen la región de América Latina y el Caribe.
Por el otro, me gustaría que leyeran la información completa, los valores mundiales. Eso les permitirá tener un panorama general muy necesario, a la vez que acceder a la información correspondiente a su propio país.
Las Tablas Estadísticas "Estado Mundial de la Infancia 2005" (2), pueden bajarse en formato PDF del sitio del UNICEF.
También hay más material informativo digno de ser leído.
Como metodología, para comprender el estado de situación de la niñez en la región de América Latina y el Caribe o de cualquier otro lugar de nuestra única casa, la Tierra, me parece provechoso exponerlo recurriendo a ejemplos con mi propia familia y vincularlos a algunos de los porcentajes presentados en la Tabla.
Comenzaré por decir que hace un par de días atrás le leí a Camila, mi hija menor, un cuento de la escritora venezolana Celeida Bermúdez, titulado "Los perros verdes".
A Camila le encantó el relato. Escuchó atentamente la lectura de sus cinco páginas y pudo comprenderlo sin dificultades.
Ella tiene 9 años y está actualmente en 4to. grado.
Nosotros estamos en la República Argentina donde un 93 % de los niños completan el 5to. grado.
Para la región de América Latina sólo un 82 % alcanza ese objetivo.
Ella es una afortunada. No está formando parte del 18 % regional que no goza de la posibilidad de completar ese ciclo escolar elemental.
Ellos carecerán de una educación que les brinde mayores posibilidades de desenvolverse con éxito durante su vida.
Mi hijo Damián, de 13 años, tiene una contextura robusta, mide aproximadamente 1,67 metros y pesa cerca de 66 kilos. Su desarrollo físico está dentro de lo esperado.
Si se observa su libreta sanitaria, en la que están anotados los registros periódicos de su peso y talla desde su nacimiento, se verá que su crecimiento se mantuvo dentro de los parámetros deseables. También es afortunado.
En América Latina un 10 % de los niños nacidos entre 1998 y 2003 ha tenido un peso menor a los 2.500 gramos. Y para el mismo período un 16 % de los niños menores a 5 años padecieron cortedad de talla moderada y grave.
Mi hija mayor, Natalia, de 18 años, sabe desde hace tiempo lo necesario sobre prevención contra el SIDA y la importancia del uso de preservativos.
Hasta el presente ninguno de los integrantes de nuestra familia padece SIDA.
Pero esta enfermedad es motivo generalizado de preocupación por lo cual la Organización Mundial de la Salud junto al Banco Mundial y los gobiernos de cada país realizaron una campaña mundial de divulgación.
Dos millones de personas entre 0 y 49 años, padecen SIDA en América Latina y el Caribe.
Según datos del Banco Mundial el contagio de madre a hijo es la causa de más del 90% de todas las infecciones de VIH en niños menores de 15 años (3).
También señala respecto de los más de 400 millones de personas en el mundo que viven con algún tipo de limitación física, sensorial, intelectual o mental, que en particular el nivel de abuso hacia las mujeres discapacitadas es bastante alto y es común que tengan varias parejas sexuales y se contagien de SIDA (4).
Evidentemente, también Natalia es afortunada.
En toda la Tierra hay distintas formas de padecimiento. La pobreza y sus aliados: la enfermedad, el analfabetismo, el hambre, la falta de libertad, etc. asolan el planeta.
Pero sigamos con los ejemplos. Pongamos por caso a mi esposa, Claudia. Ella tiene 36 años y goza de buena salud. No nos resulta extraño. Pero, tal como me dijo ella misma cuando le comentaba algunos datos extraídos de las Tablas del UNICEF, ha superado en dos años la esperanza de vida que tienen en la República de Sierra Leona, ubicada en el oeste del continente africano (34).
En cuanto a mí en particular puedo decir que, gracias a DIOS, disfruto de tener trabajo como empleado en tareas administrativas. Esto me permite cubrir las necesidades básicas de mi grupo familiar y llegar al fin de cada mes sin demasiados sobresaltos.
Pero soy consciente de que en el mundo la pobreza afecta la vida de más de mil millones de personas que viven con menos de 1 dólar por día (¿Será justo llamar a eso "vivir"?).
Yo no estoy entre ellos. Sin embargo, también debo ser realista y asumir que si me quedara sin trabajo y teniendo en cuenta mi edad (47) rápidamente ingresaría a ese grupo o a otros más o menos similares como el de aquellos niños, mujeres y hombres, que todas las noches veo recorrer los centros urbanos recogiendo papeles, botellas y alimentos que extraen de la basura.
Finalmente, es muy probable que hayas accedido a la lectura de este escrito a través de un portal en Internet o por un correo electrónico. También eres afortunado.
En la región de América Latina y el Caribe sólo 8 personas de cada 100 tienen acceso a Internet.
Como se puede ver, quizá nuestro grupo familiar (tanto el mío como el tuyo) esté disfrutando, al menos momentáneamente, de salud, educación, estabilidad económica, etc. pero estas condiciones que nos resultan tan habituales en nuestra vida no son la moneda corriente para muchas personas de América Latina y el Caribe. Las cifras son aún más alarmantes vinculadas a África y Asia.
Muchas tareas se vienen realizando desde hace varias décadas para ayudar a tanto mal.
Y si tomamos uno de los parámetros más relevantes de las Tablas Estadísticas del UNICEF, el vinculado a la Tasa de Mortalidad de Menores de 5 años en todo el mundo, observaremos un avance alentador.
En 1960 morían 198 niños cada mil nacidos vivos; para el 2003 esa tasa descendió a 80.
Queda mucho por hacer pero se ha hecho mucho también.
Diversos organismos actúan junto al UNICEF contribuyendo al objetivo de colocar a la infancia en el centro de todo lo bueno por hacer.
Un ejemplo de ello puede leerse en un cuadernillo de poco más de cincuenta páginas titulado "Trabajando por la Infancia -Algunas historias sobre nuestra labor conjunta en América Latina"(5).
Se trata de cinco historias que refieren el trabajo conjunto del UNICEF y el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en República Dominicana, Guatemala, Colombia, Honduras y Brasil.
Nos enteraremos que en América Latina, anualmente, cerca de 1 millón 200 mil niños no son registrados (niños fantasmas, sin derecho a la educación por ejemplo). Esto es algo sobre lo que se está trabajando en República Dominicana.
También que unos 82 millones de niñas y niños menores de 12 años viven por debajo de la línea de pobreza.
Que en Guatemala se realizan trabajos a favor de una cultura para la paz en socorro de los niños que sufrieron las consecuencias directas o indirectas de ataques armados, o fueron testigos de amenazas y torturas a familiares o conocidos.
Sabremos cómo se gestó el proyecto de la Escuela Amiga de los Niños y las Niñas en el norte de Colombia.
Cómo se lucha contra el SIDA en Honduras.
Al final nos encontraremos con la tarea de la Pastoral de la Crianza en Brasil, donde el trabajo realizado por 150 mil voluntarios, a favor de los niños y la población en general, requeriría 70 millones de dólares anuales si tuvieran que asumirse los costos económicos.
En mayor o menor grado, así sucede en toda la Tierra.
Sin duda, hay mucho aun por hacer y no estaría errado quien pensara que todo sería más rápido si, por ejemplo, se gastaran menos recursos económicos y humanos para el desarrollo armamentista y se los destinara para los niños.
¿Nos quedamos esperando hasta que eso pase?
Que esa situación se revierta es tarea de todos. ¿La asumiremos todos? ¡Quién sabe!
Mientras tanto, lo importante es tomar conciencia de que el mundo, respecto de nuestro tema, se podría dividir en dos: los que necesitan ayuda y los que pueden ofrecer alguna.
Entre los necesitados sería injusto pedirles que por sí mismos solucionaran sus problemas. Es evidente que lo habrían hecho de haber podido.
Por supuesto, hay entre ellos quienes están capacitados para efectuar algún aporte positivo.
El que se interesen en tomar conciencia de sus propios problemas y comprendan la importancia de unirse en acciones conjuntas, es una contribución primordial a favor del propio bienestar.
Pero la mayor responsabilidad está en aquellos que disfrutamos de una vida sin mayores problemas, de una cotidianidad sin sobresaltos abrumadores.
Cada cual brinda lo que puede. No considero justo juzgar a las personas por la cantidad de sus obras. Muchas razones pueden inclinar a alguien a hacer o dejar de hacer, a dar todo o poco. ¿Quién está capacitado para medir con justicia?
Desde luego, esto no incluye a los que por su condición de dirigentes, funcionarios o autoridades de diversos tipos de organismos vinculados al bienestar de las sociedades deben cumplir activa y eficientemente con su rol.
Pero en esto de hacer algo a favor de los que lo necesitan, cada uno de los que podemos, debemos hacer nuestro aporte conforme nuestra capacidad.
Yo, humildemente, considero que lo mejor que puedo hacer a favor de las niñas y los niños del planeta es escribir sobre ellos para inspirar y alentar el trabajo de todos aquellos que deseen sumarse a las diferentes áreas de ayuda.
DIOS quiera que este aporte sea de utilidad.
Hay quienes, en cambio, realizan otro tipo de tareas. Los nombré antes: son aquellas personas que, anónimamente o no, se ocupan de dar comida, asistencia médica, educación, asesoramiento, esperanza, alegría y amor a los niños, a las mujeres, a los discapacitados.
En Argentina son centenares las instituciones que día a día trabajan por un mundo mejor. En el mundo, miles.
Tuve la dicha de intercambiar correos electrónicos con algunas de ellas aquí y no quiero dejar de expresar mi alegría y reconocimiento por su obra y mencionarlas. Son: MANOS POR HERMANOS –Comedores Infantiles- (http://www.manosporhermanos.org/); HOGAR DE NENES Fundación Maria Virgen Madre (hogardenenes@fibertel.com.ar); FUNDACIÓN CIMIENTOS (http://www.cimientos.org/); REVISTA INFANCIA Y JUVENTUD (http://www.infanciayjuventud.com/); Asociación Matilde Vara (http://www.elarmadero.org.ar/) ; REDI Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (redi@ddnet.com.ar); y http://www.redconfluir.org.ar/ (diarios@redconfluir.org.ar).
Visitar estos portales y tantos otros que trabajan por los niños y los adultos necesitados, en todo el mundo, es otra forma de saber lo que está pasando, más allá de lo que dice el noticiero televisivo.
Merecen nuestro respeto y necesitan nuestro apoyo.
DIOS quiera (y todos nosotros hagamos lo necesario) para que "Construyamos una Tierra digna de nuestros niños".
No se trata sólo de una obligación.
Debiera verse como una ineludible cuestión de sentido común.
¿Hay alguno entre nosotros que puede ser feliz rodeado de infelicidad?
¿Acaso no es gratificante y hasta contagioso ver a otros gozando de la vida?
¿No es saludable a la vista y al corazón ver a los niños jugar despreocupados?
¿Hay quien prefiera verlos mendigando o comiendo las sobras que otros tiran?
¿Alguien desea para sí mismo pobreza, enfermedad o analfabetismo?
¿Acaso eso es algo aceptable para otros, incluidos los niños?
¿Queremos que los seres que amamos tengan un mundo mejor?
Entonces no podemos dejar afuera a nadie, conocido o no, en la tarea de hacer un mundo mejor "para todos".
Las casas se construyen ladrillo a ladrillo.
Edifiquemos el más hermoso refugio de solidaridad y amor para la niñez dentro de esta única casa en la que vivimos más de "seis mil millones de potenciales constructores".
No lo dudes.
No te quedes quieto.
Construyamos una Tierra digna de nuestros niños.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Notas:
1 UNICEF: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Sitio en español:
http://www.unicef.org/spanish/
2 Tablas Estadísticas "Estado Mundial de la Infancia 2005". En formato PDF:
http://www.unicef.org/spanish/sowc05/SOWC05_Tables_sp.pdf
Ver también: http://www.unicef.org/spanish/sowc05/statistics.html
3 http://www.bancomundial.org/temas/sida2004/contagio.htm
4 http://www.bancomundial.org/temas/sida2004/discapacidad.htm
5 Trabajando por la Infancia -Labor junto al Consejo Episcopal Latinoamericano: www.unicef.org/spanish/media/files/Unicef5Historias.pdf
NOTA DEL AUTOR: Usted puede disponer libremente, de manera parcial o total, del contenido de este escrito titulado "DATOS DE HOY SOBRE EL MAÑANA - Reflexiones sobre la situación de la niñez". Queda prohibido su uso con fines comerciales.
REFLEXIÓN SOBRE UNA CASA
Se afirmó sobre la parcela
más sólida del terreno,
plantando allí sus pies
de piedra, acero y cemento.
Desde entonces se irguió despacio,
con ladrillos y argamasa
cabalmente tejidos,
hasta alcanzar la altura
que su función prescribe.
Se cubrió de tejas
contra el sol y la lluvia,
y amplió su propio espacio
con puertas y ventanas.
Puedes verla maciza,
inamovible,
fuerte.
Así debiera obrarse
en la hechura de un hombre:
trabajar sobre firme,
de abajo para arriba;
dejaríamos de ser
tolderías temblorosas.
Daniel Adrián Madeiro
Todos los derechos reservados
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
REFLECTION ON A HOUSE
There one affirmed on the most solid
parcel of the land,
planting its stone feet,
steel and cement.
Since then one straightened up slowly,
with bricks and it
exactly plasters weaves,
until reaching the height
that its function prescribes.
One covered with roofing tiles
against the sun and rain,
and extended its own space
with doors and windows.
You can see makes solid it,
unremovable,
strong.
Thus it had to be built
in the form of a man:
to work on firm,
of down for above;
we would stop being
trembling tents.
Daniel Adrián Madeiro
Translate by: Millaray Ruiz (a friend in the distance)
más sólida del terreno,
plantando allí sus pies
de piedra, acero y cemento.
Desde entonces se irguió despacio,
con ladrillos y argamasa
cabalmente tejidos,
hasta alcanzar la altura
que su función prescribe.
Se cubrió de tejas
contra el sol y la lluvia,
y amplió su propio espacio
con puertas y ventanas.
Puedes verla maciza,
inamovible,
fuerte.
Así debiera obrarse
en la hechura de un hombre:
trabajar sobre firme,
de abajo para arriba;
dejaríamos de ser
tolderías temblorosas.
Daniel Adrián Madeiro
Todos los derechos reservados
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
REFLECTION ON A HOUSE
There one affirmed on the most solid
parcel of the land,
planting its stone feet,
steel and cement.
Since then one straightened up slowly,
with bricks and it
exactly plasters weaves,
until reaching the height
that its function prescribes.
One covered with roofing tiles
against the sun and rain,
and extended its own space
with doors and windows.
You can see makes solid it,
unremovable,
strong.
Thus it had to be built
in the form of a man:
to work on firm,
of down for above;
we would stop being
trembling tents.
Daniel Adrián Madeiro
Translate by: Millaray Ruiz (a friend in the distance)
sábado, mayo 13, 2006
RECUERDOS SOBRE JORGE LUIS BORGES
"Sólo una cosa no hay. Es el olvido".
Everness – J. L. Borges
En 1975, yo trabajaba de cadete en una fábrica de camisas en el barrio de Villa Crespo.
El año anterior había egresado del Colegio Nacional "Almafuerte", situado en la entonces pueblerina localidad de Alejandro Korn, en el sur de la Provincia de Buenos Aires.
Allí, a la profesora de castellano que tuve en el segundo ciclo la tratábamos, respetuosamente, llamándola ‘señora de Dubor’.
Un día comenzó a hablar sobre el escritor Jorge Luis Borges. Nos dijo que era una de las personas más ilustradas de Argentina y del mundo, que fue director de la Biblioteca Nacional, que había escrito y publicado varios libros de poemas, cuentos, ensayos y otros más en colaboración, y que era un genio al que su propio país no valoraba con justicia.
Por ese tiempo, yo escribía algunos poemas y me sentía orgulloso de mi facilidad para componerlos.
La voz apasionada de la ‘señora de Dubor’ llenando el aula con el talento de ese escritor inmenso llamado Borges, me enrostró sin saberlo toda mi pequeñez y la inmensidad de conocimientos que me faltaban, si aspiraba a ser como él.
Más tarde comprendí que muchos de los dones de los que los hombres gozan o carecen, son obra del destino. No lo digo en el sentido de un encadenamiento de sucesos predeterminados e insalvables en el que no creo. Me refiero a esa innegable influencia del entorno inmediato y del lejano, sobre lo que resultará nuestro futuro.
Él y yo, pertenecíamos a mundos distintos, como los de un príncipe y un mendigo, reflejando claramente vivencias disímiles, a veces abrumadoramente opuestas.
Borges era descendiente de ilustres antepasados, aprende a leer en inglés antes que en español por influencia de su abuela materna, su adolescencia transcurre en Europa, cursa el bachillerato en Ginebra, Suiza, donde escribe algunos poemas en francés, más tarde entre 1919 y 1921 ya publica poemas y artículos de prensa en España, y luego vuelve a Buenos Aires... y mucho, muchísimo más.
Mi infancia y adolescencia, en cambio, es la del hijo de un humilde obrero y una modista. Cualquiera puede calcular las obvias diferencias en lo que a las bondades de la vida se refiere.
Nunca llegaría a ser como él. Pero nada me libraba de la obligación de ser el verdadero Daniel Adrián Madeiro que podía ser.
Por aquella vehemente exposición de la profesora de castellano, nació mi admiración por la labor de los hombres de la cultura y mi deseo de conocer a Borges.
Leí entonces: "Ficciones", "Para las seis cuerdas", "El otro, el mismo", "El informe de Brodie", "El oro de los tigres".
Había cosas que no comprendía y otras que no conocía. Me maravillaba su copiosa cultura. ¡¿Cómo podía un hombre saber tanto?!.
Cuando no entendía lo que leía, no sólo con Borges, también con otros clásicos que son mucho peso para un adolescente solitario, recordaba un consejo atribuido a Erasmo de Rótterdam. Él decía que cuando no comprendemos algo en su primera lectura, es conveniente no encasillarnos en el intento por develarlo. Aconsejaba seguir adelante, afirmando que en la segunda lectura todo sería más claro.
Algunas veces, me sirvió. Por ejemplo, no conocer el significado de ‘everness’ no me impidió entender el poema. Sólo recientemente conozco, aunque no con certeza, el significado de esa palabra. Aludiría a lo sempiterno; para el caso del poema a una memoria eterna.
Borges era para mí el modelo de escritor, un maestro que me enseñaba como había que escribir las cosas.
Por un breve tiempo, estúpidamente, procuré escribir como lo haría él. Pronto me percaté que mi lugar era admirarlo y aprovechar su ejemplo.
En pocos años yo dejé la adolescencia para comenzar a ser un hombre. Mientras, Borges, estaba más viejo.
En ese 1975, cuando yo trabajaba de cadete en una fábrica de camisas, a él le quedaban sólo once años más por vivir. El 24 de agosto, iba a cumplir 76.
Poco antes de esa fecha me tomé el trabajo de conseguir su teléfono. Pensé que como se trataba de un hombre sumamente importante no lo ubicaría en la guía. Así fue, no había un teléfono a nombre de Jorge Luis Borges. Pero si de su madre, Leonor, en el 994 de la calle Maipú donde vivía.
Para su cumpleaños lo llamé. Atendió una voz femenina y formal, que presumí sería la señora María Kodama. Me preguntó quien le quería hablar. Dije la verdad: Daniel Madeiro.
Por supuesto, él no me conocía. Estaba seguro que me despedirían cortésmente tomándome un mensaje.
Yo estaba equivocado. La voz serena y tímida de Jorge Luis Borges resonó del otro lado del teléfono.
Me preguntó quien era, le reiteré mi nombre y le dije que era su admirador, que me parecía maravilloso lo que escribía, que yo componía poemas y cuentos y que le agradecía enormemente su atención frente a mi atrevimiento.
Me dijo que él no podría verme pero que yo sí visitándolo en un café de la Galería del Este al que iba a diario y, entonces, escucharía mis escritos. Nunca me animé.
Aquella fue una conversación breve pero inolvidable.
Sentí, y aún siento, que Borges no era presumido, que era un buen hombre. No me habló desde las alturas. Me trató con respeto, simpleza y sincero agradecimiento por el llamado.
¿Cuántos hombres notables, cultos y extensamente galardonados prestan oídos al llamado telefónico de un desconocido?.
Más tarde, en 1980, trabajé como empleado administrativo en el Club Español de Buenos Aires, a una cuadra de la famosa Avenida de Mayo.
Allí lo vi, acompañado de María Kodama, brindando una exposición sobre Ricardo Güiraldez en el salón del primer piso. Recuerdo que le bajó la presión y le acerqué un coñac.
Tenerlo frente a mí fue maravilloso. Aquel hombre anciano, ciego e indefenso, restableciéndose sobre una silla, era para mí, sin ninguna duda, el escritor más grande de Argentina.
No hubo más encuentros.
El 14 de junio de 1986, Jorge Luis Borges muere en Ginebra.
Me perece importante transcribir el detalle de algunas de sus obras. Borges escribió en poesía: Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno San Martín, El hacedor, Para las seis cuerdas, El otro, el mismo, Elogio de la sombra, El oro de los tigres, La rosa profunda, La moneda de hierro, Historia de la noche, La cifra, Los conjurados; En ensayo: Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos, Evaristo Carriego, Discusión, Historia de la eternidad, Aspectos de la poesía gauchesca, Otras inquisiciones, El congreso, Libro de sueños; En cuento: El jardín de los senderos que se bifurcan, Ficciones, El Aleph, La muerte y la brújula, El informe de Brodie, El libro de Arena; y decenas de trabajos con otros autores.
En diciembre de 1996 se me ocurrió ponerle música a ocho de sus poemas: "La luna", "1964 II", "Edgar Allan Poe", El suicida", "Buenos Aires", "Everness", "Un patio" y "Milonga de los morenos", y así lo hice.
También me animé a enviarle el casete con los ocho temas y una nota a la sede en Buenos Aires de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges.
No soy músico profesional ni tampoco un buen cantante, por lo que descuento que, más allá de mis buenas intenciones, las composiciones enviadas no resultaron atrayentes.
De todos modos fue una experiencia que me permitió manifestar, a través de la música, mi admiración por Borges.
Hoy estoy usando este escrito e Internet, esa "vasta Biblioteca contradictoria" como instrumentos para mi homenaje.
"La Biblioteca Total" es un ensayo aparecido en la revista literaria Sur en 1939, donde podemos leer:
"Lewis Carroll... observa en la segunda parte de la extraordinaria novela onírica Sylvie and Bruno –año 1893- que siendo limitado el número de palabras que comprende un idioma, lo es asimismo el de sus combinaciones posibles o sea el de sus libros. "Muy pronto –dice- los literatos no se preguntarán, ‘¿Qué libro escribiré?’, sino ‘¿Cuál libro?’".
Muchos son los que ven en ese ensayo, un anticipo de lo que hoy es Internet. Quizá su final sea el que nos brinde una descripción muy aproximada:
"Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira".
Sí, Internet es la "vasta Biblioteca contradictoria" que nos obliga a tener con ella la prudencia de los antiguos griegos ante sus coléricos y cambiantes dioses.
* * * * *
Cuando comencé a escribir este trabajo, no tenía la certeza de lo que diría; sólo sabía que deseaba escribirlo.
Siento que necesitaba contar que admiré y admiro a Jorge Luis Borges; que en mi experiencia personal me quedó la certeza de haber conocido a un buen hombre; que en el país donde nací y vivo, Argentina, muchos ven en él sólo un burgués intelectual y ante eso se privan de leer escritos maravillosos; y que estoy seguro que los escritores noveles debemos aprender mucho de él, como de tantos otros grandes.
También quiero copiar un poema suyo. Creo que refleja una dolorosa experiencia personal de Borges, una tristeza profundísima que, humildemente, siento que lo acompañó hasta el último de sus días.
1964 II (de "El otro, el mismo")
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta calle, a cierta esquina.
Cada vez que lo leo, me imagino el apagado rostro de los que jamás lograron abrazar la felicidad.
Que te importe ser feliz.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
Everness – J. L. Borges
En 1975, yo trabajaba de cadete en una fábrica de camisas en el barrio de Villa Crespo.
El año anterior había egresado del Colegio Nacional "Almafuerte", situado en la entonces pueblerina localidad de Alejandro Korn, en el sur de la Provincia de Buenos Aires.
Allí, a la profesora de castellano que tuve en el segundo ciclo la tratábamos, respetuosamente, llamándola ‘señora de Dubor’.
Un día comenzó a hablar sobre el escritor Jorge Luis Borges. Nos dijo que era una de las personas más ilustradas de Argentina y del mundo, que fue director de la Biblioteca Nacional, que había escrito y publicado varios libros de poemas, cuentos, ensayos y otros más en colaboración, y que era un genio al que su propio país no valoraba con justicia.
Por ese tiempo, yo escribía algunos poemas y me sentía orgulloso de mi facilidad para componerlos.
La voz apasionada de la ‘señora de Dubor’ llenando el aula con el talento de ese escritor inmenso llamado Borges, me enrostró sin saberlo toda mi pequeñez y la inmensidad de conocimientos que me faltaban, si aspiraba a ser como él.
Más tarde comprendí que muchos de los dones de los que los hombres gozan o carecen, son obra del destino. No lo digo en el sentido de un encadenamiento de sucesos predeterminados e insalvables en el que no creo. Me refiero a esa innegable influencia del entorno inmediato y del lejano, sobre lo que resultará nuestro futuro.
Él y yo, pertenecíamos a mundos distintos, como los de un príncipe y un mendigo, reflejando claramente vivencias disímiles, a veces abrumadoramente opuestas.
Borges era descendiente de ilustres antepasados, aprende a leer en inglés antes que en español por influencia de su abuela materna, su adolescencia transcurre en Europa, cursa el bachillerato en Ginebra, Suiza, donde escribe algunos poemas en francés, más tarde entre 1919 y 1921 ya publica poemas y artículos de prensa en España, y luego vuelve a Buenos Aires... y mucho, muchísimo más.
Mi infancia y adolescencia, en cambio, es la del hijo de un humilde obrero y una modista. Cualquiera puede calcular las obvias diferencias en lo que a las bondades de la vida se refiere.
Nunca llegaría a ser como él. Pero nada me libraba de la obligación de ser el verdadero Daniel Adrián Madeiro que podía ser.
Por aquella vehemente exposición de la profesora de castellano, nació mi admiración por la labor de los hombres de la cultura y mi deseo de conocer a Borges.
Leí entonces: "Ficciones", "Para las seis cuerdas", "El otro, el mismo", "El informe de Brodie", "El oro de los tigres".
Había cosas que no comprendía y otras que no conocía. Me maravillaba su copiosa cultura. ¡¿Cómo podía un hombre saber tanto?!.
Cuando no entendía lo que leía, no sólo con Borges, también con otros clásicos que son mucho peso para un adolescente solitario, recordaba un consejo atribuido a Erasmo de Rótterdam. Él decía que cuando no comprendemos algo en su primera lectura, es conveniente no encasillarnos en el intento por develarlo. Aconsejaba seguir adelante, afirmando que en la segunda lectura todo sería más claro.
Algunas veces, me sirvió. Por ejemplo, no conocer el significado de ‘everness’ no me impidió entender el poema. Sólo recientemente conozco, aunque no con certeza, el significado de esa palabra. Aludiría a lo sempiterno; para el caso del poema a una memoria eterna.
Borges era para mí el modelo de escritor, un maestro que me enseñaba como había que escribir las cosas.
Por un breve tiempo, estúpidamente, procuré escribir como lo haría él. Pronto me percaté que mi lugar era admirarlo y aprovechar su ejemplo.
En pocos años yo dejé la adolescencia para comenzar a ser un hombre. Mientras, Borges, estaba más viejo.
En ese 1975, cuando yo trabajaba de cadete en una fábrica de camisas, a él le quedaban sólo once años más por vivir. El 24 de agosto, iba a cumplir 76.
Poco antes de esa fecha me tomé el trabajo de conseguir su teléfono. Pensé que como se trataba de un hombre sumamente importante no lo ubicaría en la guía. Así fue, no había un teléfono a nombre de Jorge Luis Borges. Pero si de su madre, Leonor, en el 994 de la calle Maipú donde vivía.
Para su cumpleaños lo llamé. Atendió una voz femenina y formal, que presumí sería la señora María Kodama. Me preguntó quien le quería hablar. Dije la verdad: Daniel Madeiro.
Por supuesto, él no me conocía. Estaba seguro que me despedirían cortésmente tomándome un mensaje.
Yo estaba equivocado. La voz serena y tímida de Jorge Luis Borges resonó del otro lado del teléfono.
Me preguntó quien era, le reiteré mi nombre y le dije que era su admirador, que me parecía maravilloso lo que escribía, que yo componía poemas y cuentos y que le agradecía enormemente su atención frente a mi atrevimiento.
Me dijo que él no podría verme pero que yo sí visitándolo en un café de la Galería del Este al que iba a diario y, entonces, escucharía mis escritos. Nunca me animé.
Aquella fue una conversación breve pero inolvidable.
Sentí, y aún siento, que Borges no era presumido, que era un buen hombre. No me habló desde las alturas. Me trató con respeto, simpleza y sincero agradecimiento por el llamado.
¿Cuántos hombres notables, cultos y extensamente galardonados prestan oídos al llamado telefónico de un desconocido?.
Más tarde, en 1980, trabajé como empleado administrativo en el Club Español de Buenos Aires, a una cuadra de la famosa Avenida de Mayo.
Allí lo vi, acompañado de María Kodama, brindando una exposición sobre Ricardo Güiraldez en el salón del primer piso. Recuerdo que le bajó la presión y le acerqué un coñac.
Tenerlo frente a mí fue maravilloso. Aquel hombre anciano, ciego e indefenso, restableciéndose sobre una silla, era para mí, sin ninguna duda, el escritor más grande de Argentina.
No hubo más encuentros.
El 14 de junio de 1986, Jorge Luis Borges muere en Ginebra.
Me perece importante transcribir el detalle de algunas de sus obras. Borges escribió en poesía: Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno San Martín, El hacedor, Para las seis cuerdas, El otro, el mismo, Elogio de la sombra, El oro de los tigres, La rosa profunda, La moneda de hierro, Historia de la noche, La cifra, Los conjurados; En ensayo: Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos, Evaristo Carriego, Discusión, Historia de la eternidad, Aspectos de la poesía gauchesca, Otras inquisiciones, El congreso, Libro de sueños; En cuento: El jardín de los senderos que se bifurcan, Ficciones, El Aleph, La muerte y la brújula, El informe de Brodie, El libro de Arena; y decenas de trabajos con otros autores.
En diciembre de 1996 se me ocurrió ponerle música a ocho de sus poemas: "La luna", "1964 II", "Edgar Allan Poe", El suicida", "Buenos Aires", "Everness", "Un patio" y "Milonga de los morenos", y así lo hice.
También me animé a enviarle el casete con los ocho temas y una nota a la sede en Buenos Aires de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges.
No soy músico profesional ni tampoco un buen cantante, por lo que descuento que, más allá de mis buenas intenciones, las composiciones enviadas no resultaron atrayentes.
De todos modos fue una experiencia que me permitió manifestar, a través de la música, mi admiración por Borges.
Hoy estoy usando este escrito e Internet, esa "vasta Biblioteca contradictoria" como instrumentos para mi homenaje.
"La Biblioteca Total" es un ensayo aparecido en la revista literaria Sur en 1939, donde podemos leer:
"Lewis Carroll... observa en la segunda parte de la extraordinaria novela onírica Sylvie and Bruno –año 1893- que siendo limitado el número de palabras que comprende un idioma, lo es asimismo el de sus combinaciones posibles o sea el de sus libros. "Muy pronto –dice- los literatos no se preguntarán, ‘¿Qué libro escribiré?’, sino ‘¿Cuál libro?’".
Muchos son los que ven en ese ensayo, un anticipo de lo que hoy es Internet. Quizá su final sea el que nos brinde una descripción muy aproximada:
"Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira".
Sí, Internet es la "vasta Biblioteca contradictoria" que nos obliga a tener con ella la prudencia de los antiguos griegos ante sus coléricos y cambiantes dioses.
* * * * *
Cuando comencé a escribir este trabajo, no tenía la certeza de lo que diría; sólo sabía que deseaba escribirlo.
Siento que necesitaba contar que admiré y admiro a Jorge Luis Borges; que en mi experiencia personal me quedó la certeza de haber conocido a un buen hombre; que en el país donde nací y vivo, Argentina, muchos ven en él sólo un burgués intelectual y ante eso se privan de leer escritos maravillosos; y que estoy seguro que los escritores noveles debemos aprender mucho de él, como de tantos otros grandes.
También quiero copiar un poema suyo. Creo que refleja una dolorosa experiencia personal de Borges, una tristeza profundísima que, humildemente, siento que lo acompañó hasta el último de sus días.
1964 II (de "El otro, el mismo")
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta calle, a cierta esquina.
Cada vez que lo leo, me imagino el apagado rostro de los que jamás lograron abrazar la felicidad.
Que te importe ser feliz.
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
CÓMO VEO A DIOS
...todos tendrán la libertad de profesar y mantener
sus opiniones en cuestiones de religión.
Thomas Jefferson
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento,
de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad
de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad
de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Yo creo en DIOS.
Esa es una afirmación que solemos decir y escuchar con frecuencia.
Pero hay algo que nos diferencia a todos en cuanto a esa declaración.
Se trata de: la forma en que creemos en DIOS.
La mayoría de nosotros coincidiremos sobre que, independientemente de nuestras religiones, en definitiva, todos adoramos al mismo DIOS.
Sin embargo, curiosamente, estamos unidos por DIOS pero separados por la diversidad de credos.
Yo no profeso ningún dogma desde hace varios años.
Fui estudioso de muchas religiones y hablé con distintos miembros de cada comunidad para conocer con detenimiento su sentir.
Prácticamente, todos las ramas del cristianismo me son conocidas.
En particular me crié dentro de una familia católica. Sin embargo nunca fui estrictamente católico.
Por algún motivo sucedió, ya adulto, que necesité corroborar si la afirmación sobre el carácter mesiánico atribuido a Jesús estaba avalada por las profecías bíblicas.
Lo corriente es que las personas profesen la creencia de sus padres. Por lo tanto, esa investigación implicó aprender a desprenderme del hábito de tomar como cierto algo no investigado personalmente.
Conforme los resultados de mi análisis, Jesús no es el mesías.
Fruto de ello fue mi ensayo titulado "Así dice Yavé –Lo que la Biblia dice sobre el Mesías".
Quien lo lea se enterará sobre las razones que me llevaron a desestimar que Jesús sea el enviado profetizado en la Biblia y esperado por los judíos. (Ver NOTA al pie)
Siendo esto así, el cristianismo resultó ser para mí un dogma no apoyado por la fuente bíblica.
Más tarde, profundizando mi estudio, me encontré con que la propia Biblia es un texto escrito por hombres, fruto de la recopilación de varios documentos anteriores, con muy interesantes antecedentes sumerios y egipcios.
La mano del hombre se había posado en lugares que yo imaginaba exclusividad de DIOS.
Cualquier persona con corazón sincero y ganas de permitirse una investigación sin pasiones y sin miedo a la verdad puede encontrar material sobre este tema.
Para mi caso, hallarme frente a este nuevo panorama implicó que mi estructura de creencias se desmoronara.
Pero, atención: No estoy diciendo que a partir de ese momento ya no sabía en que creer. No.
Seguí creyendo en DIOS.
Siempre creí en DIOS.
DIOS nunca estuvo en juego.
Entonces, ¿Qué fue lo que sustenté, religiosamente hablando, de allí en más?
De eso se trata este breve trabajo.
Hablaré sobre: Cómo creo en DIOS.
Es indudable que muchos lectores estarán carentes de todo interés sobre mi punto de vista.
Si fuera un famoso actor, político o científico, la exposición que sigue valdría la pena para muchos.
Como soy un don nadie, me pregunté: ¿A quién podría importarle?
Y tengo mi respuesta: Estoy seguro que hay varias personas que pueden sentir como yo y, quien sabe, andamos solitos por el planeta cuando pudiéramos sentirnos acompañados.
La unión de quienes piensan o sienten igual o parecido, no es algo para descuidar.
Quizá este escrito pudiera también servir para apreciar cuantas cosas tenemos en común los seres humanos respecto a nuestros sentimientos para con DIOS, más allá de nuestra religión y aun sin ella en el sentido estrictamente formal de la expresión (doctrina, ritos, textos, etc.).
Como fuera, me permito aprovecharme de la posibilidad de exponer en Internet mi punto de vista sobre DIOS, esperanzado en que habrá muchos que disfruten de ella.
Si, con toda justicia, cada fe de este planeta tiene su espacio para exponer su creencia, no veo razón alguna para que yo me prive de hacer lo mismo.
Como dije, nunca dejé de creer en DIOS.
Mientras fui cristiano consideré a Jesús como algo distinto de DIOS (una idea similar al arrianismo). Para mí era el enviado de DIOS, el hijo de DIOS pero no DIOS mismo.
Al analizar las profecías mesiánicas encontré que no se cumplían en Jesús y por lo tanto sólo dejé de considerarlo como tal.
Pero el CREADOR, el HACEDOR de todas las cosas, DIOS, siguió firme en mi corazón.
Desde luego, entendí que si investigando las profecías mesiánicas me había encontrado con esta nueva revelación, mi trabajo no debía concluir allí.
Entonces me puse a indagar sobre el llamado Antiguo Testamento y comprendí que tampoco se trataba de una obra divina.
Estaba frente a un libro considerado sagrado por mucha gente pero nunca examinado con detenimiento o, más precisamente, con espíritu crítico por la gran mayoría.
Si uno lee sin temor, por ejemplo las notas al pie de la Biblia de estudio de las Sociedades Bíblicas Unidas (impresa en EEUU 1996) encuentra referencias a los "antecedentes no judíos" de algunos textos del Antiguo Testamento.
Sin embargo este hecho no llama a la reflexión a la mayoría de los creyentes.
Pero si nos interesamos en saber más sobre esos antecedentes de la Biblia encontraremos a estudiosos muy serios hablándonos con autoridad sobre ellos, tales como Samuel Noah Kramer, Jean Bottero, Aldo Ottolenghi o, el más conocido, Isaac Asimov.
Así me enteré que el Poema de la Creación de los sumerios (Enuma Elish) también habla de la hechura del hombre con polvo de la tierra (nada extraño para pueblos que tenían piel morena y trabajaban con esmero la alfarería); que antes de la de Noé existió otra historia del diluvio y su héroe se llamó Atrahasis, de la ciudad de Acad; que entre los Salmos bíblicos hay uno, el Número 104 o 103 según la versión que se tenga, que guarda una gran similitud con el Himno a Atón atribuido al faraón egipcio Amenofis IV (Akhenatón); o que algunos fragmentos del libro Proverbios son una adaptación del Libro de la Sabiduría del escriba egipcio Amenenope.
Seguramente, habrá más cosas por enterarse sobre antecedentes que influyeron en la composición de la Biblia o fueron incorporados conciente o inconscientemente en ella.
La circuncisión se encuentra ya en el antiguo Egipto, hace más de 4300 años, y llegó a ser condición necesaria para que los sacerdotes pudieran oficiar determinados ritos.
También parece ser que un elemento muy utilizado y valorado en Egipto, pueblo que esclavizó a los judíos, fue la levadura, por lo que presumo que la prohibición de su uso en la Pascua nace como un claro acto de repudio hacia los dominadores.
Volviendo a la circuncisión, es probable haya cobrado mayor auge entre los judíos durante su cautiverio en Babilonia, y esto no resulta extraño si se lo interpreta como un mecanismo de diferenciación y de repudio frente a los incircuncisos babilonios, ayudándolos además a unificarlos como pueblo.
El conocimiento relativamente masivo que desde principios del siglo XX se tiene sobre estos antecedentes históricos gracias al hallazgo de viejos manuscritos (Qumram, Tell el-Amarna, Poema de Gilgamesh, etc.) permite comprender más sobre la construcción del pasado que formó el libro más difundido de todos, la Biblia.
En particular, no me resulta traumático tener conocimiento de estas cosas. Es más, estoy agradecido a DIOS por permitirme investigar con serenidad y confianza en ÉL, en busca de información fidedigna.
Sé, por propia experiencia vinculada a mis comienzos en esta tarea de "revisión de mi fe", que un cierto temor nos invade.
Uno se dice a sí mismo: ¿Será esto así? Y si lo es: ¿Cómo no me di cuenta antes?
Lo que pasa es que, por regla general, son pocas las personas interesadas en plantearse si lo que creen en materia religiosa está asentado sobre una base sustentable más allá de la fe.
Por favor, entiéndase que esto no atañe sólo a los fieles que fundamentan su doctrina sobre la Biblia. Hablo de un hecho natural que es común a cualquier comunidad religiosa.
Y no sólo común a todas ellas sino también razonable y saludable (en cuanto no implique racismo o discriminación) porque cada cual tiene el derecho de vivir conforme su religión (cristiana, islámica, judía, budista, hinduista, etc.) y de ser feliz con ella.
Del mismo modo, también debe prevalecer el respeto a aquellos que decidieron examinarla y encontraron su lugar en otra fe, espacio filosófico, sentimiento personal o el propio ateismo.
Generalmente, como he dicho, heredamos la religión de nuestros padres y transitamos por ella sin cuestionamientos de importancia.
Quizá sólo nos revelamos cuando nos afrenta una injusticia inexplicable: una guerra, la pobreza, la enfermedad. Pero lo hacemos para reprochar a DIOS, sin darnos cuenta que cualquier cambio de situación depende, casi exclusivamente, de nuestra actitud individual y colectiva frente a la vida.
¡Cuántas cosas podríamos cambiar y no cambiamos!
Otro componente que juega un papel importante en nuestra conciencia a la hora de la exploración sobre nuestras certezas religiosas es el temor de que no se trate de una actitud autónoma del individuo sino de una influencia espiritual maligna.
La Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos, insiste en reiteradas ocasiones sobre este influjo malicioso para desviarnos de la fe (de esa fe) e invita a los creyentes a apartarse de los que desertan.
Teniendo esto presente, se entiende con facilidad el duro camino que deben transitar las personas que deciden analizar más profundamente su construcción religiosa.
Uno necesita ser aprobado por los otros y una forma de asegurarse ese beneplácito es tener gustos y creencias afines a las de los demás.
De tal modo que se juntan dos fuertes medios de presión: la creencia que algo sobrenatural nos está confundiendo para abandonar la fe y la reprobación de nuestros pares.
Pero algunos llegamos al punto en el cual preferimos transitar por un camino elegido libremente, sabiendo que estamos en nuestro derecho de que así sea, más allá de las penas o ataques de soledad que en ocasiones nos pueden zarandear.
Siendo el caso que seguimos creyendo en DIOS, ÉL es una fortaleza suficiente para sustentarnos.
Definir como veo a DIOS no es tarea fácil.
Cuando uno tiene una fe tradicional, generalmente posee un libro considerado sagrado del cual puede tomar múltiples pasajes para decirle a los otros: -¿Ves? Así es DIOS-.
Puede acudir a su dirigente eclesiástico o a su comunidad y pedir que ellos le expongan cómo es DIOS.
Los que no tenemos ese libro, ni ese pastor, ni esa comunidad, debemos elaborar con nuestras propias manos el edificio de la fe.
Para mi fortuna, la habilidad para escribir me permitió expresar a otros cómo veo a DIOS.
Lo hago en el poema "Digo DIOS"
DIGO DIOS
Cuando yo digo DIOS
estoy diciendo Todo
y a la vez estoy diciendo Nada;
digo Universo Infinito y Big Bang,
y Agujero Negro tragando una galaxia;
digo Luz y Sombra,
Vida y Muerte;
el Resplandor más fuerte,
la Oscuridad más cerrada;
digo el Desierto más grande que imagines
y a un mismo tiempo
la mayor fuente de Agua.
Digo todo lo que Existe y lo que No,
y por si no fuera clara mi palabra
digo CREADOR, pero no digo nunca
deificación de una cosa creada.
Este poema me ha permitido exponer dentro de la mayor concisión posible los conceptos básicos que constituyen mi idea sobre DIOS.
Hago uso de opuestos (todo-nada, luz-sombra, vida-muerte) para poner de manifiesto mi concepción de DIOS como unidad que todo lo abarca, sin excepciones.
Cierta vez, leyendo el libro de Isaías encontré un fragmento que de algún modo también refleja esta condición: "Yo creo la luz y la oscuridad, produzco el bienestar y la desgracia" (45:7).
Para mí DIOS es, a un mismo tiempo, el Todo y también la Nada, el Universo y el Anti-Universo, la vida y lo estéril.
En definitiva: Todo es DIOS, lo imaginable y aquello que no pensamos ni intuimos. Todo.
Y aunque resulte paradójico este Todo absoluto al que me refiero es a la vez la Nada absoluta.
DIOS es maravillosamente aterrador desde una contemplación con ojos humanos.
La inmensidad de DIOS sólo puede ser apenas percibida, por eso recurrir a los opuestos es una metodología útil a la hora de pintar su infinita magnitud.
Finalmente, los últimos versos dan cuenta de que queda excluida de mi ideario sobre DIOS cualquier pretensión de divinizar o transformar en sujeto de culto a una persona o una cosa.
Por supuesto, lo dicho es la resumida presentación de mi idea sobre el CREADOR.
Es mucho lo que uno puede decir sobre ÉL pero nunca será suficiente y es difícil que, después de tanto como se ha escrito a lo largo de los siglos, pueda agregarse algo nuevo.
En particular quiero recomendar la lectura del debate radial llevado a cabo en 1948 en el Tercer Programa de la BBC entre Bertrand Russell y el padre F. C. Copleston, sobre el tema "La existencia de Dios".
Se trata de un maravillo ejemplo de mutuo respeto por las ideas.
Pasando al tema de mi forma de comunicación con DIOS, no dista mucho de la frecuente.
Todas las mañanas rezo en agradecimiento por el despertar y para renovar mi compromiso de amor a ÉL.
Durante el día, son reiteradas las oportunidades en las que oro, pero de ningún modo lo hago de manera formal.
Procuro expresarme libremente.
Entiendo que DIOS sabe de antemano todo lo que deseo o pienso y por lo tanto considero la oración como una herramienta que muestra mi necesidad de ÉL. Es un privilegio que gozo no una obligación.
Es mi pequeñez la que me lleva a orar, a conectarme con el CREADOR para sentirme cercano a su presencia y a su amor.
Dios no me necesita; yo a ÉL sí.
La considero de suma importancia ya que nos recuerda nuestro lazo con el que nos creó.
Nuevamente, como escritor quise exponer en la forma de lo que yo llamo un poema-oración (a la manera de los Salmos) mi alabanza al CREADOR.
Entendí que, dado que DIOS conoce todas nuestras necesidades, sería bueno no pedirle sino celebrarlo de tal modo que me sirva a mí mismo como recordatorio de su grandeza.
El poema-oración es el que sigue:
MI DIOS ES...
Mi DIOS es mi fuerza,
la razón por la que soy,
la certeza de mi eternidad,
la causa de mi paciencia,
el motor principal de mis acciones,
el director sobre mis trabajos,
la canción que me reanima,
el imbatible que me sustenta,
el gestor de mis victorias,
mi consejero desinteresado,
el que exige mi fidelidad,
el que me dicta,
el que me responde,
el que recibirá toda la gloria,
el que me ayuda a recordar mi pequeñez,
el que evita que me fascine en lo humano,
el que me enseña a estimar por igual al rey o al mendigo,
mi motivo de orgullo,
mi único Modelo,
mi único Líder,
mi único Gobernante,
mi único Dueño,
mi Amo absoluto.
Como aclaración, quiero decir que cuando digo "Mi DIOS...", ese "mi" no implica una pertenencia exclusiva.
Desde luego que DIOS no es mío.
Pero evalué que del mismo modo que cuando hablamos de aquellos seres que amamos decimos: "mi" esposa, "mis" hijos, etc., debía citar a DIOS de igual forma.
Puede apreciarse también que hay distintos atributos del CREADOR que amplían la exposición precedente sobre cómo lo veo.
Para finalizar quisiera esbozar mi deseo sobre que se promueva con fuerza la "comunión" de todos los credos de la Tierra.
Está siendo una actividad frecuente ver celebraciones conjuntas por ejemplo para recordar a los muertos por el terrorismo.
Eso es un acontecimiento excelente y una muestra de crecimiento espiritual sin precedentes.
Debemos procurar transformarlo en algo cotidiano que permita compartir los sentimientos de fe entre todos los que amamos a DIOS más allá del dogma elegido, e inclusive entre los ateos por supuesto.
Favorecer un intercambio respetuoso de conocimientos y vivencias, es saludable y nos mostrará que verdaderamente "somos hermanos" si decidimos serlo.
La Tierra es una y nosotros deberíamos trabajar por ella, todos juntos, como un solo hombre.
Unámonos, respetémonos, comprendámonos y favorezcamos una tarea a favor del bien común de todo el planeta, para desterrar todo mal.
No esperemos un milagro de DIOS. Hagámoslo.
El milagro que DIOS espera es el trabajo de todos a favor de una Tierra digna de nuestros niños y de nosotros mismos.
Que así sea.
NOTA: Respecto de mi ensayo "Así dice Yavé - Lo que la Biblia dice sobre el Mesías", debo señalar que, siguiendo con mi deseo de reflexionar sobre el tema, considero un error lo expuesto en el mismo.
Los elementos allí presentados no son más que una enunciación de "razones" que frente a la fe y su misterio, no tienen ninguna cavida y carecen de valor lógico porque están trabajados a su vez sobre otros principios de fe.
Asimismo, dicho ensayo sólo logra enturbiar la capacidad de obrar el bien que el cristianismo pone a disposición de todos los que deseen abrazarlo, incluso hasta desde fuera de la fe, desde lo filosófico.
En pos de remediar, al menos parcialmente, esta situación es que puse a disposción de los lectores mi reciente trabajo APORTE DEL CRISTIANISMO A LA MUJER - Una inspección sobre la mirada y la contribución de la religión cristiana al papel femenino en la historia. y PARA NO PERDER LA BELLEZA DE LA VIDA, un escrito que defiende el derecho a la vida.
Si DIOS me lo permite, pronto estaré trabajando sobre los Evangelios para llevar a los lectores una visión renovada del mensaje de Jesús y de la necesidad de que su prédica florezca a partir del trabajo no sólo de creyentes sino de también de todos aquellos que, aun ateos, sientan que el mundo puede mejorar a partir de esa filosofía de vida.
¡Que DIOS los bendiga!
Daniel Adrián Madeiro
Copyright © Daniel Adrián Madeiro.
Todos los derechos reservados para el autor.
sus opiniones en cuestiones de religión.
Thomas Jefferson
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento,
de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad
de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad
de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Yo creo en DIOS.
Esa es una afirmación que solemos decir y escuchar con frecuencia.
Pero hay algo que nos diferencia a todos en cuanto a esa declaración.
Se trata de: la forma en que creemos en DIOS.
La mayoría de nosotros coincidiremos sobre que, independientemente de nuestras religiones, en definitiva, todos adoramos al mismo DIOS.
Sin embargo, curiosamente, estamos unidos por DIOS pero separados por la diversidad de credos.
Yo no profeso ningún dogma desde hace varios años.
Fui estudioso de muchas religiones y hablé con distintos miembros de cada comunidad para conocer con detenimiento su sentir.
Prácticamente, todos las ramas del cristianismo me son conocidas.
En particular me crié dentro de una familia católica. Sin embargo nunca fui estrictamente católico.
Por algún motivo sucedió, ya adulto, que necesité corroborar si la afirmación sobre el carácter mesiánico atribuido a Jesús estaba avalada por las profecías bíblicas.
Lo corriente es que las personas profesen la creencia de sus padres. Por lo tanto, esa investigación implicó aprender a desprenderme del hábito de tomar como cierto algo no investigado personalmente.
Conforme los resultados de mi análisis, Jesús no es el mesías.
Fruto de ello fue mi ensayo titulado "Así dice Yavé –Lo que la Biblia dice sobre el Mesías".
Quien lo lea se enterará sobre las razones que me llevaron a desestimar que Jesús sea el enviado profetizado en la Biblia y esperado por los judíos. (Ver NOTA al pie)
Siendo esto así, el cristianismo resultó ser para mí un dogma no apoyado por la fuente bíblica.
Más tarde, profundizando mi estudio, me encontré con que la propia Biblia es un texto escrito por hombres, fruto de la recopilación de varios documentos anteriores, con muy interesantes antecedentes sumerios y egipcios.
La mano del hombre se había posado en lugares que yo imaginaba exclusividad de DIOS.
Cualquier persona con corazón sincero y ganas de permitirse una investigación sin pasiones y sin miedo a la verdad puede encontrar material sobre este tema.
Para mi caso, hallarme frente a este nuevo panorama implicó que mi estructura de creencias se desmoronara.
Pero, atención: No estoy diciendo que a partir de ese momento ya no sabía en que creer. No.
Seguí creyendo en DIOS.
Siempre creí en DIOS.
DIOS nunca estuvo en juego.
Entonces, ¿Qué fue lo que sustenté, religiosamente hablando, de allí en más?
De eso se trata este breve trabajo.
Hablaré sobre: Cómo creo en DIOS.
Es indudable que muchos lectores estarán carentes de todo interés sobre mi punto de vista.
Si fuera un famoso actor, político o científico, la exposición que sigue valdría la pena para muchos.
Como soy un don nadie, me pregunté: ¿A quién podría importarle?
Y tengo mi respuesta: Estoy seguro que hay varias personas que pueden sentir como yo y, quien sabe, andamos solitos por el planeta cuando pudiéramos sentirnos acompañados.
La unión de quienes piensan o sienten igual o parecido, no es algo para descuidar.
Quizá este escrito pudiera también servir para apreciar cuantas cosas tenemos en común los seres humanos respecto a nuestros sentimientos para con DIOS, más allá de nuestra religión y aun sin ella en el sentido estrictamente formal de la expresión (doctrina, ritos, textos, etc.).
Como fuera, me permito aprovecharme de la posibilidad de exponer en Internet mi punto de vista sobre DIOS, esperanzado en que habrá muchos que disfruten de ella.
Si, con toda justicia, cada fe de este planeta tiene su espacio para exponer su creencia, no veo razón alguna para que yo me prive de hacer lo mismo.
Como dije, nunca dejé de creer en DIOS.
Mientras fui cristiano consideré a Jesús como algo distinto de DIOS (una idea similar al arrianismo). Para mí era el enviado de DIOS, el hijo de DIOS pero no DIOS mismo.
Al analizar las profecías mesiánicas encontré que no se cumplían en Jesús y por lo tanto sólo dejé de considerarlo como tal.
Pero el CREADOR, el HACEDOR de todas las cosas, DIOS, siguió firme en mi corazón.
Desde luego, entendí que si investigando las profecías mesiánicas me había encontrado con esta nueva revelación, mi trabajo no debía concluir allí.
Entonces me puse a indagar sobre el llamado Antiguo Testamento y comprendí que tampoco se trataba de una obra divina.
Estaba frente a un libro considerado sagrado por mucha gente pero nunca examinado con detenimiento o, más precisamente, con espíritu crítico por la gran mayoría.
Si uno lee sin temor, por ejemplo las notas al pie de la Biblia de estudio de las Sociedades Bíblicas Unidas (impresa en EEUU 1996) encuentra referencias a los "antecedentes no judíos" de algunos textos del Antiguo Testamento.
Sin embargo este hecho no llama a la reflexión a la mayoría de los creyentes.
Pero si nos interesamos en saber más sobre esos antecedentes de la Biblia encontraremos a estudiosos muy serios hablándonos con autoridad sobre ellos, tales como Samuel Noah Kramer, Jean Bottero, Aldo Ottolenghi o, el más conocido, Isaac Asimov.
Así me enteré que el Poema de la Creación de los sumerios (Enuma Elish) también habla de la hechura del hombre con polvo de la tierra (nada extraño para pueblos que tenían piel morena y trabajaban con esmero la alfarería); que antes de la de Noé existió otra historia del diluvio y su héroe se llamó Atrahasis, de la ciudad de Acad; que entre los Salmos bíblicos hay uno, el Número 104 o 103 según la versión que se tenga, que guarda una gran similitud con el Himno a Atón atribuido al faraón egipcio Amenofis IV (Akhenatón); o que algunos fragmentos del libro Proverbios son una adaptación del Libro de la Sabiduría del escriba egipcio Amenenope.
Seguramente, habrá más cosas por enterarse sobre antecedentes que influyeron en la composición de la Biblia o fueron incorporados conciente o inconscientemente en ella.
La circuncisión se encuentra ya en el antiguo Egipto, hace más de 4300 años, y llegó a ser condición necesaria para que los sacerdotes pudieran oficiar determinados ritos.
También parece ser que un elemento muy utilizado y valorado en Egipto, pueblo que esclavizó a los judíos, fue la levadura, por lo que presumo que la prohibición de su uso en la Pascua nace como un claro acto de repudio hacia los dominadores.
Volviendo a la circuncisión, es probable haya cobrado mayor auge entre los judíos durante su cautiverio en Babilonia, y esto no resulta extraño si se lo interpreta como un mecanismo de diferenciación y de repudio frente a los incircuncisos babilonios, ayudándolos además a unificarlos como pueblo.
El conocimiento relativamente masivo que desde principios del siglo XX se tiene sobre estos antecedentes históricos gracias al hallazgo de viejos manuscritos (Qumram, Tell el-Amarna, Poema de Gilgamesh, etc.) permite comprender más sobre la construcción del pasado que formó el libro más difundido de todos, la Biblia.
En particular, no me resulta traumático tener conocimiento de estas cosas. Es más, estoy agradecido a DIOS por permitirme investigar con serenidad y confianza en ÉL, en busca de información fidedigna.
Sé, por propia experiencia vinculada a mis comienzos en esta tarea de "revisión de mi fe", que un cierto temor nos invade.
Uno se dice a sí mismo: ¿Será esto así? Y si lo es: ¿Cómo no me di cuenta antes?
Lo que pasa es que, por regla general, son pocas las personas interesadas en plantearse si lo que creen en materia religiosa está asentado sobre una base sustentable más allá de la fe.
Por favor, entiéndase que esto no atañe sólo a los fieles que fundamentan su doctrina sobre la Biblia. Hablo de un hecho natural que es común a cualquier comunidad religiosa.
Y no sólo común a todas ellas sino también razonable y saludable (en cuanto no implique racismo o discriminación) porque cada cual tiene el derecho de vivir conforme su religión (cristiana, islámica, judía, budista, hinduista, etc.) y de ser feliz con ella.
Del mismo modo, también debe prevalecer el respeto a aquellos que decidieron examinarla y encontraron su lugar en otra fe, espacio filosófico, sentimiento personal o el propio ateismo.
Generalmente, como he dicho, heredamos la religión de nuestros padres y transitamos por ella sin cuestionamientos de importancia.
Quizá sólo nos revelamos cuando nos afrenta una injusticia inexplicable: una guerra, la pobreza, la enfermedad. Pero lo hacemos para reprochar a DIOS, sin darnos cuenta que cualquier cambio de situación depende, casi exclusivamente, de nuestra actitud individual y colectiva frente a la vida.
¡Cuántas cosas podríamos cambiar y no cambiamos!
Otro componente que juega un papel importante en nuestra conciencia a la hora de la exploración sobre nuestras certezas religiosas es el temor de que no se trate de una actitud autónoma del individuo sino de una influencia espiritual maligna.
La Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos, insiste en reiteradas ocasiones sobre este influjo malicioso para desviarnos de la fe (de esa fe) e invita a los creyentes a apartarse de los que desertan.
Teniendo esto presente, se entiende con facilidad el duro camino que deben transitar las personas que deciden analizar más profundamente su construcción religiosa.
Uno necesita ser aprobado por los otros y una forma de asegurarse ese beneplácito es tener gustos y creencias afines a las de los demás.
De tal modo que se juntan dos fuertes medios de presión: la creencia que algo sobrenatural nos está confundiendo para abandonar la fe y la reprobación de nuestros pares.
Pero algunos llegamos al punto en el cual preferimos transitar por un camino elegido libremente, sabiendo que estamos en nuestro derecho de que así sea, más allá de las penas o ataques de soledad que en ocasiones nos pueden zarandear.
Siendo el caso que seguimos creyendo en DIOS, ÉL es una fortaleza suficiente para sustentarnos.
Definir como veo a DIOS no es tarea fácil.
Cuando uno tiene una fe tradicional, generalmente posee un libro considerado sagrado del cual puede tomar múltiples pasajes para decirle a los otros: -¿Ves? Así es DIOS-.
Puede acudir a su dirigente eclesiástico o a su comunidad y pedir que ellos le expongan cómo es DIOS.
Los que no tenemos ese libro, ni ese pastor, ni esa comunidad, debemos elaborar con nuestras propias manos el edificio de la fe.
Para mi fortuna, la habilidad para escribir me permitió expresar a otros cómo veo a DIOS.
Lo hago en el poema "Digo DIOS"
DIGO DIOS
Cuando yo digo DIOS
estoy diciendo Todo
y a la vez estoy diciendo Nada;
digo Universo Infinito y Big Bang,
y Agujero Negro tragando una galaxia;
digo Luz y Sombra,
Vida y Muerte;
el Resplandor más fuerte,
la Oscuridad más cerrada;
digo el Desierto más grande que imagines
y a un mismo tiempo
la mayor fuente de Agua.
Digo todo lo que Existe y lo que No,
y por si no fuera clara mi palabra
digo CREADOR, pero no digo nunca
deificación de una cosa creada.
Este poema me ha permitido exponer dentro de la mayor concisión posible los conceptos básicos que constituyen mi idea sobre DIOS.
Hago uso de opuestos (todo-nada, luz-sombra, vida-muerte) para poner de manifiesto mi concepción de DIOS como unidad que todo lo abarca, sin excepciones.
Cierta vez, leyendo el libro de Isaías encontré un fragmento que de algún modo también refleja esta condición: "Yo creo la luz y la oscuridad, produzco el bienestar y la desgracia" (45:7).
Para mí DIOS es, a un mismo tiempo, el Todo y también la Nada, el Universo y el Anti-Universo, la vida y lo estéril.
En definitiva: Todo es DIOS, lo imaginable y aquello que no pensamos ni intuimos. Todo.
Y aunque resulte paradójico este Todo absoluto al que me refiero es a la vez la Nada absoluta.
DIOS es maravillosamente aterrador desde una contemplación con ojos humanos.
La inmensidad de DIOS sólo puede ser apenas percibida, por eso recurrir a los opuestos es una metodología útil a la hora de pintar su infinita magnitud.
Finalmente, los últimos versos dan cuenta de que queda excluida de mi ideario sobre DIOS cualquier pretensión de divinizar o transformar en sujeto de culto a una persona o una cosa.
Por supuesto, lo dicho es la resumida presentación de mi idea sobre el CREADOR.
Es mucho lo que uno puede decir sobre ÉL pero nunca será suficiente y es difícil que, después de tanto como se ha escrito a lo largo de los siglos, pueda agregarse algo nuevo.
En particular quiero recomendar la lectura del debate radial llevado a cabo en 1948 en el Tercer Programa de la BBC entre Bertrand Russell y el padre F. C. Copleston, sobre el tema "La existencia de Dios".
Se trata de un maravillo ejemplo de mutuo respeto por las ideas.
Pasando al tema de mi forma de comunicación con DIOS, no dista mucho de la frecuente.
Todas las mañanas rezo en agradecimiento por el despertar y para renovar mi compromiso de amor a ÉL.
Durante el día, son reiteradas las oportunidades en las que oro, pero de ningún modo lo hago de manera formal.
Procuro expresarme libremente.
Entiendo que DIOS sabe de antemano todo lo que deseo o pienso y por lo tanto considero la oración como una herramienta que muestra mi necesidad de ÉL. Es un privilegio que gozo no una obligación.
Es mi pequeñez la que me lleva a orar, a conectarme con el CREADOR para sentirme cercano a su presencia y a su amor.
Dios no me necesita; yo a ÉL sí.
La considero de suma importancia ya que nos recuerda nuestro lazo con el que nos creó.
Nuevamente, como escritor quise exponer en la forma de lo que yo llamo un poema-oración (a la manera de los Salmos) mi alabanza al CREADOR.
Entendí que, dado que DIOS conoce todas nuestras necesidades, sería bueno no pedirle sino celebrarlo de tal modo que me sirva a mí mismo como recordatorio de su grandeza.
El poema-oración es el que sigue:
MI DIOS ES...
Mi DIOS es mi fuerza,
la razón por la que soy,
la certeza de mi eternidad,
la causa de mi paciencia,
el motor principal de mis acciones,
el director sobre mis trabajos,
la canción que me reanima,
el imbatible que me sustenta,
el gestor de mis victorias,
mi consejero desinteresado,
el que exige mi fidelidad,
el que me dicta,
el que me responde,
el que recibirá toda la gloria,
el que me ayuda a recordar mi pequeñez,
el que evita que me fascine en lo humano,
el que me enseña a estimar por igual al rey o al mendigo,
mi motivo de orgullo,
mi único Modelo,
mi único Líder,
mi único Gobernante,
mi único Dueño,
mi Amo absoluto.
Como aclaración, quiero decir que cuando digo "Mi DIOS...", ese "mi" no implica una pertenencia exclusiva.
Desde luego que DIOS no es mío.
Pero evalué que del mismo modo que cuando hablamos de aquellos seres que amamos decimos: "mi" esposa, "mis" hijos, etc., debía citar a DIOS de igual forma.
Puede apreciarse también que hay distintos atributos del CREADOR que amplían la exposición precedente sobre cómo lo veo.
Para finalizar quisiera esbozar mi deseo sobre que se promueva con fuerza la "comunión" de todos los credos de la Tierra.
Está siendo una actividad frecuente ver celebraciones conjuntas por ejemplo para recordar a los muertos por el terrorismo.
Eso es un acontecimiento excelente y una muestra de crecimiento espiritual sin precedentes.
Debemos procurar transformarlo en algo cotidiano que permita compartir los sentimientos de fe entre todos los que amamos a DIOS más allá del dogma elegido, e inclusive entre los ateos por supuesto.
Favorecer un intercambio respetuoso de conocimientos y vivencias, es saludable y nos mostrará que verdaderamente "somos hermanos" si decidimos serlo.
La Tierra es una y nosotros deberíamos trabajar por ella, todos juntos, como un solo hombre.
Unámonos, respetémonos, comprendámonos y favorezcamos una tarea a favor del bien común de todo el planeta, para desterrar todo mal.
No esperemos un milagro de DIOS. Hagámoslo.
El milagro que DIOS espera es el trabajo de todos a favor de una Tierra digna de nuestros niños y de nosotros mismos.
Que así sea.
NOTA: Respecto de mi ensayo "Así dice Yavé - Lo que la Biblia dice sobre el Mesías", debo señalar que, siguiendo con mi deseo de reflexionar sobre el tema, considero un error lo expuesto en el mismo.
Los elementos allí presentados no son más que una enunciación de "razones" que frente a la fe y su misterio, no tienen ninguna cavida y carecen de valor lógico porque están trabajados a su vez sobre otros principios de fe.
Asimismo, dicho ensayo sólo logra enturbiar la capacidad de obrar el bien que el cristianismo pone a disposición de todos los que deseen abrazarlo, incluso hasta desde fuera de la fe, desde lo filosófico.
En pos de remediar, al menos parcialmente, esta situación es que puse a disposción de los lectores mi reciente trabajo APORTE DEL CRISTIANISMO A LA MUJER - Una inspección sobre la mirada y la contribución de la religión cristiana al papel femenino en la historia. y PARA NO PERDER LA BELLEZA DE LA VIDA, un escrito que defiende el derecho a la vida.
Si DIOS me lo permite, pronto estaré trabajando sobre los Evangelios para llevar a los lectores una visión renovada del mensaje de Jesús y de la necesidad de que su prédica florezca a partir del trabajo no sólo de creyentes sino de también de todos aquellos que, aun ateos, sientan que el mundo puede mejorar a partir de esa filosofía de vida.
¡Que DIOS los bendiga!
Daniel Adrián Madeiro
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